El Domingo: El amor divino en la verdad sobre el bien

Domingo, 11 Junio 2017 00:00 Escrito por 

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios». Jn 3,16-18

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El misterio de Dios que hoy celebramos es una solemnidad que sobrepasa nuestro entendimiento. Celebrar a Dios trino, es la historia de amor de cada uno de nosotros en el encuentro con el creador, pues «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[1].

Este es un buen día para preguntarnos ¿en que Dios creo? ¿cualquier Dios me sirve según mi modo de vida? ¿Dios es realmente importante para mí o me es indiferente? Si somos tan creyentes como lo vivimos alegrémonos, estamos construyendo un camino de fidelidad y ello es un fruto del Espíritu Santo, que nos permite amarnos con el amor que se vive al interior de la trinidad, de esta forma solo la fe y la esperanza nos garantizan que querer ser como Jesucristo, es el camino para llegar al amor puro, al Creador.

La celebración de hoy no se puede ser manchada por aquellos que pretenden comparar el amor de Dios que se vive en la trinidad, con los que defienden el la unión entre parejas del mismo sexo, que justificando la adopción de niños se afirman como una nueva forma de familia. El amor no puede ser prostituido como la medida que todo lo posibilita sin sentirnos juzgados; es preciso entender que el amor es el fin pero se necesita de la justicia como medio para poder actuar eficaz y justamente. «Puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un mandamiento, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro»[2]. El amor divino en la verdad sobre el bien.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

[1] S.S. Benedicto XVI, Deus caritas est. Carta encíclica sobre el amor cristiano, nº 1.

[2] Idem.

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