La virtud de la modestia

Lunes, 13 Agosto 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la modestia? Es la virtud que nos permite perfeccionar nuestros gustos, deseos y pasiones menos difíciles para alcanzar el bien de las cosas.

¿Entonces ser modesto es no presumir de lo que sabemos hacer? No, la modestia no es actuar con una humildad falsa ante un halago que nos hacen. Y mucho menos decir: ‘No es falta de modestia, pero yo soy muy bueno en …’ para hacer notar nuestras cualidades o habilidades en publico, con el fin de ser reconocidos por algo o por buscar un beneficio. La modestia es una virtud que nos ayuda a ser mejores personas, ordenando las cosas que sabemos que están mal, pero no actuamos porque las consideramos insignificantes. 

¿Pero la perfección de los gustos no pertenece a la templanza? Si, la templanza es la virtud que perfecciona los gustos, deseos y pasiones ‘más difíciles’. Sin embargo la modestia, que es una virtud aliada de la templanza que se encarga de los mismos fines, pero solo atiende los gustos, deseos y pasiones que son ‘menos difíciles’ de superar.

¿Cuáles son esos gustos, deseos y pasiones menos difíciles? No existe una formula mágica para descubrir cuales son. Cada persona es un mundo único e irrepetible. Lo que para algunos es difícil de superar para otros no lo es. Sin embargo, según la enseñanza de Santo Tomás de Aquino (Suma de Teología II-II, q.160), la modestia tiene un campo de trabajo predominante en dos aspectos:

  • La forma en que nos comportamos en público y en privado.
  • El uso de adornos para nuestra apariencia física.

¿En la vida diaria como vivimos la virtud de la modestia? En todo momento la vivimos, especialmente somos más sensibles a ella si nos preocupamos por vivir el amor en el bien y en la verdad. De ahí que sean tan importantes tener buenos modales a todo nivel. Es decir sabernos comportar en todo tipo de eventos sociales y en privado, saber vestirnos, saber hablar, etc. Podríamos decir que medimos nuestra capacidad de modestia cuando nos enfrentamos a los gustos, los deseos y las pasiones que nos debilitan nuestra personalidad logrando superarlos.

¿Qué son los gustos, deseos y pasiones menos difíciles? Aquellas que nos alteran los sentidos de forma desordenada, pero que no les prestamos la atención debida, porque sabemos que son males menores y por eso no le damos importancia. Por ejemplo, sabemos que mentir es malo siempre; y sin embargo algunos mienten ‘porque sí’ en situaciones indiferentes, ya se acostumbraron a hacerlo y no hacen nada por cambiar. Otros, comen o beben cosas que no deben y aunque no les afecte en mayor grado, no hacen nada por evitarlo. Lo mismo ocurre cuando presumimos de algo, ya sea por nuestra forma de vestir, hablar y escribir ¿qué necesidad tenemos de deleitarnos en aquello que no nos construye para nada? ¿sólo para sentirnos superiores a los demás? o ¿para despertar la envidia de quienes consideramos que no pueden alcanzar lo que nosotros tenemos?

¿Pero si son males menores en que nos afectan? En que no tenemos una vida totalmente conforme al bien, a la verdad, al amor y por ende al plan de Dios. Corremos el riesgo de que estas ‘insignificancias’ se conviertan en grandes problemas y en ocasión de pecado. Y peor aun, pensemos en aquellos aspectos de nuestra vida que no son pecaminosos, pero que de igual forma no son buenos porque son imperfecciones ¿por qué no hacemos nada por mejorar?

¿Viviendo la virtud de la modestia en que lo podemos notar? En todos los aspectos de nuestra vida siempre hay detalles menores que debemos cuidar; y en ellos está la modestia. Sin embargo para saber si somos virtuosamente modestos debemos saber como manejamos el decoro y el pudor:

  • El decoro: Esto es saberse comportar en todos los ambientes —públicos y privados— tratando a las personas con dignidad y según su condición jerárquica. Para muchos resulta impensable que una virtud logre esto, pero en realidad lo hace. La falta de estar informados y de vivir la virtud de la modestia, nos ha llevado a realizar cursos de etiqueta para que ella nos enseñe lo que por nuestra naturaleza podemos lograr. Algunas personalidades por ejemplo contratan ‘manager de imagen’ para que les diga como deben comportarse o que deben decir ¿no es absurdo esto? Se podría llegar a pensar que estas personas no son virtuosamente modestas. Es más, algunas personas que tienen una imagen pública por cuidar, encargan a otras personas para que manejen sus redes sociales ¿Será que ya no tenemos tiempo ni para pensar lo que debemos decir y escribir? ¿entonces en que ocupamos nuestras vidas? Y ni hablar de los tatuajes o perforaciones que le hacemos a nuestro cuerpo para ‘estar a la moda’ decorándolo, ya que estos son atentados directos contra la ley natural; y contra el Espíritu Santo del cual nuestro cuerpo es templo. Y mucho menos mencionar aquellos diseñadores de moda que realizan vestidos extravagantes y costosos, ya que nadie comunmente los usa y tampoco tienen el dinero para comprarlos. En estas personas el derroche y lo irrisorio rompe la modestia.
  • El pudor: Esta es otra virtud aliada de la templanza, la prudencia y la modestia. El pudor hace que reconozcamos el valor de nuestra propia intimidad y respeta la de los demás. Dicho de otra forma más profunda, mantiene nuestra intimidad cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias que sirvan para la mejorar nuestra propia vida. Es así que el pudor no es cosa de ser anticuados, el pudor es una virtud tan delicada que nos recuerda que somos sujetos y no objetos. De ahí por ejemplo que no andemos desnudos, porque sólo desnudamos nuestro cuerpo ante quien amamos o quien nos ayuda a mejorar nuestra salud. Por ello la industria del sexo y la corrupción de la vida moral en nuestra sociedad, lo primero que quiere eliminar es el pudor, pues es una virtud frágil y delicada, que solo se logra llevar, como quien porta una joya fina sin esconderla en medio ladrones. Y puesto que exterminada esta virtud, la intimidad de las personas es vulnerable a todo nivel. Realmente en ello está el éxito de vender mentiras disfrazadas de moda y actualidad.

Y ahora pensemos reflexivamente: ¿Qué tan modesto soy?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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