La virtud de la eutrapelia

Martes, 28 Agosto 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Es la virtud que nos ubica en el justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad. Dicho de una forma más cercana y menos técnica, la eutrapelia es la virtud por la cual nos aprendemos a divertir correctamente.

¿Por qué es virtuosa la forma de divertirse? Porque el hombre se divierte para descansar de las múltiples tensiones que implican las actividades más serias de la vida. La persona necesita un descanso —físico y psíquico— en su vida diaria, para poder recobrar energías y continuar con las tareas propias del quehacer diario. Por tanto saberse divertir es un acto de virtud.

¿Cómo se regula una sana diversión? Por la razón humana. No se trata de divertirnos por instinto o porque no tenemos nada más que hacer. Lo eutrapélico está en saber conseguir la forma correcta de divertirse.

¿Qué tan necesario es divertirse? Es una necesidad fundamental para el desarrollo como personas y para la convivencia humana. Porque solo aquel que sabe divertirse, es quien realmente conoce el sentido de la vida: el amor. 

Pensemos por ejemplo en la necesidad que todos tenemos de descansar para hacer mejor nuestras tareas; quien no lo hace se agota más rápido y no hace bien su trabajo. Pero hay ocasiones en que las personas por más que se diviertan en su tiempo de descanso —así sea muy prolongado—, no descansan ¿por qué? Porque no se sienten amados. Solo la persona que se siente amada en su tiempo de descanso, sabe que la sana diversión con los suyos es el mejor ‘combustible’ para ‘recargar baterías’ y continuar con su labor. De ahí que no toda diversión proporciona el verdadero descanso.

Caso contrario, sería el de aquella persona que aunque casi nunca tiene tiempo para descansar de su trabajo, se siente amada por los suyos. Comúnmente estos casos están asociados a la injusticia del Estado y de aquellos empresarios que consideran que no tienen trabajadores a cargo sino esclavos. Sea cual sea la razón, del precario descanso, tampoco hay virtud en estas personas. Es cierto que a pesar de su duro trabajo, lo hacen con un alto grado de motivación; y aunque busquen la diversión en lo que hacen, jamás será un acto que busque la eutrapelia, pues el desorden en el que viven terminará asfixiándolos por el exceso de trabajo.

¿Cuándo divertirnos? Cuando estamos cansados de nuestra labor diaria, en ese momento hay que parar, mirar a los seres que amamos y preguntarnos ¿cómo voy a descansar? Es ahí cuando la virtud de la eutrapelia nos permite liberar la tensión, como aquel deportista que es tan ágil que sabe lo que hace para no perder y cambia de estrategia en pleno juego. Aquel hombre virtuoso que posee la eutrapelia, es tan serio en su rectitud moral que es capaz de mirar fácilmente a las cosas bellas, joviales y recrearse en ellas sin lastimar a nadie; y mejor aun fortalecido continúa su trabajo.

¿Quién se sabe divertir es feliz? No, es falso decir que la felicidad consiste en pasarla bien, sabiéndose divertir y reír. El deleite que provoca la diversión no se ordena directamente a la felicidad de la persona, sino sólo a la acción que busca realizar. De ahí que sea falso decir que tener muchos momentos de alegría es sinónimo de felicidad.

¿Cómo buscar una sana diversión? Santo Tomás de Aquino dice que para hallar una sana diversión conforme a la razón, es importante cuidar de tres cosas (Suma de teología II-II q.168, a.4):

  1. Evitar que el deleite se busque en actos imperfectos o nocivos.
  2. Evitar que se pierda la recta conciencia, pues podemos recrearnos en lo malo sabiéndolo. De esta forma ’la gravedad del espíritu’ se perderá totalmente.
  3. Procurar que el juego sea conforme con el tiempo y la dignidad de la persona.

¿Cuáles son los vicios más frecuentes de la eutrapelia? La bomología, la irrisoriedad y la agroikía. Estos nombres especiales son tomados del tratado que Santo Tomás realizó sobre  la eutrapelia basado en Aristóteles:

  • La bomología: El bomólogo es aquel que se excede en la diversión, pues vive en tal desorden que busca divertirse y provocar la risa. Parece un bufón porque siempre está pendiente de lo ridículo, nunca actúa con decoro y tampoco le preocupa ofender a los demás. Tal es el grado de desorden en el que viven los bomólogos que no les preocupa que ellos mismos sean objeto de la risa; y tampoco distinguen de la gravedad de las circunstancias para bromear. Tal vez en el idioma español, podamos emplear los términos truhán y bufón para referirnos a este tipo de personas.
  • La irrisoriedad: El irrisor por naturaleza actúa con maldad. Este procura divertirse a costa de sus bromas pesadas, pues siempre son ofensivas y causan daño. Para el irrisor no existe la diversión sino logra burlarse ofendiendo a alguien. Un ejemplo claro lo tenemos cuando los soldados romanos coronaron de espinas a Nuestro Señor Jesucristo; además lo vistieron con un manto púrpura y una caña, para burlarse de él porque ellos entendían que se hacia llamar ‘rey de los judíos’ (Mt 27,29).
  • La agroikía: El agroico es aquel que considera que todo tipo de diversión es inútil. Por tanto de ninguna manera acepta y provoca las bromas. Es decir estamos ante un amargado.

Ahora preguntémonos: ¿Cómo me divierto yo?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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