Novena al Espíritu Santo Día 5: El Don de Fortaleza

Martes, 15 Mayo 2018 00:00 Escrito por 
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Quinto día: El Don de Fortaleza:
Jesús nos enseñó “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará hacia la verdad completa... Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y se los anunciará a ustedes" Jn 16,13. Jesucristo, con su presencia en nosotros, nos capacita para que podamos vivir su vida sobrenatural, él nos hace sus discípulos y pescadores de hombres, para dar frutos. Si no damos frutos es que no estamos llenos del  Espíritu Santo, aunque seamos catequistas, doctores en religión, músicos de iglesia, etc. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo somos como un barco velero llevado velozmente por el viento hacia el punto de llegada. Si no estamos llenos del Espíritu Santo, somos como un barco de remos, que lucha contra el viento para llegar al puerto, es pesado, trabajoso y casi inútil.
 
Oración:
Espíritu Santo te pido el Don de Fortaleza, para que mi espíritu pueda practicar todas las virtudes en grado heroico con la plena confianza de que he de superar las mayores dificultades y peligros, que se me presenten en la vida. Dame valor para soportar los trabajos y las penas de cada día, apoyándome más en tu poder que en mis propias facultades. No permitas que me engañe a mi mismo, ni que me deje llevar de la vanagloria, dame el heroísmo de hacer bien las cosas pequeñas a imitación de la Virgen María.
 
Para aprender de memoria:
“En él (en Cristo) también ustedes, tras haber oído la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación y creído también en Él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia para redención del pueblo de su posesión para alabanza de su gloria” (Ef 1,13-14).
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
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