La virtud de la prudencia moral

Martes, 30 Octubre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la prudencia? Es una virtud que perfecciona a la razón para que delibere y juzgue bien sobre lo que desea hacer e impulse su realización.

¿Es correcto hablar de prudencia moral? Sí, la cual consiste en promover a la persona para que haga las cosas de la mejor forma posible. Mientras que la prudencia intelectual solo busca indagar y juzgar los mejores medio para hacer las cosas.

¿Entonces cuantas prudencias hay? Solo una. Lo que acontece es que esta virtud tiene tres dimensiones: el consejo, el juicio y la promoción del bien. Las dos primeras pertenecen al ámbito intelectual —que ya hemos estudiado anteriormente—. Pero la promoción del bien, es la dimensión que hace que la prudencia se conozca como virtud cardinal o moral. 

¿Por qué es tan importante la prudencia dentro de las virtudes? Porque gracias a su triple dimensión, perfecciona el intelecto y la forma de conseguir el bien. Dicho en palabras mas sencillas, la prudencia perfecciona nuestra manera de pensar y nos ayuda a realizar las cosas de la mejor forma. De ahí que esta virtud sea conocida como la virtud común. 

¿En que consiste la virtud de la prudencia moral? Para ser prudentes no basta con deliberar o aconsejarse bien y juzgar rectamente lo que debe hacerse. Es preciso poner en práctica lo que se ha juzgado como bueno. Pues bien esta puesta en práctica es lo que se conoce como prudencia moral. Ella consiste en mandar sobre uno mismo para realizar lo que se debe hacer. Puesto que solo uno mismo admite que se haga aquello que ya ha sido previamente analizado. Este acto de la prudencia es conocido como el imperio.

¿Ser prudente no es dejar de hacer las cosas? No, comúnmente cuando le decimos a alguien que ‘sea prudente’ con algo o con alguien; lo que en realidad le estamos diciendo consiste entre cosas:

  • Que se aconseje sobre lo que debe hacer.
  • Que según lo aconsejado y según sus propios juicios, decida que es lo que va realizar.
  • Que según la decisión tomada, mande sobre sí mismo para que lo haga.

Es decir, ser prudente es pensar muy bien y actuar. Jamás el convertirnos en prudentes es convertirnos en cobardes y miedosos. Ser prudente no es no meternos en problemas. Ser prudentes es decidir sobre cual es la mejor forma de conseguir aquello que considero como un bien para mi.

¿Cuál es el vicio de la prudencia moral? La inconstancia, que consiste en despreocuparse de llevar a cabo lo decidido. He aquí que estamos ante un imprudente. La persona inconstante es aquella que, a pesar de haber formulado propósitos correctos, sensatos, después no los pone en práctica ya sea por pereza, debilidad, cobardía, sensualidad. Es decir, por dejarse llevar de alguna pasión desordenada. Frecuentemente se pretende legitimar esta actitud negligente como prudencia.

¿Por qué es importante la prudencia para la vida en sociedad? Porque la prudencia no es una virtud exclusivamente individual, para el gobierno de la propia vida moral. Es más, la forma más perfecta y específica de la prudencia pertenece a la persona que, además de gobernarse a sí misma, tiene la función de gobernar a la comunidad. Esta virtud adquiere una especial importancia en la vida de quienes, tienen la función de dirigir, gobernar, enseñar, formar: políticos, maestros, padres de familia, pastores de la Iglesia.

¿Cuál es la importancia de la prudencia en la vida cristiana? La prudencia es la forma de todas las virtudes morales. Pero la prudencia, a su vez debe ser informada por la caridad. Esto quiere decir que por encima de los motivos de la persona prudente, hay otro más elevado: el amor sobrenatural a Dios. Esta es la prudencia cristiana, la cual mediante la fe informada por la caridad, abre al hombre a un ámbito de perfección para buscar la felicidad.

Es mas, se puede decir que la prudencia cristiana no sería verdadera prudencia si no contase con la gracia de Dios. Hay que establecer cierta conexión entre prudencia y esperanza. Porque si desde el punto de vista humano es imprudente emprender algo que no tiene probabilidades de éxito, no es contrario a la prudencia cristiana ir buscando lo que la gracia de Dios nos permite esperar.

Y para nuestra reflexión final sinceramente preguntémonos y respondámonos: ¿En que situaciones de mi vida soy prudente?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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