fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

«Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos». Lc 15,1-32 Domingo XXIV Tiempo Ordinario Ciclo C.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El Domingo es el día del Señor, permitámonos que el Evangelio nos hable con preguntas difíciles de responder para crecer en la Fe.

Preguntémonos a nosotros mismos: 

  • ¿Qué debo cambiar en mi para que pueda alegrarme de las verdaderas alegrías de los demás y no los envidie?

Cuestionémonos sobre la relación con los demás:

  • ¿Actuó siempre como un instrumento de Dios para que vuelvan a la vida aquellos que están lejos del Evangelio o me es indiferente hacerlo?

Interroguémonos sobre la relación que tenemos con Dios:

  • ¿Qué me falta para que finalmente me deje encontrar por Dios quien me busca como a su oveja perdida y no actúe haciéndome el desentendido?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

 

«Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío». Lc 14,25-33 Domingo XXIII Tiempo Ordinario Ciclo C.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El Domingo es el día del Señor, permitámonos que a través del Evangelio Jesucristo nos hable con preguntas difíciles de responder para crecer en la Fe.

Cuestionemos a nosotros mismos: 

  • ¿A que he renunciado para seguir a Jesús?

Cuestionémonos en la relación con los demás:

  • ¿Cómo le enseño a otros que para ser discípulo de Jesús la exigencia es alta?

Cuestionémonos en la relación con los Dios:

  • ¿Qué me falta para asumir a Jesús como un proyecto de vida?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo! 

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”». Lc 14,1.7-14 Domingo XXII Tiempo Ordinario Ciclo C.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El Domingo es el día del Señor, permitámonos que él a través de su Evangelio nos hable con preguntas difíciles de responder para crecer en la Fe.

En primer lugar cuestionemos sobre nosotros mismos: 

  • ¿A quién estoy invitando a mi vida y que lugar le estoy dando?
  • ¿A quién no he sido capaz de invitar al primer lugar de mi vida; y a quién no he sido capaz de quitar de ese primer puesto inmerecido?
  • ¿A veces soy el último por incapaz y negligente; o porque busco una falsa compasión; o porque en verdad busco la virtud de la humildad? 

En segundo lugar cuestionémonos sobre la relación que tenemos con los demás:

  • ¿En la vida de quién ocupo un lugar y dónde estoy sentado?
  • ¿En la vida de quién me siento en el primer lugar esperando un beneficio?
  • ¿En la vida de quién no soy capaz de sentarme ni siquiera en el último lugar?

Y en tercer lugar cuestionémonos sobre nuestra relación con Dios:

  • ¿Cuándo he sacado a Dios del primer lugar de mi vida?
  • ¿Cuándo le he enseñado a otro que deje sentar a Dios en el primer lugar de su vida?
  • ¿Por qué me cuesta comprometerme con Dios para que ocupe un lugar en mi vida?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo! 

La Esperanza y la Fe

Viernes, 22 Marzo 2019 14:31

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué relación hay entre estas dos virtudes teologales? En que ambas virtudes son necesarias para vivir a Dios en la tierra, puesto que cuando estemos ante él ya no las necesitaremos. Veremos cara a cara al mismo Dios por el cual hemos esperado creído. 

Este tema es mucho más profundo, pero vamos a seguir tres enseñanzas clave del Papa Francisco que nos invita a unir la Fe y la Esperanza como una necesidad prioritaria. Hay que encender las alarmas si cristianamente no vivimos con estas dos virtudes teologales. Esta reflexión esta basada en la Audiencia general sobre la Esperanza y la Fe (29.3.2017).

¿Cuál es la relación estrecha entre la Esperanza y la Fe? «La gran Esperanza arraiga en la Fe, y precisamente por eso es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios».

¿Por qué nuestra Esperanza cotidiana debe estar fundada en Dios? «Una esperanza fundada en una promesa que, desde el punto de vista humano, parece incierta e imprevisible, pero que no desfallece ni siquiera ante la muerte, cuando quien promete es el Dios de la Resurrección y de la vida. ¡Esto no lo promete uno cualquiera! Quien promete es el Dios de la Resurrección y de la vida».

¿Cómo hacer que la Esperanza y la Fe no sean un ideal inalcanzable? «Hay un solo precio: ‘abrir el corazón’. Abramos nuestros corazones y esa fuerza de Dios que nos llevará adelante, hará cosas milagrosas y nos enseñará qué es la Esperanza. Ese es el único precio: abrir el corazón a la Fe y Él hará el resto».

Ahora reflexionemos con una pregunta que nos hace el mismo Papa Francisco: ¿Estamos convencidos de que Dios nos quiere mucho y que todo lo que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo! 

La esperanza y el deseo

Jueves, 14 Marzo 2019 19:40

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cómo desear las cosas con Esperanza? Porque no se trata de cualquier bien, ya que cualquier deseo ‘espera’ conseguir aquello que anhela porque lo entendemos como un bien. En cambio, la Esperanza se refiere a un bien arduo, difícil de alcanzar.

¿Cómo sabemos si aquello que deseamos es un bien cualquiera o un bien arduo? Porque llegado el caso, si podemos prescindir de aquello que deseamos, porque lo vemos difícil de obtener, entonces se trata de una esperanza humana puesta en el deseo. En cambio, si lo que deseamos tiende a un bien que aunque difícil es posible de alcanzar, implica por tanto una Esperanza divina porque nos da cierta seguridad de conseguirlo.

¿Cómo perfeccionar nuestros deseos? No todo lo que deseamos es malo. Y no todo los deseos deben ‘desearse’ con la Esperanza teologal. Sin embargo, para perfeccionar todos nuestros apetitos es necesario educarnos ayudados de la Esperanza teologal. Para ello es importante seguir estos cuatro consejos de Santo Tomás de Aquino (Cuestiones disputadas sobre la Esperanza, a.1):

  • Primero: Que lo que deseemos se un bien, libre de cualquier temor.
  • Segundo: Que lo que deseemos se un bien futuro, libre del goce y del placer.
  • Tercero: Que lo que deseemos se un bien arduo, libre del deseo de la inmediatez.
  • Cuarto: Que lo que deseemos se un bien posible, libre de cualquier tipo de desesperanza.

¿Cómo alcanzar un bien arduo? Siguiendo con la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, un bien puede ser alcanzado de dos modos: por el poder de uno mismo, o por la ayuda de otro. Esto último es posible gracias a los amigos. Sin embargo, el bien arduo —o sumo bien—, que es la felicidad eterna, sólo podemos alcanzarlo mediante el auxilio divino. Tal como lo enseñó el apóstol San Pablo: «El don gratuito de Dios es la vida eterna; por tanto, la esperanza de lograr la vida eterna tiene dos objetos: la vida eterna misma, que se espera; y el auxilio divino, de quien se espera» Rm 6,23.

Ahora reflexionemos con el corazón: ¿De que forma estamos buscando la felicidad verdadera?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Saber cuidar la Esperanza

Jueves, 07 Marzo 2019 18:06

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Por qué se dice que se debe cuidar la Esperanza? Porque la Esperanza como virtud teologal, nos ha sido dada para que alcancemos la felicidad. Por tanto no solo debemos cuidarla sino pedirla.

¿Cómo se debe cuidar la Esperanza? El Papa Benedicto XVI nos enseñó en su encíclica Spe Salvi,cuatro puntos concretos para cultivar y alimentar la Esperanza: La oración, las acciones humanas, la justicia divina y el sufrimiento.

  • La oración: «Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme, él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad el que reza nunca está totalmente solo» SpS 32.
  • Las acciones humanas: «Toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acción. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que el mundo llegue a ser un poco más luminoso y humano. Y solamente si sé que mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiados por el poder indestructible del amor, puedo esperar» SpS 35.
  • La justicia divina: Es imposible que la injusticia de la historia sea la última palabra. Pero en su justicia está también la gracia no excluye la justicia. Al final, los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada. (Cf. SpS 43-44).
  • El sufrimiento: «Como lugar de aprendizaje de la esperanza. Conviene ciertamente hacer todo lo posible para disminuir el sufrimiento, sin embargo, lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» SpS 36.

Ahora reflexionemos con el corazón: ¿Cómo sabemos que vivimos esperanzados teologalmente y no desesperados?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La Esperanza y la moral cristiana

Miércoles, 27 Febrero 2019 17:15

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cuál es la relación ente la Esperanza y la moral cristiana? Qué la Esperanza —entendida como virtud sobrenatural—, tiene implicaciones trascendentales en la vida cotidiana del cristiano. Puesto que nuestros actos van dirigidos con anhelo de felicidad que solo serán saciados si nos mantenemos en la verdad del Evangelio. Es decir, la moral cristiana no es la moral del cumplimiento de la ley, sino la que lleva a la felicidad del amor que perfecciona la ley.

¿Por qué es importante relacionar la Esperanza con la moral cristiana? Porque no es cualquier tipo de Esperanza la que vivimos. Se trata de una virtud concedida por el mismo Dios. Por tanto no es un anhelo pasajero o un alivio de conciencia ante nuestras frustraciones; y tampoco se trata de una ideología cristiana. La Esperanza en la vida moral tiene implicaciones trascendentales, así lo explicó el Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi: «La esperanza cristiana es distinta a todas las otras porque ofrece la unión con Dios a través de Jesucristo» SpS 31. De ahí que el Papa explicó que la Esperanza debe ser: cristocéntrica, comunitaria, garantía de salvación y medio de purificación (cf. SpS 47-48): 

  • Cristocentrica: La Esperanza es el centro del cristiano, que es más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo.
  • Comunitaria: Todos los aspectos de la fe cristiana, incluida la Esperanza, son compartidos con los demás creyentes mediante nuestra comunión con Cristo Jesús.
  • Garantía de Salvación: Consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y misericordioso. Esta Esperanza es nuestra salvación.
  • Purificación: El Purgatorio es un aspecto de la Esperanza cristiana. Conlleva la promesa de que quienes mueren en amistad con Dios,  pero aún así sufren las consecuencias del pecado, no permanecerán en ese estado eternamente, el cual les incapacitaría para lograr la unión final con Dios.

¿Entonces hay que pedirle a Dios que nos otorgue la virtud de la Esperanza, puesto que con ella garantizamos la salvación? Si, pero no podemos pensar que la salvación es un aspecto personal. La Esperanza no opera como si fuera una dieta, es decir no vale solo el esfuerzo personal sin importar lo que pase con los demás. El mismo Papa Benedicto XVI nos lo recordó: «Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal» SpS 48.

¿Cuál es el fundamento de la esperanza sobrenatural? Cristo. En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre hay bajo el cielo dado a los hombres por el que podamos salvarnos (cf. Hch 4, 12; Hb 6, 19-20). Por ello la Esperanza posee un ámbito de certeza, de filiación, sentido de Iglesia y de comunidad.

  • La certeza cristiana: Se fundamenta en la fidelidad de Dios. Sin embargo, en cuanto supone la cooperación humana, la Esperanza incluye incertidumbre y temor. 
  • La filiación: Porque la filiación divina, es un don que Cristo ha ganado para el hombre y además está orientada a que el cristiano viva en plenitud como hijo de Dios.
  • El sentido de Iglesia: La contemporaneidad de Cristo respecto al hombre de cada época se realiza en el cuerpo vivo de la Iglesia.
  • El sentido de comunidad: La Esperanza cristiana no es solo personal, sino también comunitaria porque implica la dimensión social de la vivencia de la Fe.

¿Cómo es posible vivir la Esperanza teologal con sentido humano? De muchas maneras, pero el factor común radica en la vivencia de la virtudes humanas que se abren a las teologales. No existe otro camino sino el encuentro de las virtudes; es decir, el encuentro entre el esfuerzo personal y el don sobrenatural. Ahora bien, una virtud humana que nos ayuda a comprender la Esperanza en la Fortaleza.

¿Cuál es la relación entre la Esperanza y la Fortaleza? En que la Esperanza no solo garantiza la certeza de salvación, sino que le concede a la persona mantenerse en la Fortaleza de manera firme en medio de las dificultades para alcanzarla. Y en ello Cristo es el mejor modelo, puesto que demostró en grado supremo la Fortaleza en el martirio, en el sacrificio de la cruz, confirmando en su propia carne lo que había aconsejado a sus discípulos: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno» (Mt 10, 28). Aquí radica la importancia de comprender a Cristo como hombre, fiel al Padre y referente para nosotros:

  • Cristo hombre: A lo largo de su vida en la tierra, asumió y experimentó la debilidad humana, que se manifestó de modo especial durante su oración en Getsemaní (cf. Mt 26, 38).
  • Cristo fiel: Se mantuvo firme en el cumplimiento de la voluntad del Padre y se identificó con ella.
  • Cristo referente: El discípulo de Cristo, sabe que ha de seguir a su Maestro llevando la cruz. Por ello no le bastan las fuerzas humanas para alcanzar la meta a la que está destinado. Se necesita de la Esperanza sobrenatural. 

¿Cuál es la forma mas palpable de comprender la Esperanza y la Fortaleza? Existen muchos ejemplos en la vida cotidiana. Por ejemplo el esfuerzo y educación de nuestros padres para educarnos en la Fe. También existen otros ejemplos como los cristianos que viven en ambientes ‘anticristianos’ haciéndoles incluso dudar de la salvación. Otros por ejemplo a pesar de las dificultades cotidianas, se mantienen firmes en la Fe para no pecar así sea venialmente. Esto último puede Parecer ridículo y cursi para muchos, pero allí es donde en verdad la Esperanza y la Fortaleza se necesitan. En la vida cotidiana no basta con el esfuerzo humano para no pecar en las cosas simples, necesitamos del auxilio divino para lograrlo. Por ello podríamos decir que es la vida cristiana diaria, donde comprendemos que ‘la esperanza y la fortaleza se besan’.

¿Existe alguna consecuencia extrema por vivir la Fe por medio de la Esperanza y la Fortaleza? Efectivamente, la consecuencia más extrema es ser feliz. De ahí que no tengamos miedo a la muerte; y mucho menos en dar la vida por Cristo mismo si fuera necesario. Ya que en la sangre de los mártires se evidencia el testimonio del amor coherente y filial a Dios, por medio de la vivencia de la Esperanza y de la Fortaleza. Dicho en otras palabras más profundas, la Fortaleza en el martirio no consiste en el hecho de recibir la muerte, sino en recibirla por conservar un bien más importante.

Ahora reflexionemos con el corazón: ¿Vivimos nuestra Fe con Esperanza y Fortaleza a pesar de cualquier dificultad por simple que sea? Si la respuesta es negativa ¿Qué estamos esperando para cambiar de manera constante y coherente la moral cristiana que vivimos? O… ¿Será qué estamos en una ‘zona confort’ donde vivimos la Fe solo a ratos y no necesitamos de la Esperanza y de la Fortaleza?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La esperanza cristiana

Miércoles, 20 Febrero 2019 18:02

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la esperanza? La esperanza es una virtud teologal que permite al hombre desear un como bien para sí mismo el bien de Dios todavía no poseído, elevando su voluntad de manera sobrenatural por medio de la Gracia. Dicho en palabras mas simples es desear tener la felicidad eterna en la vida terrenal.

¿Por qué la esperanza es una virtud teologal? Porque tiene a Dios como motivo, como objeto y como fin: el cristiano espera por Dios, espera a Dios, espera para amar a Dios. Es decir al igual que la Fe, la esperanza es una virtud que proviene de Dios, no está en la naturaleza humana. Como lo dijo Santo Tomás es un don gratuito de Dios: «La capacidad de esperar en virtud de la cual se espera la bienaventuranza, no procede del mérito, sino únicamente de la gracia» (Suma de Teología II-II q. 17, a. 1, ad 2).

¿En qué se diferencia la esperanza teologal con la esperanza humana? En que la esperanza teologal es una virtud que vivimos en la tierra como garantía de alcanzar la felicidad eterna. Mientras que la esperanza humana se basa en encontrar certezas a corto plazo, reales, realizables, visibles y demostrables. En realidad la esperanza humana lo que busca que alcanzar algo sin que le mientan. De fondo el anhelo por alcanzar la verdad de fundamenta en la esperanza. Pero esto no quiere decir que la esperanza teologal no sea real, realizable, visible y demostrable. Lo que pasa es que como hombres queremos buscamos la certeza de la inmediatez que nos da satisfacción. Mientras que la esperanza teologal no garantiza el gozo de que la felicidad es una realidad ‘real, realizable, visible y demostrable’ de manera infinita.

¿Cómo entender la esperanza teologal en nuestras vidas? Es un acto de la voluntad, un anhelo, un impulso, un deseo eficaz de Dios mismo. Se funda en la Fe, por la que se conoce tanto la Bondad, la Omnipotencia y la Misericordia de Dios, como la posibilidad de alcanzarlo en razón de su promesa. Además hay que decir que la esperanza es una virtud propia del hombre, pues Dios no necesita vivir con esperanza. Dicho en palabras simples, la esperanza como virtud para nosotros es unaparticipación por semejanza en la voluntad divina, pero imperfecta, pues en Dios no hay esperanza, sino posesión del Bien que es Él mismo.

¿Entonces la esperanza es una ilusión o una anestesia para la conciencia de que todo en Dios es mejor? Si no tienes Fe entonces si. La esperanza teologal es la alegría del cristiano que le permite reconocer en su camino de imperfecciones, la disciplina personal y el aliento sobrenatural para alcanzar la perfección. La esperanza teologal no es un alivio para la conciencia o un paliativo que calma el dolor pero no cura la enfermedad. La esperanza teologal es tan real que se integra a la razón humana por la Fe. Por ello el esperanzado en Dios nunca queda defraudado.

¿Qué enseña la Iglesia sobre la esperanza teologal? La mejor respuesta y de manera sucinta se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica: «La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» CEC 1817. 

¿Entonces la esperanza es otra forma de conocimiento? Si. No solo nos basta la razón y la Fe para conocer, necesitamos de la esperanza. El mejor argumento sobre este tema lo escribió el Papa Benedicto XVI en la carta encíclica Spe Salvi (SpS.), que trata sobre la esperanza cristiana. En esta encíclica el Papa afirmó que la esperanza siendo una virtud sobrenatural, es a la vez humana porque es libre y razonable, pues tiene como fundamento la lealtad omnipotente de Dios. Solo espera quien quiere esperar. De manera que ningún tipo de esperanza satisface al hombre totalmente (SpS. 30). Y por eso el hombre necesita creer en una esperanza de infinito que colme su sed de verdad (SpS. 30). Así lo dijo expresamente el Papa:

«A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar» (SpS. 30).

¿En qué nos beneficia la esperanza? Esta pregunta obedece a practicidad y visibilidad de la esperanza. Pues bien, hay que decir que la esperanza teologal está íntimamente ligada al deseo infinito de felicidad. Puesto que purifica y ordena las esperanzas humanas al querer de Dios. Además nos anima a seguir trabajando por la civilización del amor sin sentirnos desalentados o llenos de envidia y egoísmo. Y lo más importante es que nos capacita en la vivencia del verdadero amor de Dios, la caridad. Así lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

«Corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad» CEC 1818. 

De la misma manera la Palabra de Dios nos alienta a cultivar y perseverar en la esperanza como un bello signo de fidelidad: «Mantengamos firme la confesión de la esperanza, porque fiel es el que hizo la promesa» Hb 10,23.

Ahora reflexionemos: ¿Tu felicidad depende de la esperanza teologal; o de la capacidad adquisitiva económica y de la salud corporal que tengas para alcanzar ‘el bienestar’ que te mereces? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

El crecimiento en la Fe

Jueves, 14 Febrero 2019 17:47

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Es necesario crecer en la Fe? Claro que si, puesto que la Fe se nos ha sido dada para vivirla y profundizarla. Todo esto para vincularnos más a Dios, puesto quien crece en la Fe se da cuenta de que sin Dios la vida no tiene sentido.

¿Cómo es posible que la Fe crezca si es una virtud infusa? Efectivamente la Fe se nos ha dado gracias al querer de Dios. Pero debemos saber que es una virtud performativa no formativa. Es decir, una de las cualidades de la Fe es que puede ser moldeada para perfeccionarla o para abandonarla. No se trata de una virtud ya hecha que solo necesite ejercerse y ya. La Fe al igual que las demás virtudes no funcionan como un ‘automatismo’. Vale recordar que las virtudes humanas como las teologales, son cualidades que perfeccionan a la persona. Por ello la Fe y ninguna virtud puede ser vivida como una costumbre. Ahora bien, ya que la Fe es moldeable —por decirlo de alguna manera—, ella crece gracias al ejercicio de las demás virtudes que practicamos, como también al esfuerzo humano por ejercerlas.

¿Qué debemos hacer para que crezca la Fe? Vivirla, fórmanos en ella y vincularla integralmente con las demás virtudes. Es importante que hagamos toda esta dinámica para que nuestra Fe aumente. Recordemos que la Fe teologal es una forma de conocimiento y luz que ilumina nuestra razón. De manera que ella crece como aquella persona que se preocupa por su salud, entonces va al medico, toma las medicinas, se alimenta bien, hace ejercicio e integra todo esto en un plan de vida; ya que quien se preocupa por su salud corporal lo hace con agrado y no como una dieta o rutina que le tortura.

Es hora ya de preocuparnos porque nuestra Fe crezca. Alimentémosla, vivámosla, ejercitémosla. Y sobre todo pidámosla a Dios siempre porque ella aunque se adapta a nuestra naturaleza no es humana. ¿Qué estamos esperando para comenzar a crecer espiritualmente en la Fe? No podemos se tan cobardes y negligentes esperando que la enfermedad o la muerte nos acompañen para comenzar a preguntarnos sobre el crecimiento en la Fe.

¿Cómo alimentar la Fe? Como existen muchas maneras de hacerlo y dependen de cada caso en concreto, el mejor recurso es solicitar el acompañamiento de un asesor espiritual. Ojalá sea un sacerdote para que nos pueda acoger en el sacramento de la penitencia cuando sea necesario.

Sin embargo es oportuno escuchar la voz del Papa Francisco, que nos anima a cuidar y alimentar la Fe bajo cuatro aspectos fundamentales: Confesar la Fe públicamente, la vivencia de los sacramentos, reflejar nuestra vida en el Decálogo —los diez mandamientos de la ley de Dios— y en la práctica de la oración del Padre Nuestro. Estos elementos son tomados de la carta encíclica Lumen Fidei:

  • La confesión de la Fe: «No es asentir a un conjunto de verdades abstractas. La confesión de Fe, pone toda la vida en camino hacia la comunión plena con el Dios vivo» LF 45.
  • Los sacramentos: «En la celebración de los sacramentos, la Iglesia transmite su memoria, en particular mediante la profesión de Fe» (LF 45).
  • El Decálogo: «No es un conjunto de preceptos negativos, sino indicaciones concretas para salir del desierto del “yo” autorreferencial, cerrado en sí mismo, y entrar en diálogo con Dios» LF 46.
  • La oración: «A partir de la oración del Padre Nuestro, el cristiano aprende a compartir la misma experiencia espiritual de Cristo y comienza a ver con los ojos de Cristo» LF 46.

Es oportuno decir que estos criterios que el Papa Francisco propuso, no son un análisis de su encíclica, sino que en verdad se refiere a ellos como los cuatro tesoros de la catequesis cristiana: «He tocado así los cuatro elementos que contienen el tesoro de memoria que la Iglesia transmite: la confesión de fe, la celebración de los sacramentos, el camino del decálogo, la oración. La catequesis de la Iglesia se ha organizado en torno a ellos, incluido el Catecismo de la Iglesia Católica» LF 46.

¿Qué seguridad podemos encontrar en estos cuatro elementos para crecer en la Fe? Seguridades ninguna, la única seguridad en quien tenemos los cristianos es en Jesucristo y en toda la obra del Padre que se actualiza con la fuerza del Espíritu Santo en la Iglesia. De manera que la seguridad puesta en Dios es visible mediante la verdad de las cosas. Solo quien se atreve a vivir la verdad acompañada de la Fe encuentra su mejor arma para ser feliz en Dios. Puesto que no solo vivimos de la Fe ya que necesitamos la razón para conocer el mundo a través de la verdad que hallamos en las cosas diarias. Así nos lo recordó el mismo Papa Francisco: «El hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión» LF 24.

Ahora reflexionemos: ¿Cuál es la mejor estrategia que empleas en tu vida diaria para crecer en la Fe? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La Fe y en la vida cotidiana

Miércoles, 06 Febrero 2019 22:20

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cómo se puede vivir la Fe en la vida cotidiana? La Fe como virtud teologal se vive en actitud constante de oración y fidelidad a Dios. Esto implica que la exigencia es ardua pero no imposible.

¿Qué buscamos comúnmente los cristianos con la vivencia de Fe? Generalmente los cristianos nos interesamos por hacer que la vivencia de esta virtud sea fácil, práctica y efectiva. Pero he aquí mismo el problema. Puesto que la Fe no es una virtud fácil de conseguir ni de ejercer. Primero porque como hemos dicho en ocasiones anteriores solo es posible obtenerla como regalo de Dios. Y segundo porque quien tiene Fe tiene la fuerza sobrenatural para realizar las acciones cotidianas de una manera perfecta. No se trata de una ‘magia’ sino de la alegría de la santidad.

Respecto de que la Fe sea práctica no lo es. Pues si pensamos que dicha practicidad consiste en la aplicación de una ‘formula mágica’ a todos lo problemas que tenemos para solucionarlos. Quien tiene Fe recibe un Don divino ya hecho, pero tiene la obligación de perfeccionarlo con esfuerzo humano y con una vida activa sacramental, especialmente de la Eucaristía.

Y frente a las personas que piensan que la Fe es efectiva pues no lo es. Ya que muchos creen que esta virtud es como un ‘As bajo la manga’ que nos hace ganar siempre por encima de quienes no tienen Fe. Si esto fuera así entonces la Fe se emplearía como una trampa porque un ‘As bajo la manga’ es eso, una trampa que nos garantiza con certeza la victoria. Ahora bien, sabemos de la efectividad de la Fe porque proviene de Dios como un Don en auxilio nuestro, de ahí que la responsabilidad de emplearla sea para acercarnos más a Dios con la verdad y la coherencia de vida.

¿Cómo cuidar y alimentar la Fe en la vida cotidiana? Con la oración dirigida a Dios. Puesto que orar es un diálogo de amor con el creador, donde el tema de conversación es nuestra propia vida. De manera que no es un diálogo inerte. Dios sabe lo que hay en nuestro corazón desde antes de que se lo digamos. Por ello entre más cerca estemos de Dios, la Fe crece y trasforma nuestros espacios cotidianos. 

Sin embargo, una clave para cuidar la Fe es pedirle al Espíritu Santo —a través de la oración—, que nos auxilie con los Dones del entendimiento, ciencia y sabiduría. Puesto que por medio de estos ellos la Fe es perfeccionada:

  • Don de Entendimiento: El Espíritu Santo ilumina nos ilumina para que podamos penetrar profundamente los misterios de Dios a los que se ha adherido por la fe.
  • Don de Ciencia: Podemos captar con más perfección la relación que hay entre las realidades humanas y los planes de Dios.
  • Don de Sabiduría: Podemos puede juzgar con verdad las diversas situaciones y realidades con la luz del Espíritu Santo.

¿Cuál es la enseñanza más reciente de la Iglesia sobre la vivencia de la Fe en la vida cotidiana? Todas las homilías de los obispos, presbíteros y diáconos están encaminadas para que vivamos la Fe a través de las enseñanzas del Evangelio en nuestra vida. Además la voz de la Iglesia en palabras del Papa Francisco se ha expresado oficialmente en la carta sobre la Fe Lumen Fidei, la cual fue su primera encíclica. Allí el Papa —en medio de la riqueza de este texto— nos enseña que la clave de la vida cristiana es armonizar la Fe con la verdad, el amor, la esperanza y la razón:

  • Fe y verdad: «Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aun más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos» LF 25.
  • Fe y amor: «Sin amor, la verdad se vuelve fría, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona. La verdad que buscamos, la que da sentido a nuestros pasos, nos ilumina cuando el amor nos toca. Quien ama comprende que el amor es experiencia de verdad» LF 27.
  • Fe y Esperanza: «La fe va de la mano de la esperanza porque, aunque nuestra morada terrenal se destruye, tenemos una mansión eterna, que Dios ha inaugurado ya en Cristo, en su cuerpo» LF 57.
  • Fe y Razón: «La fe despierta el sentido crítico, en cuanto que no permite que la investigación se conforme con sus fórmulas y la ayuda a darse cuenta de que la naturaleza no se reduce a ellas» LF 34.

Ahora reflexionemos: ¿Cuál es el testimonio más lindo que tienes sobre la vivencia de la Fe en tu vida diaria? Recuérdalo y no te canses de contarlo. 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!