Las virtudes de la perseverancia, la constancia y la tenacidad

Martes, 23 Octubre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Dicho en palabras de Santo Tomás: «Es la virtud que tiene por objeto lo difícil y lo bueno. Por eso, donde hay una especial dificultad hay asimismo una virtud especial. De ahí que el persistir en la práctica de alguna obra buena por el tiempo que sea, hasta su consumación, es objeto de una virtud especial» (Suma de Teología II-II, qq.137-138).

¿Es lo mismo hablar de la perseverancia que de la constancia? No son la misma cosa, sin embargo ambas son virtudes auxiliares de la fortaleza. La perseverancia lo que propiamente hace es permitirle al hombre permanecer en el bien a pesar y en contra de la dificultades que provengan de la labor propia que él realiza. Ella es una virtud que nos ayuda a persistir en el ejercicio del bien a pesar de la molestia que nos ocasione su prolongación temporal. Dicho en otras palabras, es la firmeza y constancia en los propósitos y en las resoluciones de ánimo. 

En cambio, la constancia nos conduce a llevar a cabo lo necesario para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a las dificultades internas o externas o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido, sustentando el trabajo a fuerza de voluntad sólida que nos lleva a un esfuerzo continuado, venciendo las dificultades y venciéndonos a nosotros mismos. Dicho en otras palabras, la constancia es lo que fortalece nuestra voluntad para continuar en una meta que nos hemos propuesto y nos ayuda a vencernos a nosotros mismos para no flaquear en lo cotidiano. Así como la tolerancia y la paciencia están dirigidas hacia las personas, la constancia está dirigida hacia un objetivo bueno, una meta o tarea a lograr.

Es decir se es perseverante cuando se supera lo difícil que es mantenerse en el bien. Y se es constante en algo bueno, cuando no nos dejamos vencer por los factores externos que impiden realizar aquello en lo que somos perseverantes.

¿La perseverancia necesita de la ayuda divina? Si, aunque su naturaleza es humana, esta virtud necesita de la ayuda de la gracia porque para mantenerse en el bien es fundamental discernirlo solo desde el espíritu de Dios. El hombre puede distinguir entre el bien y el mal, pero para buscar el bien y mantenerse en el, se requiere de la ayuda divina porque solo no podría hacerlo.

¿Quién es perseverante es terco? No, la perseverancia no es terquedad que es cuando nos obstinamos o nos mantenemos inflexibles en cambiar de opinión o en reconocer que nos hemos equivocado sin siquiera analizarlo, cuando todo nos indica que estamos en el error. A la perseverancia se opone la inconstancia —un gran vicio—, que es la superficialidad con que cambiamos de opinión, de amigos, de trabajo o de objetivos, y demuestra, entre otras cosas, una gran superficialidad e inestabilidad en nuestras vidas. Lo grave de este vicio es que generalmente tampoco lo aceptamos, y nos vivimos disculpando ante los demás y ante nosotros mismos de todos nuestros vaivenes, tratando de dar explicaciones que justifiquen nuestra actitud. Si no conocemos a nuestros defectos interiores no podremos combatirlos. Hay personas que viven situaciones en condiciones tan desfavorables que necesitan tener temple de acero para salir adelante. Para ello hará falta la virtud de la tenacidad, que es  superior aún a la perseverancia por ser más aguda la meta a lograr, más ardua y difícil.

¿Para qué se necesita la virtud de la tenacidad? La tenacidad es la virtud que nos capacita para superar esfuerzos psicológicos superiores, sin que ellos nos venzan o nos fracturen. Es la resistencia relacionada con las tensiones del alma y de la voluntad, que conlleva una lucha espiritual. Por ejemplo podremos ser perseverantes en aprender bien y sin acento un idioma extranjero. Ahora, si queremos obtener un titulo académico teniendo algún impedimento físico que altere nuestros sentidos, necesitaremos enormes dosis de tenacidad —inclusive superando los dictámenes médicos—. Siempre nos generarán enorme respeto las personas que, aún con grandes limitaciones, se imponen a sí mismas un objetivo y nada las detiene.

¿Cómo vincular la constancia, la perseverancia y la tenacidad? Por medio del amor al bien que genera disciplina. La constancia practicada como estilo de vida y la perseverancia en dosis superiores a lo normal y prolongada en el tiempo, llevan a la tenacidad que florece sobre todas estas virtudes. La tenacidad no es terquedad, manteniéndonos enceguecidos. Esta no es una actitud cristiana sino viciada. La persona tenaz tiene ideales y objetivos elevados que la sostienen porque provienen de su propia naturaleza y de la divinidad.

Y ahora reflexionemos: ¿Cuáles son mis actos perseverantes, constantes y tenaces que me mantienen virtuosamente en el bien?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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