La virtud de la ciencia moral

Martes, 13 Marzo 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En qué consiste la virtud de la ciencia moral? Es una virtud intelectual que ayuda a perfeccionar la inteligencia, conociendo las cosas de mundo a partir de situaciones concretas. Es decir, es un saber sobre la maldad o bondad de las acciones de la persona, que busca regular la forma de actuar.

¿Por qué se llama «ciencia moral»? El nombre técnico en griego es episteme y en latín scientia. Pero en general se conoce con el nombre de ciencia, porque esta virtud funciona como una reflexión que busca el bien a partir de la experiencia de las situaciones diarias. Y es moral porque dicha experiencia o saber reflexivo establece normas de vida de manera general para aplicarla en situaciones concretas. Por tanto aquí se encuentra la raíz de los principios morales del ser humano.

¿Entonces se puede decir que la ciencia moral es igual que la experiencia humana? No, la ciencia moral es una virtud y como tal siempre es perfecta, busca que lo reflexionado a partir de la vida diaria sea para buscar siempre el bien y evitar el mal. Para esto la ciencia moral se sirve de otras virtudes como lo son el entendimiento y la sindéresis —que la explicaremos próximamente—. Mientras que la experiencia humana se puede equivocar, porque la razón  juzga las situaciones de la vida diaria según como la persona las viva, no siempre su juicio está basado en al búsqueda del bien sobre el mal, a veces puede ser prioritario el gusto, la conveniencia y otros intereses.

¿Pero la virtud de la ciencia nunca coincide con el juicio que se hace sobre las experiencias de la vida? Sí, muchas veces la valoración moral es la misma y ello es muestra que se procura a conciencia buscar el bien como realización máxima de felicidad. La persona sabe que comienza a crecer en la virtud de la ciencia moral, cuando establece normas para ella misma, que van más allá del gusto, de las conveniencias y los demás intereses.

¿Pero si no se tiene esta virtud que pasaría? Que no podríamos valorar moralmente las situaciones diarias y tampoco creceríamos como personas, puesto que no veríamos la diferencia entre el bien del mal. Y como resultado no tendrímos principios morales de vida. Cualquier cosa que el mundo nos presente como bueno lo creeríamos. Esto es lo que pasa con algunas leyes que garantizan derechos absurdos, que contradicen el orden natural de las cosas. Por tanto se enseñan en las instituciones educativas leyes que no se pueden establecer moralmente como principios que protejan el bien, sino que permiten que se actúe según el gusto y las preferencias; como si estas fueran las rectoras del bien moral.

¿Por qué las experiencias de la vida no son un camino para conocer la verdad? Porque como lo dice el adagio popular: «Cada cual habla de la feria según le va en ella». Es decir la razón muchas veces juzga según los criterios de gusto y afinidad, pero estos no son criterios de vida. Lo peligroso y común, es que muchas personas enseñan que de sebe educar a los hijos según las experiencias vividas ¿y si la experiencia que se tiene, es que se progresa cometiendo actos ilícitos? O ¿qué pasaría con aquellos que ya se acostumbraron a ver que delinquir es normal en algunas profesiones o estados de vida? Recordemos que la búsqueda de la verdad no depende del punto de vista de cada quien, ni de consensos y muchos menos afirmando que hay muchas verdades sobre una misma cosa. La búsqueda de la verdad es necesaria hacerla conociendo el mundo en cada instante, donde la razón y la voluntad ayudada de las virtudes desea el sumo bien que es Dios a través de la libertad.

Preguntémonos hoy: ¿Nuestros principios y valores morales dependen de cómo nos ha ido en el camino de la vida?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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