La virtud de la fortaleza

Lunes, 24 Septiembre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Ella se encarga de reafirmar las decisiones que tomamos en nuestra vida para mantenernos en el bien; y de esta manera nos ayuda a resistir frente a las tentaciones que se nos presentan. Además también nos ayuda a superar los obstáculos en la vida moral.

¿Por qué es tan famosa esta virtud? Porque la fortaleza es una de las cuatro principales virtudes cardinales, también llamadas morales. Por tanto es una virtud humana, no es sobrenatural. Su trabajo concreto está en ordenar los apetitos, gustos y pasiones cuando se afectan por la ira.

¿Qué dice la Iglesia sobre la virtud de la Fortaleza? Existen muchos documentos eclesiales y escritos de grandes santos sobre esta virtud. Sin embargo la voz de la Iglesia respecto de esta virtud en concreto, la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica: «La fortalezaes la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi cántico es el Señor” (Sal118, 14). “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo” (Jn16, 33)». CEC 1808.

¿Cuál es la diferencia entre la virtud de la fortaleza y el Don de la fortaleza proveniente del Espíritu Santo? En que la fortaleza como virtud es humana, por tanto es común a todos los hombres y no tiene nada que ver con el credo religioso. De ahí que las personas tengamos disciplina y coraje par hacer las cosas bien y superar obstáculos.

Ahora bien, el Don de la Fortaleza es sobrenatural, es decir proviene de Dios no de la naturaleza humana. El Espíritu Santo le concede este preciado Don a las personas para hacerlos más fuertes y firmes en la fe divina; y de esta manera adquieren una fuerza sobrenatural constante, para luchar contra los obstáculos imposibles para la naturaleza humana, que se oponen al amor de Dios.

¿Cómo obtener el Don de la fortaleza? Los Dones del Espíritu Santo se obtienen mediante la vivencia de las virtudes humanas y por la constante vida de oración. Por ejemplo alguien puede ser muy virtuoso en la fortaleza, pero si no es creyente en Dios, nunca obtendrá el Don de la Fortaleza. Pues para gozar plenamente de las virtudes y los Dones del Espíritu Santo, es indispensable la fe. Ya que ella —la fe— es una de las tres virtudes teologales que nos prepara para recibir toda Gracia sobrenatural.

No podemos limitar la acción de Dios, el obra en todas las personas inclusive en los no creyentes. Dios a ellos les puede conceder muchas Gracias sobrenaturales, pero la persona siempre será libre de aceptar estos Dones o no. No se trata de una ‘magia especial’ sino que es una ayuda sobrenatural que solo se puede ver y ser consiente de ello, por medio de la fe.

¿Cuáles son los vicios que se oponen a la virtud de la fortaleza? La cobardía, la impavidez y la audacia.

  • La cobardía: Porque consiste un miedo constante que nos impide ser valientes ante el mal. Generalmente el cobarde se esconde, no enfrenta la realidad y vive justificándose. Tristemente el cobarde aparenta dejar de serlo, cuando es señalado de miedoso, pues se muestra como valiente cuando en realidad no quiere enfrentarse al mal para derrotarlo a fuerza de bien.
  • La impavidez: Cuando nada se ama, nada se teme, por tanto la impavidez consiste en la corrupción del amor. Pensemos por ejemplo, lo que no se ama no se puede conocer. Ahora bien, decimos que amamos a alguien, es porque lo conocemos y queremos lo mejor para aquella persona que amamos. Por eso existe el temor de que algo malo pueda sucederle al ser amado. Pero tristemente existen personas que no les importa nada, viven con una actitud suicida y esto no solo los destruye a ellos, sino a la sociedad que comienza a sentirse valiente porque nada los asusta. Una sociedad que no ama es un pueblo que no tiene identidad, porque su frialdad se convierte en impavidez.
  • La audacia: Es el grado máximo de la perversión de la fortaleza, porque el audaz se cree tan valiente que desafía los peligros consiguiendo lo que nadie obtiene. Inclusive, puede conseguir cosas antes de tiempo. Este tipo de personas viven en constante pecado, pues se saltan las leyes y las normas divinas y naturales. Para el audaz no existe el temor de vivir sin Dios, sino de no conseguir lo que se propone. Sin embargo es increíble como los audaces viven orgullosos de estar siempre de manera firme en el peligro; y una vez estando en él se llenan de temor, pero no lo manifiestan por soberbia. La audacia no es ningún tipo de inteligencia, ni habilidad, ni mucho menos una característica de la brillantez. Y no se puede confundir con la astucia, pues esta también es un vicio que nace de la avaricia y solo se preocupa por el beneficio personal, oponiéndose a la virtud de la prudencia —en una próxima reflexión hablaremos de esto último—.

¿Entonces no es malo sentir miedo? Claro que no, el miedo hace parte de la naturaleza humana. Sentimos miedo cuando algo atenta contra lo que amamos. Por ello es necesaria la virtud de la fortaleza para superar el miedo; y de esta manera proteger lo que amamos. De ahí que el valiente solo resista ante el miedo, gracia a la virtud de la fortaleza, pues ella nos permite ser fuertes conforme a la razón.

Es claro que quien ama a alguien —o a sí mismo—, sienta miedo de que algo malo le ocurra a quien ama. Nunca querrá exponerlo ante el peligro, esto sería insensatez. Por ello la fortaleza como virtud nos permite proteger a quien amamos, porque ella se nos presenta en situaciones de las cuales no podemos salir, sino superando aquello a lo que le tememos, porque nos pueda hacer daño o afectar a quien amamos.

Ahora reflexionemos y preguntémonos:¿Soy una persona virtuosamente fuerte?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

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