La esperanza y el deseo

Jueves, 14 Marzo 2019 19:40 Escrito por 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cómo desear las cosas con Esperanza? Porque no se trata de cualquier bien, ya que cualquier deseo ‘espera’ conseguir aquello que anhela porque lo entendemos como un bien. En cambio, la Esperanza se refiere a un bien arduo, difícil de alcanzar.

¿Cómo sabemos si aquello que deseamos es un bien cualquiera o un bien arduo? Porque llegado el caso, si podemos prescindir de aquello que deseamos, porque lo vemos difícil de obtener, entonces se trata de una esperanza humana puesta en el deseo. En cambio, si lo que deseamos tiende a un bien que aunque difícil es posible de alcanzar, implica por tanto una Esperanza divina porque nos da cierta seguridad de conseguirlo.

¿Cómo perfeccionar nuestros deseos? No todo lo que deseamos es malo. Y no todo los deseos deben ‘desearse’ con la Esperanza teologal. Sin embargo, para perfeccionar todos nuestros apetitos es necesario educarnos ayudados de la Esperanza teologal. Para ello es importante seguir estos cuatro consejos de Santo Tomás de Aquino (Cuestiones disputadas sobre la Esperanza, a.1):

  • Primero: Que lo que deseemos se un bien, libre de cualquier temor.
  • Segundo: Que lo que deseemos se un bien futuro, libre del goce y del placer.
  • Tercero: Que lo que deseemos se un bien arduo, libre del deseo de la inmediatez.
  • Cuarto: Que lo que deseemos se un bien posible, libre de cualquier tipo de desesperanza.

¿Cómo alcanzar un bien arduo? Siguiendo con la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, un bien puede ser alcanzado de dos modos: por el poder de uno mismo, o por la ayuda de otro. Esto último es posible gracias a los amigos. Sin embargo, el bien arduo —o sumo bien—, que es la felicidad eterna, sólo podemos alcanzarlo mediante el auxilio divino. Tal como lo enseñó el apóstol San Pablo: «El don gratuito de Dios es la vida eterna; por tanto, la esperanza de lograr la vida eterna tiene dos objetos: la vida eterna misma, que se espera; y el auxilio divino, de quien se espera» Rm 6,23.

Ahora reflexionemos con el corazón: ¿De que forma estamos buscando la felicidad verdadera?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

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