La virtud de la circunspección

Martes, 27 Noviembre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la circunspección? Es otra virtud auxiliar de la prudencia, que nos lleva a comparar las mejores posibilidades que tenemos, antes de tomar la elección para conseguir el bien anhelado.

¿Acaso no basta con saber si una cosa es buena o mala para saber elegir? No, como hemos dicho anteriormente cuando elegimos entre el bien y el mal —según nos convenga—, hacemos un juicio de conciencia. Pero luego de elegir el bien, la prudencia nos ayuda a evaluar y a seleccionar las mejores posibilidades para elegir entre tantas, la mejor para alcanzar el bien deseado. De esta manera, la prudencia tiene muchas virtudes que le ayudan en este proceso. Una de ellas es la circunspección.

¿Cuál es la esencia de la circunspección? Saber comparar entre las mejores posibilidades, antes de una elección. Para ello la circunspección siempre tiene en cuenta las circunstancias que vivimos. Una cosa es desear un bien y saber que lo podemos obtener; otra cosa es saber cual es la mejor forma de alcanzarlo; y otra muy distinta es saber si las circunstancias nos permiten obtener aquello que deseamos de la mejor manera.

¿En la vida práctica para que sirve esta virtud? Para tomarnos el tiempo de pensar y hacer las cosas bien. No podemos andar por la vida eligiendo bienes sin saber si nos convienen o no. A veces por ejemplo, creemos enamorarnos de alguien y comenzamos una relación afectiva con esa persona. En el mejor de los casos, medianamente tenemos un conocimiento previo de esta persona. Sin embargo, nos decimos a nosotros mismos: ‘en el camino nos conoceremos’. Pero nunca nos detenemos a pensar antes: ¿será que me conviene esta persona para mi vida? ¿qué quiero yo de mi vida afectiva? ¿cuál será el mejor momento para empezar una relación afectiva? ¿cuándo sabré que conozco suficientemente a alguien para proponerle que empecemos una relación afectiva?

Ahora bien, no solo en la vida sentimental se aplica la circunspección. En otras dimensiones de la vida cotidiana siempre es necesaria. Sobre todo cuando nos enfrentamos a tomar decisiones que cambian nuestra vida. La circunspección es una virtud humana que sabiéndola ejercer, nos hace volvernos dueños de nosotros mismos y aumenta el amor por nosotros y por los demás.

¿Qué alcances tiene esta virtud en la sociedad? Que nos preocupamos por educar a las demás personas para que sepan elegir. Quien vive la circunspección quiere que otros también la vivan. Puesto que quien la practica, difícilmente se equivoca. Sin embargo hay que saber, que si se cometen errores estos pueden ser por múltiples factores, no necesariamente por no ejercercitar la circunspección. Tengamos la seguridad que hasta el mismo Jesucristo ejerció esta virtud al momento de elegir a los 12 apóstoles. Puesto que entre tantos seguidores que tenia, eligió solo unos pocos. Es decir entre el bien, eligió lo mejor de este.

¿Cuál es el vicio de la circunspección? La precipitación y el no saber deliberar. Parecen lógicos estos vicios, pero no solo son ellos los que se oponen a la circunspección, sino todo lo que se deriva de ellos.

  • La precipitación: Es la rapidez con que tomamos decisiones sin elegir bien. La mayoría de veces tomamos decisiones sobre nuestra vida y la de los demás, sin pensar. Esto es triste, porque no hemos comprendido que la vida es un Don de Dios. Es un regalo de él. De ahí que debemos cuidar todos los detalles que tengan que ver con las decisiones que tomemos en nuestra vida y en la de los demás. Necesitamos tiempo para pensar ¿cuánto tiempo es necesario? el que sea, se trata de nuestra vida y debemos emplear el tiempo que consideremos justo y decidir. Tampoco podemos esperar que la vida, el tiempo y otras personas, tomen determinaciones sobre nosotros, debido a nuestra negligencia e impotencia para decidir.
  • No saber deliberar: Es sacar conclusiones erradas sobre algo, cuando tenemos los elementos necesarios para razonar bien. Tal vez por vivir en un mundo de consumo inmediato, pensamos que ‘pensar’ también se hace rápido. Por ello no solo la precipitación es un vicio, sino el no saber deliberar. Es común que hagamos juicios sin indagar. Tanto así que decimos no necesitar conocer las cosas, para saber de que se tratan. Damos todo por supuesto. De ahí que no solo la verdad esté en crisis, sino que por tomar las cosas de prisa y sin saber lo que decimos, tenemos que enfrentar malas consecuencias.

¿Cómo vivir la circunspección de manera práctica? Con amor propio. Cada decisión que tomemos sobre nosotros mismos, merece la pena que la hagamos bien tomándonos un tiempo para pensar y decidir. Desde la ropa que vestimos, los alimentos que consumimos y todo lo que afecte nuestra vida. Especialmente en el ámbito educativo y sin lamentarnos:

  • La educación: Es para todas las personas, no solo para los niños. Debemos enseñar a los demás a que tomen sus propias decisiones valorando bien lo que deciden. A los niños se les prohíben ciertas cosas, pero es necesario enseñarles porque es nocivo aquello que se les prohíbe. Y además hay que enseñarle a buscar otras alternativas y acompañarlos a que decidan bien. 
  • Lamentarse: Quien decide bien sobre algo, nunca se lamenta así las cosas no salgan como esperaba. Puesto que el tomar una decisión implica valorar todas las posibilidades para elegir bien. Los únicos que se lamentan son los niños cuando nadie los orienta, porque ellos quieren las cosas inmediatamente y cuando las consiguen por su propia cuenta, a veces se llevan sorpresas desagradables y se lamentan de lo que hacen. No podemos seguir eligiendo sobre nuestra vida y después lamentarnos. Pregúntate: ¿Conoces a alguien que quejándose o explicando el porqué fue que no salieron las cosas bien, ha progresado en su vida?

Finalmente reflexionemos para comenzar a ejercer la circunspección: ¿En que situaciones me cuesta tomar decisiones que afectan mi vida no hago nada por miedo o mediocridad?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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