El Domingo: La Gracia de tu Espíritu

Domingo, 04 Junio 2017 00:00 Escrito por 

«Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo (…) Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos» Jn 20,19-23

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Que bueno es celebrar Pentecostés en medio de nuestra realidad cotidiana como católicos. Ello es una catequesis de vida para un mundo que no cree en Dios, que atenta contra la ley natural, que quiere imponer una moral nueva como medida de las cosas y aborrece la religión como compromiso de sacrificio.

Solo es Espíritu Santo nos permite ver que estamos en el camino de Dios, porque el amor y la alegría están presentes en nuestra vida de forma natural. Solo es posible permanecer el Dios con los Dones y la Gracia de su Espíritu que nos permiten ser fielesmodestos como personas que buscamos la perfección del bien para hacernos benignos con los que sufren y para vivir la divinidad trinitaria, gracias a la paciencia y generosidad. Nada nos puede quitar la paz, por eso ella es imposible de negociarla, ya que solo proviene del creador, por ello nuestras familias y comunidades de fe, deben ser agradecidas con Dios por permitirnos llegar a ser mansos, castos y continentes, es decir que no solo por el esfuerzo humano hemos querido ordenar nuestra vida, sino que el mismo Dios ha salido a nuestro encuentro para perfeccionar ese orden.

¿En nuestra oración diaria pedimos a Dios que nos regale los Dones del Espíritu Santo? ¿Qué tal sí pedimos en nuestra oración que nos deje ver los frutos del Espíritu Santo en nuestras acciones diarias para comprender que es una obra de Dios? ¿Qué nos falta para hacernos concientes que la vivencia de los Dones del Espíritu es una realidad humana y divina? ¿Para que queremos ser católicos entonces si no nos comprometemos cabalmente con todo lo que la fe nos exige?

Alegrémonos, hoy es Pentecostés y los frutos del Espíritu Santo (Ga 5,22-23) solo son una muestra pequeña de la realidad divina, que no se consigue por azar sino por convicción de fe ordenando todos nuestros actos a quien nos amó primero. Señor te rebajaste a nuestra condición para hacernos semejantes al Padre; ya no solo nos basta esta dicha, sino que nos enviaste al Espíritu Santo para que podamos vivir en ti por la Gracia de tu Espíritu.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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