Las virtudes camino de perfección

Martes, 27 Marzo 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿La virtud es una costumbre? No, porque la costumbre es una inclinación a obrar siempre de una manera determinada. Se adquiere por la repetición de las mismas acciones y produce después esta misma repetición, pero con una firmeza y una estabilidad propias. Además la costumbre se caracteriza por lo siguiente:

  • La costumbre es una disposición firme y estable: No podemos librarnos de una costumbre así por las buenas, se ha convertido en una segunda naturaleza, en una inclinación constante a obrar siempre de manera determinada.
  • La costumbre dispensa de prestar atención a lo que se hace: Se obedece sin esfuerzo a la costumbre, es una cuesta abajo que sólo hace falta seguirla.
  • La costumbre hace obrar con cierta alegría: Se experimenta dificultad en resistir a la inclinación que da la costumbre, se siente alegría obedeciéndola y nos sentimos contrariados, cuando no se la puede seguir y contentos de conformarnos a ella.

¿Cuál es la diferencia esencial de la virtud frente a la costumbre? En que la virtud es una cualidad activa que dispone al hombre en el plano moral a dar lo mejor de él, para hacer siempre el bien conforme a la verdad y la libertad. Y la costumbre no es una acción moral, porque se actúa con automatismo sin ser conscientes de lo que se hace. Por ello las cosas rutinarias nos aburren y no disfrutamos de la vida por difícil que sea. Ahora bien, la virtud posee dos características que se diferencian notablemente de la costumbre:

  • Acciones morales perfectas: Las virtudes son las acciones morales más perfectas y más altas en valor humano.
  • Perfección humana: La virtud permite al hombre hacer una obra moral perfecta y le hace perfecto a él mismo.

¿Para que necesitamos la perfección si sólo Dios es perfecto? Para vivir según el plan que Dios nos ofrece. Es cierto que Dios es el único perfecto y los hombres somos perfectibles. Pero gracias a las virtudes humanas nos damos cuenta que necesitamos de Dios. Y él sale a nuestro encuentro con las virtudes teologales, con los dones y frutos del Espíritu Santo perfeccionando nuestros actos.

¿Cuál es el plan de Dios para nosotros? Ser perfectos como él por mandato explicito de Jesús: «Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial» Mt 5,38-48. Además fue el mismo Jesucristo, quien vino a traernos esta gran noticia salvándonos y perdonándonos del pecado, constituyendo la Iglesia y los sacramentos, hasta dar la vida misma por nosotros. Por ello las virtudes son un camino de perfección que nacen en la libertad humana y nos unen al querer de Dios.

En esta Semana Santa preguntémonos: ¿Qué costumbres debemos erradicar para vivir la alegría del Evangelio desde las virtudes como camino de perfección?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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