La virtud de la mansedumbre

Miércoles, 19 Septiembre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? La mansedumbre es una virtud  que nos ayuda a calmar la pasión de la ira.

¿En que consiste la ira? La ira es una pasión humana que afecta nuestros apetitos y gustos. Y cuando se desordena busca el deseo de venganza como si fuera una sanción por algún mal que padecemos; o porque algo no salió como esperábamos.

¿Entonces es mala la ira? No, es un pasión que todos tenemos y por tanto hay que ordenarla para que se encause debidamente. La ira ordenada, nos da la fuerza, el vigor y la valentía para hacer las cosas sin rendirnos tan fácilmente. Es más, la ira nos ayuda a conseguir el bien que deseamos, sin ocasionar ningún tipo de venganza.

Cuándo la ira está ordenada ¿cuál es la función de la virtud de la mansedumbre? Aparentemente ninguna, puesto que la mansedumbre es una virtud que aplaca la ira cuando ella está desordenada. Ahora bien, aunque tengamos nuestra vida afectiva ordenada, es probable que no seamos personas irascibles, sin embargo existe la posibilidad, que por alguna causa la ira se nos despierte de una manera desbocada. Y es en ese preciso momento, cuando la mansedumbre nos ayuda a recobrar la cordura.

¿Cómo se relacionan la virtud de la mansedumbre y la ira? Por medio de la recta razón, ya que es una virtud que permite ser dueños de nosotros mismos, cuando tratamos de perder el control de nuestros actos a causa de un estado colérico. Es decir que cuando la ira toma posesión descontrolada de la persona, se convierte en un ser totalmente desconocido, porque su furia enceguece la razón. Por tanto la mansedumbre no deja que la ira llegue al extremo de hacernos perder la cabeza, a pesar de que nuestra vida afectiva esté desordenada. Sin embargo quien considera que tiene los afectos en orden, también puede desarrollar estados de ira, donde también allí la mansedumbre puede ayudarnos a recapacitar sobre nuestros actos. De ahí que una persona se reconozca mansa solo cuando ha sido probada por la ira.

¿Es correcto entonces enfadarse? Claro que si, hace parte de nuestra personalidad. El enfado es una muestra de que la ira está presente en nosotros. Lo importante es justificar nuestros disgustos; y si lo son por a causa del beneficio de la verdad, de la justicia y de la caridad hay que hacernos sentir, mediante el enfado pero sin perder la razón, esa es la excelencia de la mansedumbre. No olvidemos que el mismo Jesucristo se enfadó con los mercaderes del templo: «Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo» Mc 11,15-16.

¿Cuál es el vicio de la mansedumbre? La cólera, que es la misma ira. Es decir cuando la ira alcanza el deseo de venganza y desordena la razón se le llama cólera. Pero cuando se ordena para el bien, la ira se convierte en una gran pasión. Ahora respecto de la cólera, ella tiene alcances que deshumanizan y llevan a la enfermedad del cuerpo y del alma. Esto se presenta porque la sed de la venganza es insaciable y permite que aparezca el rencor.

¿Es imposible alcanzar la santidad si se tiene un temperamento irascible? No es imposible, es cierto que la mansedumbre aplaca la ira, pero esto no garantiza la santidad de la persona. Sin embargo, quienes tienen un temperamento irascible deben encausarlo en beneficio del Reino de los Cielos. Hay muchos santos que practicaron la virtud de la mansedumbre y encausaron su ira en el bien y en la justicia, por ejemplo: San Pedro el apóstol, San Pablo apóstol, San Jerónimo, San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Juan Crisóstomo, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio del Loyola, San Francisco de Sales, San Francisco Javier, Santa Eulalia, San Pío de Pietrelcina; y una larga lista de santos con carácter recio e irascible.

En importante recordar que en Jesús se encuentran todas las virtudes, humanas y sobrenaturales. Por ello una vez más, él es ejemplo de mansedumbre: «Vengan a mí todos los que estén fatigados y sobrecargados, y yo les proporcionaré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»  Mt 11,20-30.

Y para nuestra reflexión preguntémonos:¿Qué tan manso soy?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

Inicia sesión para enviar comentarios