La virtud de la afabilidad

Martes, 10 Julio 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la afabilidad? Es la virtud que nos impulsa a poner lo mejor de nosotros para ser amables y hacer grato el trato con nuestros semejantes.

¿Cuál es la utilidad de la afabilidad como virtud? La afabilidad es una virtud para la convivencia. Así como nadie puede vivir sin la verdad, la afabilidad es necesaria para la vida social. Es decir que estamos obligados por un deber natural de honestidad, a ser afables con quienes nos rodean.

¿Hay que ser afables con todas las personas? Si, nadie merece desprecio porque las personas valemos por lo que somos y no por lo que tenemos. Sin embargo Santo Tomás recomienda que no se debe ser afable con quien necesita ser corregido o amonestar. Y mas aun si se trata de quienes practican con frecuencia actos pecaminosos, porque esto demuestra que somos condescendientes con sus vicios; ya que si somos amables los confundiremos y les daremos ánimo para seguir pecando (Suma de Teología II-II, q.114, a. 2). Es necesario advertir que en este caso no debemos confundir la afabilidad con la delicadeza que merece ser tratada cada persona. Es decir hay que corregir con delicadeza no con afabilidad.

¿Nuestra forma de hablar debe ser afable? Si, la conversación afable no es hablar frivolidades para quedar bien, sino hablar de lo verdadero con buenas maneras, con naturalidad, con calidez y con sencillez. Se debe tratar de hacer comprender la verdad y corregir siempre con dulzura y afabilidad para predisponer al otro a ser corregido y a aceptarlo. No se trata de una forma de manipulación, simplemente es ayudarlo para que sea consiente que sus actos pueden ser mejores.

¿Cómo reconocemos que somos virtuosamente afables? Porque la afabilidad es una virtud hija de la justicia. Y como consecuencia debemos elogiar a nuestros semejantes por las buenas labores que hacen o simplemente por el bien que reconocemos en ellos como personas. Además la afabilidad es evidente cuando somos motivadores no para buscar un beneficio personal, sino para buscar el bien del otro. Un elogio oportuno y ponderado es muestra de afabilidad.

¿Cuáles son los vicios que atentan contra esta virtud? Todos los que rompen la armonía de la justicia y la relación con los demás. Aquí señalamos tres:

  • La adulación: No se trata de alabar de forma exagerada a alguien, pues quien lo hace muestra un interés evidente. Para muchos de nosotros estas actitudes las señalamos con gracia pero en realidad es muy peligrosa, porque damos la pauta para que lo sigan haciendo y esto no lleva a nada bueno. Tristemente vemos a muchos políticos que se especializan en ello, con el agravante que dicen estar cumpliendo con el mal llamado ‘ejercicio de la política’. ¿De cuando acá se necesita ‘sobarle la espalda’ a alguien para procurar la justicia social?
  • La impaciencia: Va en contra de la justicia porque rompe el decoro y puede llevar al desorden. La persona impaciente no es virtuosa porque siempre espera que las cosas se realicen como ella las desea; o cuando alguien le lleva la contraria en sus ideas. Esto ocasiona una dureza de corazón tal que el principal síntoma es el malhumor.
  • La excesiva severidad: Hay necesidad de ser severos con aquellos actos que contradicen la verdad y nunca serán buenos. Pero cuando las personas no corrigen estas acciones la excesiva severidad no soluciona nada. Hay que permanecer severos pero buscando otros medios para corregir aquellas conductas que solo llevan al mal por mal. Si no es así ¿cómo pretendemos cambiar la corrupción? no podemos ser afables ante un acto de injusticia  o ¿a caso nos alegramos del mal ajeno?

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona virtuosamente afable o mas bien amable para evitarme problemas o para obtener algún beneficio?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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