La virtud de la estudiosidad

Lunes, 20 Agosto 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la estudiosidad? Es una virtud permite la aplicación intensa de la mente a algo, para conocer en profundidad, moderando el apetito o deseo de saber.

¿Qué tiene de virtuoso estudiar? El estudio como tal no es una virtud. Ahora bien, la virtud de la estudiosidad es necesaria cuando la persona busca conocer algo que le inquieta. Pues esta pasión por saber, debe tener un límite moderado conducido siempre hacia el bien y nunca de manera desenfrenada.

¿Conocer la verdad es malo? Claro que no, siempre debemos actuar buscando la verdad. Y en ello la estudiosidad nos ayuda, pues permite que no caigamos en distracciones o perdamos el norte de lo que deseamos conocer. De  manera que para adquirir la virtud de la estudiosidad necesitamos conseguir cinco cosas:

  • La finalidad: Que aquello que deseamos saber sea para conseguir un fin bueno, libre y verdadero.
  • La concentración: Es la disposición de nuestra mente con disciplina y rigor en lo que estudiamos.
  • La lectura: Este ejercicio debe ser constante, leyendo lo bueno o lo que buscamos conocer, jamás las cosas superficiales.
  • La memoria: Se trata de mantener viva en la mente lo esencial de lo leído o estudiado, para ser usado cuando sea necesario.
  • La profundización: Que el estudio que realizamos tenga orden, claridad, capacidad argumentativa sólida y sencillez al explicarlo. 

¿Entonces esta virtud se trata solo para los que son académicos? No es exclusiva de las personas que trabajan en la academia. Cualquier situación que vivimos en la vida cotidiana necesita de una respuesta profunda. Pensemos por ejemplo, en aquellas preguntas que nos hacemos a nosotros mismos y no somos capaces de responder. Y también pensemos, en aquellas que otras personas nos hacen y tampoco somos claros en dar respuesta. Es decir, la necesidad de conocer la verdad es tan común a todos los hombres, como la vivencia de la estudiosidad.

¿Cuáles son los peligros que afronta esta virtud? La negligencia y la curiosidad. Dicho de una forma más directa: El pecado por defecto es la negligencia y el pecado por exceso es la curiosidad.

  • La negligencia: Consiste en el voluntario y consciente descuido de no estudiar lo que corresponde, según la condición y el estado de cada uno. La negligencia es una ignorancia culpable, de la cual no hay excusa para justificarse.
  • La curiosidad: Es el anhelo de conocer las cosas que no conducen a un fin bueno, bello, libre y verdadero. La persona curiosa sabe que lo busca aprender tiene un fin malo. Y generalmente el curioso nunca tiene orden en lo estudia. Tal vez lo peor es que habla de aquello que dice conocer, como si fuera un experto con argumentos vacíos.

¿Cómo puede la gente sencilla ver la necesidad de alcanzar la virtud de la estudiosidad? Porque todas las personas necesitamos dar respuestas contundentes a nuestros problemas actuales. Necesitamos educar a nuestros hijos con un sano juicio crítico. Pero sobretodo necesitamos prepararnos para formar una sociedad libre de injusticias, de ideologías y carente de Dios. La estudiosidad es una virtud que todos debemos practicar. No hay  excusa para que la gente sencilla no lo haga; todos debemos preocuparnos por estudiar para conocer la verdad y el sentido de las cosas que nos inquietan. No permitamos que el mundo siga siendo manejado por los curiosos y los negligentes; mientras nosotros los aprobemos por vivir en la ignorancia y en el desorden.

¿Cuál puede ser el secreto para practicar la virtud de la estudiosidad? La mejor recomendación la escribió Santo Tomás de Aquino, en una carta dirigida como respuesta a su hermano de comunidad fray Juan; pues este le había preguntado antes: ¿Cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento? El santo le contestó lo siguiente:

«Ya que me pediste, fray Juan —hermano para mí queridísimo en Cristo—, que te indicase el modo de cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento, debo darte la siguiente indicación:

  1. Debes optar por los riachuelos y no por entrar inmediatamente al mar, pues lo difícil debe ser alcanzado a partir de lo fácil. Y así, he aquí lo que te aconsejo sobre cómo debe ser tu vida:
  2. Te exhorto a ser tardío para hablar y lento para ir al locutorio (Sala de los conventos exclusiva para hablar libremente entre los frailes de cualquier tema).
  3. Abraza la pureza de consciencia.
  4. No dejes de aplicarte a la oración.
  5. Ama frecuentar tu celda, si quieres ser conducido a la bodega del vino de la sabiduría (Para los frailes la celda es la habitación donde además del dormitorio, tienen un lugar destinado para el estudio personal).
  6. Muéstrate amable con todos, o por lo menos esfuérzate en este sentido; pero con nadie permitas exceso de familiaridades, pues la excesiva familiaridad produce el desprecio y suscita ocasiones de atraso en el estudio.
  7. No te metas en cuestiones y dichos mundanos.
  8. Evita sobre todo, la dispersión intelectual.
  9. No descuides el seguimiento del ejemplo de los hombres santos y honrados.
  10. No mires a quien dijo, sino lo que es dicho con razón y esto, confíalo a la memoria.
  11. Busca entender lo que lees y certifica de lo que es dudoso.
  12. Esfuérzate por abastecer el depósito de tu mente, como quien anhela llenar al máximo posible un cántaro.
  13. No busques lo que está por encima de tu alcance.
  14. Sigue las huellas de Santo Domingo que, mientras tuvo vida, produjo hojas, flores y frutos en la viña del Señor de los ejércitos.

Si sigues estos consejos, podrás alcanzar lo que quieres.

Saludos, Fray Tomás».

 

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona negligente, curiosa o qué hago por buscar la bodega del vino de la sabiduría?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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