Vivir las virtudes

Domingo, 31 Diciembre 2017 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

En el mundo actual nos preocupamos por formar y educar en los valores éticos. Pero como católicos fervorosos, estamos llamados a cumplir no solo con los valores del mundo ético, sino en buscar ser perfectos cada día, como mandato expreso de Jesucristo: «Sean perfectos como es perfecto el Padre del cielo» (Mt 5,48). Este mandato de perfección, no se puede realizar de otra forma sino siguiendo al maestro, a Jesús como rostro y camino del Padre: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» (Jn 14,6).

Entonces ¿cómo alcanzar la perfección a la que Dios nos invita? Disponiendo toda nuestra humanidad, es decir los afectos y la voluntad para ser perfectos en Dios. Para ello debemos decidir en libertad querer hacer el bien en cada momento. Esta decisión solo puede nacer del deseo profundo del amor a Dios, siendo dóciles a su voz y respondiéndole con un verdadero sí cuando nos llama.

Por tanto, en la vida cotidiana nos vemos enfrentados a elegir constantemente acciones concretas, pero solo aquellas que se corresponden con el bien, nos garantizan un crecimiento interior porque hacer el verdadero bien agrada a Dios. Es así, que el crecimiento de la vida espiritual se articula con la libertad, permitiendo el crecimiento de las virtudes; pues estas perfeccionan las dimensiones operativas del ser humano, la inteligencia, la voluntad y la vida afectiva. Esto es igual que una persona que hace deporte, puesto que dicha actividad permite el fortalecimiento de sus músculos, aumentando la habilidad del cuerpo físico. De igual manera las virtudes incrementan la capacidad en el hombre para conocer la realidad, amarla y hacer el bien en todo instante.

Entonces ¿qué son las virtudes? Son cualidades buenas, firmes y estables de la persona, que la perfeccionan capacitándola para conocer mejor la verdad y realizar gozosamente el bien. Y ¿Por qué vivir las virtudes? Porque su vivencia exige una disciplina y compromiso que hace posible el encuentro con Dios, quien no deja solo al hombre, sino que sale a su encuentro ayudándole a perfeccionarlo. No es mérito propio del hombre vivir en la virtud, no es fruto solo del esfuerzo personal como quien hace una dieta. Vivir las virtudes es disponer la vida entera libremente para crecer física, intelectualmente y moralmente en el bien. Este ejercicio constante de querer obrar siempre en el bien, lleva al hombre a practicar una vida virtuosa como camino hacia Dios quien lo invita a vivir en su intimidad. Esto en últimas es el camino a la santidad.

No hay edad límite para empezar o terminar la vivencia de las virtudes ¿Por qué no te atreves a emprender un camino distinto en tu vida? ¿No crees que vale la pena dejar de sufrir sin sentido? Te garantizo que el obrar virtuoso es la mejor forma de seguir a Jesús, porque verás todo con tal claridad que las dudas morales serán una alegría que te perfeccionen, no que te lleven al pecado.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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