Las virtudes cardinales

Martes, 01 Mayo 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué son las virtudes cardinales? Son cualidades operativas que disponen a la persona a obrar moralmente bien, perfeccionando la voluntad, los gustos y las pasiones.

¿Por qué se llaman de esa forma? Porque estas virtudes orientan a la persona sobre como debe caminar en la vida moral. Es decir son los ‘puntos cardinales’ para orientarse y actuar de la mejor forma. Razón por la cual también se les dice virtudes morales.

¿Cuáles son las virtudes cardinales? Son cuatro: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Además hay otro buen numero de virtudes que sirven a las cuatro cardinales, dinamizando libremente la búsqueda del bien.

  1. La prudencia: Es una virtud intelectual y a la vez es moral. Por ello es madre y guía de todas las demás virtudes. Sin prudencia la persona no es buena.
  2. La justicia: Consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les corresponde.
  3. La fortaleza: Reafirma la valentía de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral.
  4. La templanza: Modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

¿Hay que vivir todas estas virtudes o solo algunas? Todas, pero ello no es difícil. La virtudes crecen simultáneamente porque si se tiene una de ellas en mayor grado, las otras se van desarrollando ya que ellas se reclaman entre sí para poder operar correctamente. De esta forma el actuar moralmente correcto hace que la persona sea: prudente, justa, fuerte y templada.

¿La Iglesia Católica que dice sobre las virtudes cardinales? La Santa Madre Iglesia invita a vivir las virtudes como parte de la vida humana para alcanzar la perfección en Dios, siguiendo a Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo. Sin embargo es necesario leer lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales: 1803-1845.

¿Cuáles son los problemas actuales que enfrentan las virtudes cardinales? Son los mismos problemas que la ética enfrenta hoy. Puesto que las ciencias humanas buscan que las personas seamos buenas, justas, fuertes y con criterio. Aquí exponemos algunos puntos importantes:

  • La autosuperación personal: Muchos cursos y literaturas sobre este tema, pretenden hacer de las personas seres completamente nuevos mediante el esfuerzo humano. Algunos empresarios se aprovechan de ello para crear grupos y campañas de éxito empresarial y convencer a las personas que son expertos en ventas. No está mal que se forme a la personas con criterios éticos, pero de fondo lo que hay es que se les invita a vivir estas cuatro virtudes de forma humana solamente. Pero para que se diga que una persona es moralmente virtuosa necesita a Dios como fin de todo lo que haga y no solo el lucro económico que represente una falsa felicidad.
  • La corrupción: Es en sí dañina porque atenta contra la bondad y la justicia del plan de Dios para con nosotros y la convivencia entre las personas. La corrupción nos hace esclavos de la mentira, nos introduce en un mundo falso y nos hace ver que los vicios son lo mejor. Por ello todo corrupto o cómplice de la corrupción no es una persona virtuosa sino viciosa, porque vive en el pecado.
  • El hedonismo: Con este nombre se conoce en el mundo de las ciencias humanas, aquellas actividades que buscan el placer por el placer sin límite. Por ejemplo el derroche económico en sus diversas formas; el atentado a la dignidad humana cuando se instrumentaliza la persona para explotarla y sacar un lucro de ello. Y en general toda actividad que nos convierte en personas ‘buena vida’ que queremos lograr todo placenteramente sin que ello represente esfuerzo y sacrificio. De ahí que la sociedad hedonista se oponga rotundamente a las virtudes de la fortaleza y la templanza.

Ahora reflexionemos: ¿Nuestros actos buenos son prudentes, justos, fuertes y templados?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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