La vida teologal

Miércoles, 05 Diciembre 2018 00:00 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la vida teologal? Es la vida según las virtudes. Es decir, se trata de vivir según el ejercicio constante de las virtudes.

¿Entonces la vida teologal se trata de una vida ‘muy humana’? Más que eso. Quien vive según las virtudes humanas, vive virtuosamente. Pero quien vive las virtudes humanas y las divinas, vive teologalmente. De manera que el hombre virtuoso, no siempre es un hombre teologal. Pero el hombre para vivir de forma teologal, tiene que ser virtuoso.

¿Para que sirve una vida teologal? Para ser perfectos como Dios lo desea. Las personas que no creen en Dios —por ejemplo—, pero que practican todas las virtudes humanas con sinceridad y rectitud, son personas buenas. En cambio, quienes practican las virtudes teologales, no solo son buenas sino que pueden llegar a ser perfectas.

¿No basta ser bueno ante tanta maldad en el mundo? No, no basta. Hay que buscar la perfección. Ser buenos es parte del proceso, pero no el fin. Conformarnos con ser buenos sería una salida mediocre. Puesto que el bueno solo se preocupa por él, aunque vean que otros no sean buenos, desea ayudarlos pero no se compromete a convertirlos. Y no porque no quiera, sino porque no sabe que mecanismo usar para hacerlo. Por eso el bueno se la pasa inmerso en el mundo de la ética, buscando una solución social ante la maldad. Un claro ejemplo lo expone Aristóteles en La ética a Nicómaco.  Donde muestra que el esfuerzo por vivir en la virtud, nos hará hombres de bien y mejores ciudadanos.

¿Qué se necesita para vivir teologalmente? Se necesita ser gente buena, no ‘buena gente’. Es decir la bondad es el punto de partida. Para ser buenos hay que vivir todas las virtudes humanas. Quien es honesto en su forma de vivir la vida virtuosa, sabe que por medio de la virtud de la sabiduría, el hombre descubre la necesidad de encontrarse con Dios. Esta virtud, se convierte es una puerta para la vida teologal. Quien es honesto y se encuentra con esta virtud, no la puede ignorar, tiene que tomar una postura. O la ejerce o la deja de lado.

¿Por qué vivir de manera teologal? Porque quien vive de manera teologal, vive según el designio de Dios. Así lo enseño el mismo Jesús: «Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial» (Mt 5,48). De esta forma quien descubre la necesidad de vivir según el plan divino, ha encontrado un tesoro. Ya el querer vivir según Dios, es abrir una puerta en medio de nuestra libertad, para el encuentro con el amor. Quien busca vivir teologalmente, descubre que Dios nos hizo para él. Esto mismo lo han descubierto los santos.  Así nos lo enseñó San Agustín de Hipona: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti» (Confesiones I, 1, 1). 

¿Cuáles son los problemas que enfrentamos para vivir teologalmente? La lista es innumerable. Podríamos decir que cualquier obstáculo para vivir la fe, la esperanza y la caridad que provienen de Dios, se consideran un serio problema. Más aún, cualquier impedimento para vivir los Dones y Frutos del Espíritu Santo, es señal evidente de que no se podemos vivir teologalmente. En la vida teologal no caben las excusas, sin embargo hay factores hoy que nos enceguecen para vivir teologalmente:

  • La ley: Vivimos en un mundo que se mueve por leyes. Y nosotros para demostrar que somos gente buena acatamos las leyes. Pero no todas las leyes son buenas, hay leyes que no buscan ayudar sino destruir. Por tanto la ley mala no es ley verdadera. El problema está en que queremos vivir la fe cristiana según la norma y sin salirnos de ella. Esto aunque esté bien intencionado nos lleva a un legalismo absurdo. Es decir, muchos cristianos piensan que si hacen algo que la ley no contempla,  están viviendo una vida pecaminosa. De ahí que como resultado muchos vivamos la fe de manera escrupulosa. 
  • La certeza: Ya no tenemos tiempo para pensar. Queremos que todo se resuelva instantáneamente. Y eso mismo esperamos de la tecnología. Pues bien, como no tenemos tiempo para nada, creemos que ya todo está dicho. Ya no buscamos la verdad, lo que queremos es tener seguridad. Y la certeza es garantía de que nadie se equivoca. Esto es un serio problema, porque si no hay una apertura a la verdad, no hay una apertura a la vida teologal.
  • El buenísmo: Creemos que somos tan buenos, que en ocasiones nos excedemos en lo mismo buenos que somos, eso es el buenismo. Este es el caso de algunos políticos que viven señalando a los malos y presentándose ellos como los buenos. Como también es el caso de quienes marchan y protestan contra la impunidad y la injustica porque hay muchos impuestos que pagar. Pero ninguno de ellos sabe en el fondo que pelea. Solo les enorgullece falsamente presentarse como los caudillos, los ‘falsos mesías’ o los idiotas útiles, que nos hacen creer que en el mundo solo caben los buenos y que hay que eliminar a los malos. ¿En serio esto es ser bueno? Lo mismo ocurre en la fe cristiana, nos creemos tan buenos, que no hacemos oración y mucho menos practicamos la vida sacramental, porque no lo necesitamos. Y más triste aun, es que pensamos que solo los cristianos somos los verdaderamente buenos. Puesto que los que no son como nosotros —cristianos, católicos, apostólicos y romanos—, no son buenos.

Ahora reflexionemos: ¿Qué me impide vivir teologalmente?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

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