La virtud como camino de santidad

Martes, 18 Diciembre 2018 21:32 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la santidad? La santidad es un propósito al que están llamados todos los creyentes católicos bautizados y que se alcanza sólo en el Cielo, después de luchar toda la vida, contando con la ayuda de Dios.

¿Qué significa ser santos? Ser santos significa parecerse a Jesucristo en todo: pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. El rasgo más característico de la santidad es la caridad —amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo—, que informa todas las virtudes: humildad, justicia, laboriosidad, castidad, obediencia, alegría, etc.

¿Quiénes deben aspirar a ser santos? Todos los creyentes que vivimos la fe cristiana de la Iglesia, porque reconocemos que solo Dios es el único santo y aspiramos a ser como él. No con nuestro propio esfuerzo sino con su ayuda divina.

¿Se puede ser creyente sin aspirar a ser santo? No, quien se pregunta esto es porque vive la fe de una forma ligthy de solo apariencias. Ser católico no es un estilo de vida o una moda. Ser católico es vivir según la verdad. Y quien encuentra la verdad halla el sentido pleno de la vida porque se encuentra solo en Dios. De tal forma que la persona al encontrarla la desea con un anhelo inconmensurable, pues no se trata de cualquier verdad, sino la que le da razón a nuestra existencia, Dios. De ahí que ser creyente en Dios consista en vivir a plenitud la verdad. Pues se quiere ser tan bueno como lo es él. Es imposible reconocernos hijos de Dios y no querer ser tan santos como el mismo Dios. 

¿Cómo se relacionan las virtudes con la santidad? De una forma muy estrecha, porque las virtudes son el medio para llegar a ser santos. Es decir, se requiere esfuerzo personal y una apertura a Dios para recibir la gracia, los Dones y demás virtudes sobrenaturales que solo provienen de él.

¿Todo virtuoso debe aspirar a ser santo? Si es honesto sí. Puesto que como ya lo hemos dicho anteriormente, todo hombre virtuoso en algún momento de su vida se encuentra con la virtud de la Sabiduría. Es decir, se encuentra con la pregunta por el sentido de vida personal y la existencia de Dios. De ahí que el virtuoso quiera conocer la verdad divina y aspire a ser santo. Sin embargo, hay quienes son virtuosos pero no creyentes, claramente no viven a plenitud la Sabiduría o se niegan hacerlo. Esto no quiere decir que sean malas personas, al contrario el virtuoso se esfuerza por ser el mejor. Pero lo que es claro es que será imposible ser santo sin una vida de fe.

¿Cómo obtener la certeza de que llegaremos a la santidad? Qué bonita pregunta. Santo Domingo Savio le preguntó algo parecido a San Juan Bosco y de la respuesta que él le dio, el niño le pidió a Don Bosco ‘ayúdame a ser santo’. Pues bien, la respuesta a este interrogante la encontraremos de forma alegre en el Cielo cuando retornemos a la casa del Padre. La meta de la santidad es el Cielo. Allí cuando nos encontremos miraremos hacia atrás y sabremos si hemos llegado a la santidad. Es más, tendremos delante a Dios a quien le podremos preguntar directamente y con seguridad él nos responderá. 

Tengamos presente que los santos no son los únicos que aparecen en los calendarios o los que canoniza el Papa. Estos solo son un pequeño grupo que la Iglesia en su inmensa sabiduría los ha destacado como ejemplos de virtud plena en Dios. Por ello es usual que nos preguntemos ¿cuál es mi santo preferido y por qué?

Además, muchos de nosotros con seguridad conocemos algunos casos donde vemos personas que se han esforzado por vivir según el querer de Dios. Son incluso mas pecadores que nosotros y se han convertido o luchan contra la mezquindad y el pecado para mantenerse en gracia de Dios. Miremos alrededor nuestro y encontraremos muchos casos más. Basta con mirar a nuestros padres, abuelos, vecinos, amigos, etc.

¿Las personas virtuosas no creyentes pueden ser santos? Claro que, todos estamos llamados a la santidad. Es un deber de quienes creemos trabajar para que los no creyentes crean, de lo contrario no existirá la santidad para ellos. Muchos de ellos no creen por ignorancia. La incredulidad no siempre es por rebeldía.

¿Cuáles son los peligros contra la santidad? Todos aquellos que atenten contra las virtudes humanas y teologales. Recientemente el Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate —sobre el llamado a la santidad en el mundo actual—, señaló dos peligros grandes:

  • El gnosticismo actual: El gnosticismo fue una herejía que se desarrolló durante los primeros siglos del cristianismo y que prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación. Esto ocurre actualmente, pues en muchos casos las personas buscan conocer los misterios de la fe sin necesidad de recurrir a Dios. Dice el Papa Francisco: «El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos» GE 36.
  • El pelagianismo actual: El pelagianismo fue una herejía de los siglos IV-V. Esta negaba el pecado original y afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por un esfuerzo en la práctica de la misma. Es decir el hombre se salva solo por el esfuerzo personal que recibe una recompensa. De tal manera que en la actualidad muchos consideran que la religión no es una virtud, sino un accesorio de la sociedad. Dice el Papa Francisco: «Todavía hay cristianos que se empeñan en seguir otro camino: el de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor. Se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. En esto algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo». GE 57

En síntesis, estos peligros buscan anular el poder sobrenatural de Dios. Re conozcamos que podemos ser hombre muy virtuosos, pero siempre nos faltará algo para ser perfectos, Dios. Por eso mismo el que quiere ser santo parte de una vida virtuosa al encuentro con Jesucristo para querer ser como él.

Ahora reflexionemos: ¿Cuál es mi mejor virtud con la que aspiro hoy mismo comienzo a abrir mi camino hacia la santidad?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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