La virtud de la generosidad

Miércoles, 10 Octubre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Es la virtud que nos dispone a realizar grandes gastos para realizar adecuadamente una gran obra. También es conocida como la virtud de la munificencia.

¿El gasto se refiere solo al ámbito económico? No, se trata de gastar todo lo que este a nuestro alcance para lograr algo bueno. Dicho de otra forma, es un gasto que consiste en desgastarse por algo bueno.

¿Qué es lo fundamental de esta virtud? Aprender a dar la vida por los demás. esto implica darlo todo, desde los propios bienes materiales hasta los espirituales: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» Jn 15,13.De ahí que el hombre munificiente es uno que da con generosidad real, que no hace las cosas buscando el beneficio propio sino magnífica, de acuerdo con la recta razón.

¿Quién es realmente el generoso? El que da de lo que tiene, no de lo que le sobra. La persona generosa es aquella que regula el uso de las riquezas personales. Tal cual como nos lo enseña Jesús, en el donativo de la viuda: «De verdad les digo que esta viuda pobre ha echado más que nadie. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobra; esta en cambio ha echado de lo que necesita, de todo lo que tiene para vivir». Lc 21,3-4. 

¿La persona generosa siempre es justa? No, ambas virtudes se relacionan estrechamente porque coinciden en lo mismo: el dar un bien a otro. Sin embargo, el hombre justo da un bien como consecuencia de una deuda extrínseca y en cierta medida, exigible por el acreedor. En cambio, la generosidad no se funda en un deber extrínseco, sino en un deber que el propio sujeto se impone a sí mismo en la medida en que vive desprendido de sus posesiones.

¿Cuál es el vicio de la generosidad? El egoísmo y todos lo que se puede derivar de el. Quien es egoísta solo piensa en el beneficio propio. No le interesa desgastarse por los demás y mucho menos por sí mismo. No se puede confundir la generosidad con la adulación, pues esta solo busca dar ‘golpes en la espalda’ para solicitar algún beneficio. Solo la persona generosa se desgasta por otro o por algo bueno, donde incluye toda su vida conformada por riquezas materiales y espirituales.

Pensemos en la obra de la Redención —Cristo dio su vida por nosotros— que muchos santos han contemplado y escrito sobre esto mismo, pues se trata de un acto no solo generoso y magnánimo, sino que es el hecho mismo del amor de Dios que nos salva. Un bello ejemplo lo encontramos en este soneto a Cristo crucificado que compuso Santa Teresa de Jesús:

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

¡Tú me mueves, Señor!  Muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Ahora reflexionemos: ¿Por quién me desgasto de manera virtuosa?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

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