La virtud de la humildad

Martes, 11 Septiembre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? La humildad es una virtud derivada de la templanza, la cual le permite al hombre tener cierta facilidad, para moderar el apetito desordenado de la propia excelencia. De esta manera recibe luces para entender su pequeñez y su miseria, principalmente con relación a Dios. 

Santo Tomás de Aquino define esta virtud como: «La humildad significa cierto laudable rebajamiento de sí mismo, por convencimiento interior» (Suma de Teología II-II, q.161). Y Santa Teresa de Ávila dice al respecto: «La Humildad, es el cimiento de todo […] porque la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira» Santa Teresa de Ávila (Moradas Séptimas 4, 9).

¿Qué es lo propio de la humildad? Remover los impedimentos para la vida divina en el hombre, que son la soberbia y la vanagloria que obstaculizan la gracia. 

¿Qué beneficios obtenemos respecto de las demás personas cuando actuamos bajo la virtud de la humildad? Aceptamos el diálogo fraterno con otras personas que nos hacen ver nuestros errores, para que mejoremos y caminemos en la perfección. Hay que estar abiertos a la corrección fraterna. De esta manera nos podrán decir nuestras faltas sin que nos enfademos, nos defendamos y sin que tratemos de justificarnos. Agradeciendo la corrección como una colaboración que nos prestan para mejorarnos.

Si es tan importante esta virtud ¿qué la puede causar? Son dos las fuentes de la humildad, la acción de Dios y la acción del hombre:

  • La acción de Dios: Incluye todo aquello que hace Dios para procurar nuestra humildad, lo que en su providencia permite o dispone en orden a nuestra humildad, así como la Gracia que infunde en nuestras almas.
  • La acción del hombre: Se refiere al esfuerzo que ha de poner la persona para crecer en humildad, lo cual se concreta en los medios principales de que dispone para desarrollar esta virtud.

¿Qué cosas atentan contra la humildad hoy? La soberbia, la vanagloria y todo lo que se pueda derivar de ellas. En nuestra sociedad se destaca por ejemplo ‘el creernos humildes’ diciendo que lo somos. Y también es muy usual ‘la falsa compasión’ que generan algunas personas que han cometido actos en contra de la moral de manera pública, manifestando un sentimiento cínico de pesar.

Es lamentable también que tengamos personalidades públicas carentes de humildad. Basta con fijarnos en los deportistas, los cantantes y los artistas en general, que se presentan como los ‘intocables’ por que son los mejores. Tristemente el mensaje que transmiten al mostrar sus éxitos, es una petición de adoración como si fueran dioses. 

¿Cómo se puede perfeccionar la humildad? Por medio del Don de Temor de Dios, el cual hay que solicitarlo por medio de la oración. Y también mediante el Fruto de la Paz que es propio del Espíritu Santo. Es necesario recordar que el Don de Temor de Dios, se refiere al temor que debemos tener en apartarnos de Dios y vivir sin él; cosa distinta en temerle a Dios. Y los Frutos del Espíritu Santo, son un resultado por la vivencia de los Dones; de ahí que no creamos en las mentiras de los políticos que pretenden ‘negociar la paz’.

Ante la humildad el mismo Santo Tomás recuerda los siguiente: «Después de las virtudes teologales y de las intelectuales, que ordenan a la misma razón, y de la justicia, sobre todo la legal, la humildad es la más excelente de todas» (Suma de Teología II-II, q.161 a.5).

¿Qué es son los grados de la humidad? La virtud de la humildad está en el hombre por naturaleza. Sin embargo cuando hablamos de ‘los grados de la humildad’, nos referimos a las enseñanzas que nos brindan los grandes santos de nuestra Iglesia, los cuales consisten en un progreso espiritual para alcanzar la perfección.

¿Cuántos son los grados de la humildad? Muchos santos y teólogos han estudiado esta virtud y la han clasificado de muchas maneras. Son innumerables los estudias de los grados de la humildad. Por ejemplo para San Anselmo de Canterbury son siente (7). Para Santa Teresa de  Lisieux—conocida como Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz—, todos los grados se resumen en la ‘pequeñez’. Pero tal vez los más estudiados y conocidos sean los doce (12) grados de la humidad que enseñó San Benito de Nursia; y estos mismos los enseña Santo Tomás de Aquino (Suma de Teología II-II, q.161, a.6, prol.). Estos son:

  1. Tener siempre los ojos bajos y manifestar humildad interior y exterior.
  2. Hablar poco y bien y en voz baja.
  3. No ser muy propenso a la risa.
  4. Ser taciturno hasta ser interrogado.
  5. Observar lo prescrito por la regla común del monasterio.
  6. Creerse y comportarse como el último de todos.
  7. Confesar sinceramente la inutilidad para todas las cosas.
  8. Confesar los propios pecados.
  9. Llevar con paciencia la obediencia en cosas ásperas y difíciles.
  10. Someterse a los mayores por obediencia.
  11. No tratar de satisfacer la propia voluntad.
  12. Temer a Dios y conservar el recuerdo vivo de todos sus beneficios.    

Con el corazón en la mano preguntémonos ahora: ¿Qué tan humilde somos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

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