Las virtudes humanas

Martes, 13 Febrero 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Existen virtudes que sean propiamente humanas? Si, Son las que se adquieren mediante el esfuerzo personal, realizando actos buenos con libertad y constancia. También llamadas adquiridas. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: «Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien» CEC 1804.

¿Cuáles son las virtudes humanas? Son las virtudes intelectuales y las cardinales. Las primeras son fruto de nuestra capacidad de entendimiento y las segundas son orientadoras de nuestros actos para que se correspondan en la verdad y en el bien. Las intelectuales son: El entendimiento, la ciencia, la sabiduría, la sindéresis, la prudencia y el arte. Y las cardinales son: la justicia, la prudencia, la templanza y la fortaleza.

¿Todos nacemos con las virtudes humanas? No, si naciéramos con ellas no serian virtudes. Nosotros nacemos con la capacidad de adquirirlas y perfeccionarnos en ellas. De esta forma, quien quiera practicar las virtudes cardinales, necesita primero ejercer las virtudes intelectuales, las cuales ayudan a la comprensión del bien y de la verdad para que nuestros actos sean rectos.

¿Nos basta solo las virtudes humanas para ser buenos? No, Para obrar bien si, pero para ser buenos no; puesto que la bondad es perfección y deseo de la verdad. Las virtudes humanas son comunes a todos los hombres; por ello se puede decir que son parte de una ética universal a todo el genero humano. No se necesita creer en Dios para ser un hombre virtuoso, con esfuerzo humano se puede lograr. Sin embargo quien crece en estas virtudes con honestidad, descubre que no se basta a sí mismo y que necesita de un ser superior que le señale la diferencia entre el bien y el mal. Es por ello que Dios sale al encuentro nuestro con las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo, para invitarnos a participar de su divinidad siendo hombres perfectamente virtuosos.

Por eso es preciso que reflexionemos seriamente: ¿Conoces las virtudes humanas? ¿Cuál crees que es tu mejor virtud humana? ¿En cual virtud te gustaría crecer más?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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