Felices Pascuas, porque hoy sigue siendo Navidad

Lunes, 25 Diciembre 2017 00:00 Escrito por 

«Hoy, en la 
ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal: 
encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Lc 2,1-14

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como católicos celebramos que Dios se hizo hombre naciendo en la ternura de un niño. Por ello atrás quedaron las “otras navidades” de palabras bonitas, de consuelos vacíos que buscan aliviar la conciencia ante las dificultades de la vida porque nos sentimos frustrados. Si Cristo es el eje de nuestra vida, el niño Dios —que es el mismo Cristo— es el núcleo de la celebración de la Navidad.

No nos hagamos más daño promocionando a papá Noel o a otros personajes como centro de la Navidad, puesto que los elementos de la cultura no se pueden convertir en soluciones de vida, cuando resultan ser paliativos y distractores que nos alejan de la realidad. Esto lo vemos cotidianamente cuando pasa la Navidad y todo vuelve a ser como antes. Basta ya de frases de cajón y de decirnos a nosotros mismos que: lo importante es que el niño Dios nazca en nuestros corazones, cuando sabemos que no es así. ¿Qué esperar ahora? ¿el año nuevo para embriagarnos y hacer planes que nunca cumpliremos?

Esta seguramente no es una Navidad fácil para muchos de nosotros que hemos visto retornar a la casa del Padre a nuestros seres queridos. Tampoco es una Navidad fácil para aquellos que atraviesan dificultades económicas, académicas, laborales, aquellos que se encuentran privados de la libertad. Mucho menos es una Navidad fácil para aquellas mujeres que han abortado a sus hijos, puesto que al darse cuenta de lo que han hecho, cargan con una culpa dificilmente superable, cuando recuerdan que la Navidad es la celebración de un recién nacido que nos alegra la vida. Pero sobre todo no es una Navidad fácil para muchos de nosotros que no saben que hacer con su vida para ser felices; ya que cualquier postura religiosa, política, social y económica, les hace cambiar los valores fundamentales de la vida, de acuerdo a las circunstancias y a la conveniencia de cada quien.

No hay que desesperarnos, hay que tomarnos la Navidad en serio. Y esto es reconocer que Dios es una realidad que cambia nuestra vida. Hay que retomar el sentido verdadero de sabernos amados por Dios y enseñarles a nuestros hijos, que no hay felicidad sin Dios, él mismo es el gozo eterno.

Celebrar Navidad, es saber que a pesar de que tu y yo no hemos tenido un año fácil, yo rezo por ti y doy lo mejor de mi, para que Dios sea una verdad constante en tu vida. Esta es la condición que exige abrazarnos y celebrar que Dios nació por ti y por mi. Por eso reconozcamos que la fiesta de hoy no necesita de regalos, porque es Dios mismo quien se nos da como un regalo. Dispongamos nuestra voluntad a los planes de Dios, para que la Navidad sea la celebración de la ternura del niño de Belén que vive con nosotros; así comprenderemos que el católico bueno, no es aquel al que no le pasan cosas malas, sino aquel que apesar de lo dura que pueda ser la vida, es feliz porque busca a Dios como sumo bien. Felices Pascuas, porque hoy sigue siendo Navidad.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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