fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

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La Fe y moral cristiana

Miércoles, 30 Enero 2019 16:50

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué relación tienen la Fe y la moral cristiana? Tienen una relación muy intima y coherente. Puesto quela fe no es una moral, sino que es fundamentalmente una virtud sobrenatural que pone su acento en la persona de Jesús, quien nos conduce al misterio de Dios uno y trino.

¿Qué garantía tenemos de que es verdadera la relación entre la Fe y la moral de la Iglesia? La Sagrada Escritura es testigo y nos ofrece varios testimonios. Por ejemplo Jesús nos conduce al Padre (Mt 11,27; Lc 10,22). Jesús nos envía su Espíritu (Jn 16,7). Jesús vino a mostrarnos y a enseñarnos la forma de vivir (Hch 1,1). Por esta razón, el que cree en Jesús sigue sus pasos no como una obligación sino como una necesidad (1 Pe 2,21). De ahí que nosotros como sus seguidores deseamos caminar por la vía que él nos enseñó (Col 2,6).

¿Qué pasaría si separamos la Fe y la moral cristiana? Esto constituiría un error muy grave puesto que llevaríamos una doble vida. Por un lado diríamos que creemos en Jesucristo; y por el otro veríamos la moral cristiana como un conjunto de normas inertes que están puestas para cumplirse como una obligación, aunque ninguno de nosotros las entienda. He aquí el problema que algunos ven la vida moral como una imposición, por ello tristemente creen que la moral cristiana es el cumplimiento de moralismos. La vivencia del cristiano está tan unida al mensaje de Jesús, que no se puede vivir la Fe sin la moral.

¿Concretamente en qué ayuda la Fe a la moral cristiana? En dos grandes campos. El primero, la Fe ayuda a la conducta moral, puesto que permite descubrir con mayor precisión las exigencias éticas del Evangelio. Y segundo, la Fe da la fuerza necesaria, para cumplir esas exigencias éticas que demanda la Palabra de Dios.

Este asunto es tan importante que San Juan Pablo II se preocupó por enseñar la inseparabilidad entre la Fe y la vida moral. Puesto que a veces creemos que somos tan autónomos que vivimos cristianamente a nuestra manera sin que nadie nos controle. Lo triste de vivir así, es que nos formamos la imagen de un Dios que no nos juzga y que nos aplaude todo lo que hacemos sin importar si es algo bueno o malo. Pero más triste aun es encontrar sacerdotes que separan la Fe y la enseñanza moral de la Iglesia en sus homilías o cuando administran el sacramento de la confesión. Pues ellos hacen y enseñan normas contrarias al Evangelio, mostrándose como ‘teólogos de avanzada’ para sentirse y hacerse notar como verdaderos pastores. Sintéticamente así lo expreso San Juan Pablo II en su carta encíclica Veritatis Splendor: 

«Está también difundida la opinión que pone en duda el nexo intrínseco e indivisible entre fe y moral, como si sólo en relación con la fe se debieran decidir la pertenencia a la Iglesia y su unidad interna, mientras que se podría tolerar en el ámbito moral un pluralismo de opiniones y de comportamientos, dejados al juicio de la conciencia subjetiva individual o a la diversidad de condiciones sociales y culturales» (VS 4).

¿Qué debemos hacer los cristianos para no separar la Fe y la moral cristiana? Vivir coherentemente según los lineamientos del Evangelio y las exigencias de la Fe teologal. Puesto que esta virtud exige entenderla, custodiarla, aumentarla, defenderla y extenderla:

  • Entenderla:Pertenece a la naturaleza de la Fe saber y entender aquello que se cree. 
  • Custodiarla:El creyente debe guardar con esmero la Fe, dado que cuanto más fuerte, más frágil es.
  • Aumentarla: La Fe puede disminuir y aumentar, es capaz de crecer y de paralizarse. 
  • Defenderla: Jesús advierte a quienes no den testimonio de la Fe recibida, tampoco él les defenderá ante el Padre del cielo (Jn 5,36-47). 
  • Extenderla:La comunicación de la Fe deriva de su propia naturaleza, dado que la verdad debe ser anunciada. Y al mismo tiempo es un mandato de Jesús el comunicar el Evangelio (Mt 28,18-20; Mc 16,15-16). Estas dos razones conforman la naturaleza de la Fe como una realidad inseparable con la moral.

Y para nuestra reflexión: ¿Vivo las palabras de Jesús con Fe o considero que simplemente son frases bonitas que pertenecen al pasado histórico del cristianismo? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La Fe teologal

Miércoles, 23 Enero 2019 14:14

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la fe teologal? Es la misma Fe como virtud teológica, la cual es un Don sobrenatural que nos capacita para de reconocer a Dios y ver las cosas como él las ve. Por tanto, la fe teologal no es un conocimiento teórico de normas que se deben aprender.

¿Cuáles son las características esenciales de la Fe teologal? Hay muchas características que se pueden enumerar sobre la Fe teologal. Sin embargo las más importantes giran en torno a que nos permite un encuentro con Dios, a partir de su sencillez, vitalidad, experiencia, objetividad y compromiso.

  • La Fe es un encuentro con Dios: Con la fe el hombre responde libremente a ese encuentro con Dios entregándose a él con la inteligencia y la voluntad.
  • La Fe es sencilla: No está hecha de elucubraciones y discursos, sino de verdadera adhesión a Dios.
  • La Fe es vital: Cambia nuestra vida radicalmente y libre para el bien manteniéndonos en el verdad. 
  • La Fe es experiencial: Es un conocimiento de Dios en la intimidad. Los que tienen fe gozan de Dios. No es un sentimiento, sino un conocimiento del espíritu que Dios nos concede para intimar con Él.
  • La Fe es objetiva: No se queda a nivel subjetivo, intimista, sino que todos creemos en un Dios que se ha revelado a través de si Hijo, el cual queremos conocer y seguir en la Iglesia como una comunidad.
  • La Fe termina en compromiso: Compromete mi vida con Dios en la fidelidad a su voluntad, para defenderla con mi palabra y testimonio, alimentarla con la continua lectura de la Palabra de Dios y la vida activa sacramental.

¿Cómo sabemos que alguien vive la Fe teologal? Porque es una persona que a pesar de las dificultades o las alegrías nunca pierde la esperanza en Dios. Es más todos sus triunfos no los ve como propios sino como obra de Dios. Y si le llegara a suceder algo malo no culpa a Dios de esto, sino que sabe muy bien que en la libertad de nuestros actos pueden ocurrir muchas cosas; de ahí que la persona vea la necesidad de estar siempre acompañado de Dios. A pesar de las dificultades y de la enfermedad, el que tiene fe es una persona feliz.

¿Podemos vivir entonces de la sola Fe? No, la Fe es una virtud importante pero necesita de las demás virtudes porque no se basta a sí misma. Este es un error grande que pregonan los protestantes al enseñar que solo la Fe basta y lo demás sobra. Puesto que si fuera así no serían necesarios los Sacramentos, la Iglesia, los Santos, la Virgen María, los Ángeles y las demás virtudes y gracias que solo provienen de Dios. Si la Fe nos bastara para salvarnos entonces tampoco necesitaríamos de Jesucristo.

¿Qué gracias obtenemos de la Fe teologal en sentido práctico? En que como personas que somos nos perfecciona la inteligencia, puesto que esta virtud teologal es otra forma de conocimiento diferente a la razón humana. Como lo dice la carta encíclica Fides et Ratio que publicó San Juan Pablo II: «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo» (Introducción).

Para nuestra reflexión: ¿Qué acciones concretas hago para acrecentar mi Fe? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La Fe humana y divina

Miércoles, 16 Enero 2019 14:32

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la fe? Comúnmente comprendemos que la fe es creer en algo o en alguien que no vemos. Pero la verdad es que existen tres forma de fe: como conocimiento; beneficio; y virtud teologal.

  • Fe como aumento de conocimiento: Es el conocimiento recibido a través de otros que aumenta mi conocimiento. Pensemos por ejemplo en nuestros primeros maestros que nos enseñaron a escribir y a leer. Ellos no decían que hacer y nosotros no lo dudábamos, hacíamos lo que nos decían porque confiamos en ellos. Lo mismo nos pudo haber pasado con nuestros padres.
  • Fe como beneficio: Es fiarse de algo o de alguien para un beneficio. Este tipo de fe no aumenta nuestro conocimiento cono el caso anterior. Es el caso cuando acudimos al médico, nos fiamos de él siguiendo sus recomendaciones para obtener el beneficio de la salud física o mental. O también esta el ejemplo de los negocios, pues invertimos algún capital o bien material en algo concreto fiándonos de que tendremos buenos beneficios.
  • Fe como virtud teologal: Este tipo de Fe no tiene como fin aumentar el conocimiento y obtener un beneficio. Sino que como es virtud teologal se trata de un Don de Dios infuso en nosotros. Con el fin de que alcancemos la vida eterna con la Gracia Divina a partir del bautismo que da valor a todo lo que hacemos.

¿Entonces solo es válida la Fe teologal? No, las tres formas de la fe son necesarias. En nuestra vida cotidiana la empleamos constantemente. Pero en materia cristiana solo la Fe teologal supera a las otra dos, porque quien vive teologalmente la Fe alcanza un conocimiento en beneficio no soso propio sino de los que ama.

¿Cuál es la diferencia esencial de la Fe teologal respecto de las otras dos tipologías? Que la Fe como aumento del conocimiento y como beneficio provienen de ser humano, no se necesita para este tipo de operaciones a Dios. Mientras que la Fe teologal es un regalo del creador. Es cierto que somos nosotros las personas las que con nuestra naturaleza vivimos la Fe, pero no se puede vivir una Fe virtuosos si la Gracia de Dios no nos la concede.

Sin embargo, hay que añadir que quien vive Fe como aumento del conocimiento y como beneficio, no necesariamente tiene que ser una persona creyente. Pero quien vive estas dos tipologías de la fe con honestidad se descubre incompleto, pues reconoce que le falta alguien o algo diferente a él para poder vivir con seguridad. De manera que la Fe como acto humano es un medio por el cual la persona de manera consciente y libre se puede adherir a Dios. Así se expresó en Papa Francisco en si carta encíclica sobre la Fe: «La fe es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación» (Lumen Fidei 14).

¿Todos tenemos la posibilidad de tener Fe como aumento del conocimiento y como beneficio? Si, es algo que es propio de nuestra naturaleza. Estos dos aspectos conforman la Fe humana. Es verdad que muchas personas están impedidas o incapacitadas para vivir la Fe humana. Por ejemplo los envidiosos con el conocimiento; otras ni siquiera ven necesario aprender cosas; otros por alguna enfermedad están incapacitados para hacerlo.

¿Todos tenemos la posibilidad de tener Fe como virtud teologal? Posibilidad si, pero no seguridad. Es decir la Fe teologal depende de Dios no de nosotros. Por eso solo la tiene a quien Dios se la concede.

¿Una vez concedida la Fe como virtud teologal ya se queda para siempre con nosotros? No, este tipo de Fe es un regalo de Dios que podemos despreciar dejándolo de lado o también Dios no lo puede quitar. De ahí que siempre debemos pedir en la oración ‘Señor creo pero aumenta mi Fe’. Puesto que podemos creer en Dios, pero le pedimos que nos aumente la Fe teologal para creerle a él vivir en él. Tal cual como nos lo narra el bello pasaje de la escritura: «Creo, Señor, pero ayúdame en mi poca Fe!» (Mc 9,24).

¿Es necesaria la Fe como virtud teologal para el creyente? Si, puesto que sin Fe es imposible creer en Dios. Es más necesitamos fe para vivir cristianamente, porque sin ella no podemos orar Esto les pasó a los discípulos que no pudieron expulsar un demonio y le preguntaron a Jesús: ¿Por qué no pudimos expulsarlo? La respuesta de Jesús es contundente: «Por vuestra poca fe. Porque yo les aseguro que si tienen fe como un grano de mostaza, le podrán decir a este monte: ‘Desplázate de aquí allá’, y se desplazará. Y nada les será imposible». (Mt 17,20-21). Por esto solo se puede vivir cristianamente con la Fe que proviene de Dios.

Y ahora reflexionemos: ¿Qué razones me puedo dar a mi mismo de que Dios me ha concedido el Don de la Fe y yo la vivo como una virtud teologal? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cuál es la relación entre las virtudes humanas y teologales? Que juntas orientan la persona hacia el bien supremo como perfección.

¿Existe una relación estrecha entre estos dos ámbitos de la virtud? Si, puesto que la persona para vivir teologalmente necesita ejercer activamente las virtudes humanas.

¿Quién es virtuoso humanamente accede a las virtudes teologales? No, puesto que no es una obligación vivir las virtudes teologales. Estas solo se pueden conseguir si Dios por medio se su Gracia nos concede vivirlas. Ahora bien, es necesario ser virtuoso humanamente para disponer nuestro ser completo para Dios. Es decir necesitamos ser hombres virtuosos para poder vivir a plenitud el regalo de las virtudes teologales.

¿Entonces Dios puede conceder las virtudes teologales sin necesidad de vivir las virtudes humanas? No, porque las vivencia de las virtudes humanas es un ejemplo evidente del buen manejo de nuestra libertad. Dios por ello al ver que somos personas responsables de nuestros actos, quiere unirnos más a él y por eso nos concede las virtudes sobrenaturales. En síntesis, las virtudes sobrenaturales sin las humanas carecen de auténtica perfección, pues la gracia supone la naturaleza. En este sentido, las virtudes humanas son fundamento de las sobrenaturales. 

¿Para qué sirven en la vida cotidiana estas dos clases de virtudes? Para vivir perfectamente y ser plenamente felices. Puesto que estos dos ámbitos de la virtud forman un solo organismo moral inseparable. El único fin de esta relación es que nos identifiquemos con Cristo. Las virtudes sobrenaturales y las humanas se exigen mutuamente para la perfección de la persona. De modo tal que las virtudes humanas no pueden ser perfectas sin las sobrenaturales. Por eso solo el cristiano es hombre en el sentido pleno del término. 

¿Es tan sólido este organismo moral del cristiano? Si, puesto que las virtudes humanas disponen para conocer y amar a Dios y a los demás. Mientras que las sobrenaturales potencian ese conocimiento y ese amor más allá de las fuerzas naturales de la inteligencia y la voluntad, asumiendo las virtudes humanas. Puestas son purificadas y elevadas al plano sobrenatural, de manera que todo el obrar del hombre, al mismo tiempo que se hace plenamente humano se hace también divino.

¿Es necesario que exista entonces una coherencia perfecta en este nuevo organismo moral? Si, se hace evidente no solo la coherencia sino el sentido pleno de unidad entre las virtudes cardinales y las sobrenaturales. La unión de las virtudes sobrenaturales y humanas significa que toda la vida del cristiano debe tener una profunda unidad. En todas las acciones busca el mismo fin, que es la gloria del Padre, tratando de identificarse con Cristo, con la gracia del Espíritu Santo; al mismo tiempo que se vive las virtudes humanas.

¿Esta propuesta moral es diferente de la moral que invita a vivir la Iglesia? No, esta propuesta no es diferente de la moral que promueve la Iglesia, por una sencilla razón: La vivencia plena del organismo de las virtudes es la propuesta moral de la Iglesia. Es decir las virtudes para el cristiano no son un accesorio para la vida. No es que adornen o no. Las virtudes son la moral de la Iglesia.

¿Cuáles son los enemigos de esta propuesta moral? Todos aquellos que promueven los vicios de las virtudes. La lista es extensa, puesto que desde la época de los primeros cristianos hasta nuestros días han aparecido una serie de temas que atentan contra la virtud. Tristemente el más común de nuestros tiempos es la vivencia del ‘legalismo moral’ que termina siendo un moralismo. Es decir solo hacemos lo que nos manda la ley. O nos preocupamos tanto por ser bueno que solo cumplimos lo que dice la ley. Pero una cosa muy distinta es vivir motivados por la obligación y el cumplimiento de la norma y otra muy distinta es vivir en libertad y con disciplina el amor de Dios.

Más triste aun es saber que muchos cristianos cuando se confiesan lo hacen de sus faltas para con la ley. Pero en verdad no se preocupan por llegar mas allá. La ley no cubre toda la vida moral de la persona. Por ejemplo ¿Existe alguna ley que nos haga actuar para evadir las estructuras de pecado social? ¿Cuál es la ley moral que regula el grado de indiferencia para con el otro? O peor a un ¿Cuál es la ley que me permite saber que tanto amo a Dios? o ¿solo son saber que lo amo es suficiente? Hay un cambio enorme y evidente entre la moral de la virtud y la moral de ley.

Y ahora reflexionemos: ¿Siempre me confieso de lo mismo procurando estar en regla con lo que establece la ley? Si contestamos afirmativamente a esta pregunta, te invito a que no juzgues la moral de nuestra bella Iglesia Católica sino la conoces. ¡Ánimo Cristo nos necesita como buenos cristianos que vivan la moral de la virtud! 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Las virtudes teologales

Martes, 01 Enero 2019 20:15

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué son las virtudes teologales? Son virtudes que provienen solo de Dios, por eso también se les llama virtudes sobrenaturales. 

¿Qué función cumplen las virtudes teologales? El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica muy bien: «Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino» CEC 1812.

¿Cuál es la finalidad que cumplen las virtudes? Que el hombre pueda hacer sus tareas cotidianas con una ayuda sobrenatural para que su trabajo no solo sea bueno sino perfecto. Dios nos dio estas virtudes para que seamos capaces de actuar a lo divino, es decir como hijos de Dios.

¿Cuáles son las características de la virtudes teologales? Entre tantas podemos citar algunas fundamentales:

  • Son dones de Dios, no son logro ni fruto del hombre.
  • Las principales virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Pero hay muchas mas que provienen solo de Dios.
  • Requieren nuestra colaboración libre y consciente para que se perfeccionen y crezcan.
  • No son virtudes teóricas, sino un modo de ser y de vivir.
  • La fe, la esperanza y la caridad van siempre juntas las tres virtudes.

¿En qué consiste la fe como virtud teologal? Es un don, una luz divina por la cual somos capaces de reconocer a Dios, ver su mano en cuanto nos sucede y ver las cosas como Él las ve. Por tanto, la fe no es un conocimiento teórico, abstracto, de doctrinas que debo aprender. La fe es la luz para poder entender las cosas de Dios.

¿En qué consiste la esperanza como virtud teologal? Es la virtud teologal por la cual deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello.

¿En qué consiste la caridad como virtud teologal? Es la virtud por la que podemos amar a Dios y a nuestros hermanos por Dios. Por la caridad y en la caridad, Dios nos hace partícipes de su propio ser que es Amor. Quienes han experimentado este amor han quedado satisfechos y han dejado todas las seguridades de la vida para corresponder a este amor de Dios.

¿Existe alguna relación entre las virtudes teologales que nos lleven por un mismo camino? Si y el camino de llama el seguimiento de Cristo. Las virtudes teologales nos introducen en el diálogo con Dios, pero sólo gracias a Cristo y mediante él. Cristo, eterna palabra del Padre, palabra de Dios dirigida a la humanidad, se convierte, de hecho, en nuestra verdad, en nuestro maestro, sólo mediante la fe. 

Las virtudes teologales nos ponen en íntima relación con Cristo, nuestro maestro, redentor y amigo. Ellas nos habilitan internamente para seguirlo. Al concedérnoslas, Dios nos invita y obliga a seguir a Cristo, ya que éste es para nosotros la única fuente de esta vida divina. Vivir según las virtudes teologales no es otra cosa que seguir realmente a Cristo, escucharlo, esperar en Él, tributarle un amor obediente.

¿Entonces las virtudes teologales son solo para los creyentes? Si, puesto que las virtudes hay que pedírselas a Dios para que él nos las conceda. Nadie nace con estas virtudes y tampoco quien las tiene posee la garantía de que nunca las perderá. Por ello hay que pedirlas diariamente en la oración. La fe, la esperanza y la caridad son la puerta de entrada para la vida teologal

Ahora reflexionemos: ¿Estas dispuesto a vivir y formarte en las virtudes teologales para que sea tu proyecto cristiano en el 2019? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La virtud como el plan de vida perfecto

Miércoles, 26 Diciembre 2018 09:21

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿A qué se refiere la expresión ‘la virtud como el plan de vida perfecto’? Se refiere a la forma en que podemos ejercitar las virtudes como nuestra forma de vida para que todo lo que hagamos tenga perfección.

¿Cómo es posible que un plan que garantice la perfección? Solamente el trabajo honesto, diario y disciplinado en el ejercicio de las virtudes nos pueden llevar a una vida de perfección. En esto no hay duda.

¿Qué nos puede garantizar la perfección en las cosas que hacemos? Dios es la única persona que nos puede garantizar dicha perfección. Por más que tratemos de hacer las cosas bien y además nos salgan bien, nunca serán perfectas. Pero si lo que hacemos virtuosamente implica un espacio para dejar que Dios actúe en nuestra vida, entonces la perfección está garantizada.

¿Entonces este plan de vida es exclusivo para personas creyentes? Sí y no solo personas creyentes, también se necesitan que sean practicantes de lo que creen. Pero también hay que decir que este plan no excluye a nadie. Las personas no creyentes en Dios pueden hacerlo, pero ellos deben tener la certeza de que las cosas nunca les saldrán perfectas. Ellos solo pueden aspirar a que las cosas sean buenas.

¿Quiénes deben realizar un plan de vida de acuerdo con las virtudes? Toda persona que quiera vivir libremente en la verdad y alcanzar el sumo bien como perfección. Esto implica que quien practica las virtudes, sea una persona creyente en Dios, que vive lo que cree y lo celebra.

¿Para qué realizar un plan de vida? Para ser felices. No podemos andar por el mundo haciendo solo lo que nos gusta. Nuestra felicidad no depende de mejorar nuestros gustos sino que nuestros actos sean perfectos. Un plan de vida es un camino que marcamos para ir cumpliendo metas. Tal cual como la rutina que seguimos en un gimnasio para ejercitar el cuerpo. O también como seguimos las orientaciones alimenticias que nos da el medico para mejorar nuestra salud. En este caso, este plan de vida de la virtud tiene como fin nuestra propia felicidad.

¿Cómo funciona el plan de vida según las virtudes? Ejercitando todas las virtudes hasta convertirnos en maestros de ellas. Todas las virtudes se relacionan entre sí, por ello una buena forma de empezar este plan puede ser instruyéndonos en la virtud que más nos gusta. O tal vez en aquella en la que sabemos que somos buenos. Esto permitirá que nos informemos y nos formemos en otras virtudes. Y de esta forma el camino de nuestro plan va marcando una ruta progresiva. Algunos pueden tomar varias virtudes a la vez y formarse en ellas de manera integral. Por ejemplo, el que sabe que Dios le concedió la virtud de la fe, puede ejercer la virtud de la sabiduría, de la prudencia, de la sindéresis, de la fortaleza y de la templanza. Pues todas ellas están relacionadas entre sí, algunas son muy parecidas pero hay que saber marcar las diferencias.

¿Cuándo debe comenzar el plan de vida? Cuando la persona interesada quiera comenzarlo. Mi experiencia como pastor de almas, me ha llevado reflexionar que un lindo día para comenzarlo es durante el tiempo de Navidad. Puesto que quien ejercita las virtudes está dispuesto a llegar a Dios, quien ha nacido como niño para enseñarnos la perfección en el camino de las virtudes. No hay duda de que Cristo es el modelo perfecto de la virtud. A él es a quien seguimos y por eso somos virtuosos.

El fin de año es una época común para hacer nuevos propósitos de cambio para el año venidero. Esto no es un plan serio. Esto muchas veces son anhelos frustrados en donde dejamos ver nuestra falta de disciplina y de orden. En cambio, el plan de la virtud es un plan alegre, real, soñador y posible de realizar.

Yo los invito para que en esta época navideña y en el silencio de nuestro corazón le digamos al Niño Jesús en oración: ‘Yo te amo y necesito que estés conmigo para que me ayudes a ser una persona virtuosa. Te necesito para hacer todo perfecto. Por favor escúchame y ayúdame’. De esta forma damos comienzo a nuestro plan. No se trata de un compromiso psicológico que nos ayude a cambiar nuestra forma de ser. Se trata de poner de nuestra parte para dejar que Dios actúe en nuestra vida.

¿Hay que ser un experto en el tema de las virtudes para realizar este plan? No, este es un plan que puede realizar cualquier persona con uso de razón. No hay que ser experto en nada. Solo querer vivir las virtudes como camino de perfección.

¿Qué herramientas son necesarias para fortalecer este plan de vida? Realizar el camino de la virtud como plan de vida es una garantía de felicidad. Pero eso significa, esfuerzo, sacrificio, disciplina, orden, exigencia personal y una entrega total y convencida de lo que hacemos. Ahora bien, hay un sinnúmero de herramientas para este plan. 

  • La lectura: Quien desea sinceramente perfeccionarse en la virtud, debe comenzar por formarse en ella. Hay muchas lecturas que debe realizar en libros especializados, que son fáciles de leer y comprender. También existe muy buena información en internet al respecto. Pero hay que tener la disciplina y el coraje de hacerlo. Los libros están escritos, pero hay que leerlos.
  • Los especialistas: Para vivir las virtudes es necesario dejarnos acompañarnos de un maestro en la virtud. Solos no podemos es imposible. Hay personas que se consideran especialistas en este camino. Si conoces alguno es hora de visitarlo para decirle que te ayude a guiar en tu plan. Es necesario la compañía de un buen maestro a quien se le pueda consultar algo. O simplemente dejarse acompañar por él. Algunos especialistas pueden ser los sacerdotes y religiosos en general. Este es un buen punto para comenzar. Pero hay que decirles a ellos que queremos un acompañamiento serio y exigente. La dirección espiritual debe ser por una razón justificada y sin nada de mediocridades. Pues la misma Santa Teresa de Jesús, les exigió a sus confesores que fueran santos e instruidos.
  • Los grupos: Es necesario que estemos vinculados a un grupo que nos ayude a vivir mejor nuestra fe cristiana. Allí será un espacio bello para formarnos en las virtudes y para ayudar a otros a formarse en ellas. No tengamos miedo de pertenecer a un grupo de estos por sencillos que sea. Muchas veces podemos encontrar allí personas interesadas por vivir las virtudes. Es más, debemos saber que si perseveramos en nuestro plan, en un futuro podemos llegar a ser maestros de la virtud para orientar a otros.

¿Cómo se debe diseñar un plan de vida que vincule el trabajo con las virtudes? Se debe realizar por escrito. Es un documento personal al que debemos de cuidar muy bien porque allí marcamos todos nuestros progresos y falencias. Hay muchas maneras de realizarlo, por ejemplo puede ser un calendario donde marquemos las metas propuestas para leer; las personas con quien debemos hablar; las obligaciones de los grupos a los cuales pertenecemos. Pero sobre todo lo que debemos señalar son las exigencias que nos hacen los maestros en la fe y los progresos en la vida virtuosa. Ya sean sacerdotes o religiosos que nos acompañan en este camino. Recordemos que solos no podemos hacerlo. Necesitamos reconocernos como discípulos para llegar a ser maestros. Con seguridad estos —nuestros maestros— nos sabrán guiar mejor.

¿Cuáles son los aspectos de la vida que debemos incluir en nuestro plan? Todos los aspectos de nuestra vida. Algunos pueden ser: Los temas personales; la salud (física y mental); la vida familiar; nuestra vida afectiva; la sexualidad; la dimensión social; nuestros intereses formativos e intelectuales; la forma en que nos divertimos; todo lo que tiene que ver con nuestro trabajo; nuestra dimensión espiritual; y la relación con el mundo cristiano. Si conoces alguno más, por favor házmelo saber que yo estoy interesado en ello.

¿Cuáles son los peligros que atentan contra este plan de vida? Todos los que atentan contra las virtudes, es decir todos los vicios. No hace falta citarlos. Tal vez el mayor vicio sea el de la pereza, la cual sabemos justificar muy bien. Si no la vencemos nunca comenzaremos.

¿Cómo evaluar el progreso del plan de vida según las virtudes? Según el consejo de nuestro maestro guía o de nuestro asesor espiritual. Esto puede ser cada mes, cada semestre, varía mucho de las actividades concretas que estemos haciendo. Sin embargo lo que sugiero es que en cada época navideña tengamos la excusa perfecta para evaluar nuestro plan anual ante Dios. No permitamos que pasemos cada Noche Buena y Noche Vieja como una rutina más de la vida. La fiesta de la Navidad es una pedagogía linda de nuestra Iglesia para exigirnos año a año en la perfección cristiana. Esto nos enseña a vivir las virtudes delante de Dios para decirle la verdad siempre. Próximos a comenzar un nuevo año, hagamos vivas hoy más que nunca las palabras que Jesucristo le dirigió a la venerable monja carmelita francesa, Sor Margarita del Santísimo Sacramento: «Todo lo que quieras pedir pídemelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Ahora sinceramente reflexionemos: ¿Cuáles son las tareas concretas que voy hacer para incluir a Dios en mi plan de vida para el año 2019? 

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo!

La virtud como camino de santidad

Martes, 18 Diciembre 2018 21:32

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la santidad? La santidad es un propósito al que están llamados todos los creyentes católicos bautizados y que se alcanza sólo en el Cielo, después de luchar toda la vida, contando con la ayuda de Dios.

¿Qué significa ser santos? Ser santos significa parecerse a Jesucristo en todo: pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. El rasgo más característico de la santidad es la caridad —amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo—, que informa todas las virtudes: humildad, justicia, laboriosidad, castidad, obediencia, alegría, etc.

¿Quiénes deben aspirar a ser santos? Todos los creyentes que vivimos la fe cristiana de la Iglesia, porque reconocemos que solo Dios es el único santo y aspiramos a ser como él. No con nuestro propio esfuerzo sino con su ayuda divina.

¿Se puede ser creyente sin aspirar a ser santo? No, quien se pregunta esto es porque vive la fe de una forma ligthy de solo apariencias. Ser católico no es un estilo de vida o una moda. Ser católico es vivir según la verdad. Y quien encuentra la verdad halla el sentido pleno de la vida porque se encuentra solo en Dios. De tal forma que la persona al encontrarla la desea con un anhelo inconmensurable, pues no se trata de cualquier verdad, sino la que le da razón a nuestra existencia, Dios. De ahí que ser creyente en Dios consista en vivir a plenitud la verdad. Pues se quiere ser tan bueno como lo es él. Es imposible reconocernos hijos de Dios y no querer ser tan santos como el mismo Dios. 

¿Cómo se relacionan las virtudes con la santidad? De una forma muy estrecha, porque las virtudes son el medio para llegar a ser santos. Es decir, se requiere esfuerzo personal y una apertura a Dios para recibir la gracia, los Dones y demás virtudes sobrenaturales que solo provienen de él.

¿Todo virtuoso debe aspirar a ser santo? Si es honesto sí. Puesto que como ya lo hemos dicho anteriormente, todo hombre virtuoso en algún momento de su vida se encuentra con la virtud de la Sabiduría. Es decir, se encuentra con la pregunta por el sentido de vida personal y la existencia de Dios. De ahí que el virtuoso quiera conocer la verdad divina y aspire a ser santo. Sin embargo, hay quienes son virtuosos pero no creyentes, claramente no viven a plenitud la Sabiduría o se niegan hacerlo. Esto no quiere decir que sean malas personas, al contrario el virtuoso se esfuerza por ser el mejor. Pero lo que es claro es que será imposible ser santo sin una vida de fe.

¿Cómo obtener la certeza de que llegaremos a la santidad? Qué bonita pregunta. Santo Domingo Savio le preguntó algo parecido a San Juan Bosco y de la respuesta que él le dio, el niño le pidió a Don Bosco ‘ayúdame a ser santo’. Pues bien, la respuesta a este interrogante la encontraremos de forma alegre en el Cielo cuando retornemos a la casa del Padre. La meta de la santidad es el Cielo. Allí cuando nos encontremos miraremos hacia atrás y sabremos si hemos llegado a la santidad. Es más, tendremos delante a Dios a quien le podremos preguntar directamente y con seguridad él nos responderá. 

Tengamos presente que los santos no son los únicos que aparecen en los calendarios o los que canoniza el Papa. Estos solo son un pequeño grupo que la Iglesia en su inmensa sabiduría los ha destacado como ejemplos de virtud plena en Dios. Por ello es usual que nos preguntemos ¿cuál es mi santo preferido y por qué?

Además, muchos de nosotros con seguridad conocemos algunos casos donde vemos personas que se han esforzado por vivir según el querer de Dios. Son incluso mas pecadores que nosotros y se han convertido o luchan contra la mezquindad y el pecado para mantenerse en gracia de Dios. Miremos alrededor nuestro y encontraremos muchos casos más. Basta con mirar a nuestros padres, abuelos, vecinos, amigos, etc.

¿Las personas virtuosas no creyentes pueden ser santos? Claro que, todos estamos llamados a la santidad. Es un deber de quienes creemos trabajar para que los no creyentes crean, de lo contrario no existirá la santidad para ellos. Muchos de ellos no creen por ignorancia. La incredulidad no siempre es por rebeldía.

¿Cuáles son los peligros contra la santidad? Todos aquellos que atenten contra las virtudes humanas y teologales. Recientemente el Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate —sobre el llamado a la santidad en el mundo actual—, señaló dos peligros grandes:

  • El gnosticismo actual: El gnosticismo fue una herejía que se desarrolló durante los primeros siglos del cristianismo y que prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación. Esto ocurre actualmente, pues en muchos casos las personas buscan conocer los misterios de la fe sin necesidad de recurrir a Dios. Dice el Papa Francisco: «El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos» GE 36.
  • El pelagianismo actual: El pelagianismo fue una herejía de los siglos IV-V. Esta negaba el pecado original y afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por un esfuerzo en la práctica de la misma. Es decir el hombre se salva solo por el esfuerzo personal que recibe una recompensa. De tal manera que en la actualidad muchos consideran que la religión no es una virtud, sino un accesorio de la sociedad. Dice el Papa Francisco: «Todavía hay cristianos que se empeñan en seguir otro camino: el de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor. Se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. En esto algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo». GE 57

En síntesis, estos peligros buscan anular el poder sobrenatural de Dios. Re conozcamos que podemos ser hombre muy virtuosos, pero siempre nos faltará algo para ser perfectos, Dios. Por eso mismo el que quiere ser santo parte de una vida virtuosa al encuentro con Jesucristo para querer ser como él.

Ahora reflexionemos: ¿Cuál es mi mejor virtud con la que aspiro hoy mismo comienzo a abrir mi camino hacia la santidad?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La virtud como vida de oración

Miércoles, 12 Diciembre 2018 17:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Es la oración un a virtud? No, la oración es la expresión más intima del hombre que hace para comunicarse con Dios. Como lo dijo Santa Teresa del Niño Jesús: «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría» (Manuscrit C, 25r: Manuscrists autohiographiques [Paris 1992] p. 389-390).

¿Cuál es la relación entre las virtudes y la oración? Que la persona que  descubre a Dios por medio de las virtudes, halla la necesidad de comunicarse con él. Por ello recurre a la oración sin dejar de ejercitar las virtudes.

¿No podemos hace oración sin necesidad de ejercer las virtudes? Si claro, la oración solo depende de la voluntad de querer hacerla. Pero las virtudes ayudan a que el esfuerzo personal tenga un encuentro con Dios para comunicarse con él.

¿Cómo se descubre la necesidad de comunicarse con Dios a través de las virtudes? Quien ejerce las virtudes con honestidad tiene varios caminos para descubrir a Dios. La manera más común es a través de las virtudes de la sabiduría y de la religión. Estas virtudes —de las que ya hemos hablado anteriormente—, permiten reconocer que el hombre no se basta a sí mismo. Son la puerta ante una necesidad que quiere alcanzar el sumo bien. Por ello para comunicarse con Dios, el hombre expone la intimidad de su corazón en por medio de la oración.

¿Qué diferencia hay entre una persona virtuosa que hace oración y otra que sin practicar ninguna virtud también es orante? La diferencia esta en que la persona virtuosa descubre la necesidad constante de comunicarse con Dios, porque reconoce que sin él es imposible vivir. El otro caso es hipotéticamente imposible de que se dé. Puesto de que la constancia y la exigencia de la vida de oración compromete a la persona para mejorar en todos los aspectos de su vida. Como lo dijo San Gregorio de Nisa: «El objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios» (De beatitudinibus, oratio  1)». Por eso en caso de que exista algún ‘orante no virtuoso’, podría decirse que trata de alguien que su oración es vacía porque no se ha encontrado con Cristo para seguirle. Recordemos la exigencia de una vida virtuosa según el Catecismo de la Iglesia Católica: «La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas» (CEC 1803).

¿Entonces todas las virtudes conducen a la vida de oración? No, solo cuando el hombre ejerce las virtudes de la sabiduría y la religión, encamina la vida hacia la oración. Por ello es posible que existan buenas personas virtuosas pero que no son creyentes.

¿La vida virtuosa promueve la vida espiritual? Si, pero no toda vida espiritual es una vida cristiana. La dimensión espiritual del hombre se ve motivada a exigirse en su espiritualidad gracias a la virtudes. Pero somos libres de encontrar la verdad y de saber en que creemos.

¿Qué pasa entonces con las virtudes sobrenaturales? La fe, la esperanza y la caridad; y los Dones y Frutos del Espíritu Santo, son gracias que provienen de Dios. Ninguna de estas virtudes y fuerzas sobrenaturales se encuentran en la naturaleza de la persona. Por ello a través de la oración es que pedimos estas virtudes y gracias por medio de la asistencia del Espíritu Santo. Quien hace oración esta parado en la puerta de la vida teologal. Lo triste es que muchos cristianos creen que la fe, la esperanza y la caridad; y los Dones y Frutos del Espíritu Santo, no hay que alimentarlos y pedirlos. Por ello el principio de alimentar la vida virtuosa humana y sobrenatural es la oración. 

Ahora bien, reflexionemos: ¿Cuáles son las virtudes en las que he crecido gracias a la vida de oración?

¡Que todo lo que hagamos hoy y siempre, sea para el honor la gloria y la alabanza de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La vida teologal

Miércoles, 05 Diciembre 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la vida teologal? Es la vida según las virtudes. Es decir, se trata de vivir según el ejercicio constante de las virtudes.

¿Entonces la vida teologal se trata de una vida ‘muy humana’? Más que eso. Quien vive según las virtudes humanas, vive virtuosamente. Pero quien vive las virtudes humanas y las divinas, vive teologalmente. De manera que el hombre virtuoso, no siempre es un hombre teologal. Pero el hombre para vivir de forma teologal, tiene que ser virtuoso.

¿Para que sirve una vida teologal? Para ser perfectos como Dios lo desea. Las personas que no creen en Dios —por ejemplo—, pero que practican todas las virtudes humanas con sinceridad y rectitud, son personas buenas. En cambio, quienes practican las virtudes teologales, no solo son buenas sino que pueden llegar a ser perfectas.

¿No basta ser bueno ante tanta maldad en el mundo? No, no basta. Hay que buscar la perfección. Ser buenos es parte del proceso, pero no el fin. Conformarnos con ser buenos sería una salida mediocre. Puesto que el bueno solo se preocupa por él, aunque vean que otros no sean buenos, desea ayudarlos pero no se compromete a convertirlos. Y no porque no quiera, sino porque no sabe que mecanismo usar para hacerlo. Por eso el bueno se la pasa inmerso en el mundo de la ética, buscando una solución social ante la maldad. Un claro ejemplo lo expone Aristóteles en La ética a Nicómaco.  Donde muestra que el esfuerzo por vivir en la virtud, nos hará hombres de bien y mejores ciudadanos.

¿Qué se necesita para vivir teologalmente? Se necesita ser gente buena, no ‘buena gente’. Es decir la bondad es el punto de partida. Para ser buenos hay que vivir todas las virtudes humanas. Quien es honesto en su forma de vivir la vida virtuosa, sabe que por medio de la virtud de la sabiduría, el hombre descubre la necesidad de encontrarse con Dios. Esta virtud, se convierte es una puerta para la vida teologal. Quien es honesto y se encuentra con esta virtud, no la puede ignorar, tiene que tomar una postura. O la ejerce o la deja de lado.

¿Por qué vivir de manera teologal? Porque quien vive de manera teologal, vive según el designio de Dios. Así lo enseño el mismo Jesús: «Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial» (Mt 5,48). De esta forma quien descubre la necesidad de vivir según el plan divino, ha encontrado un tesoro. Ya el querer vivir según Dios, es abrir una puerta en medio de nuestra libertad, para el encuentro con el amor. Quien busca vivir teologalmente, descubre que Dios nos hizo para él. Esto mismo lo han descubierto los santos.  Así nos lo enseñó San Agustín de Hipona: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti» (Confesiones I, 1, 1). 

¿Cuáles son los problemas que enfrentamos para vivir teologalmente? La lista es innumerable. Podríamos decir que cualquier obstáculo para vivir la fe, la esperanza y la caridad que provienen de Dios, se consideran un serio problema. Más aún, cualquier impedimento para vivir los Dones y Frutos del Espíritu Santo, es señal evidente de que no se podemos vivir teologalmente. En la vida teologal no caben las excusas, sin embargo hay factores hoy que nos enceguecen para vivir teologalmente:

  • La ley: Vivimos en un mundo que se mueve por leyes. Y nosotros para demostrar que somos gente buena acatamos las leyes. Pero no todas las leyes son buenas, hay leyes que no buscan ayudar sino destruir. Por tanto la ley mala no es ley verdadera. El problema está en que queremos vivir la fe cristiana según la norma y sin salirnos de ella. Esto aunque esté bien intencionado nos lleva a un legalismo absurdo. Es decir, muchos cristianos piensan que si hacen algo que la ley no contempla,  están viviendo una vida pecaminosa. De ahí que como resultado muchos vivamos la fe de manera escrupulosa. 
  • La certeza: Ya no tenemos tiempo para pensar. Queremos que todo se resuelva instantáneamente. Y eso mismo esperamos de la tecnología. Pues bien, como no tenemos tiempo para nada, creemos que ya todo está dicho. Ya no buscamos la verdad, lo que queremos es tener seguridad. Y la certeza es garantía de que nadie se equivoca. Esto es un serio problema, porque si no hay una apertura a la verdad, no hay una apertura a la vida teologal.
  • El buenísmo: Creemos que somos tan buenos, que en ocasiones nos excedemos en lo mismo buenos que somos, eso es el buenismo. Este es el caso de algunos políticos que viven señalando a los malos y presentándose ellos como los buenos. Como también es el caso de quienes marchan y protestan contra la impunidad y la injustica porque hay muchos impuestos que pagar. Pero ninguno de ellos sabe en el fondo que pelea. Solo les enorgullece falsamente presentarse como los caudillos, los ‘falsos mesías’ o los idiotas útiles, que nos hacen creer que en el mundo solo caben los buenos y que hay que eliminar a los malos. ¿En serio esto es ser bueno? Lo mismo ocurre en la fe cristiana, nos creemos tan buenos, que no hacemos oración y mucho menos practicamos la vida sacramental, porque no lo necesitamos. Y más triste aun, es que pensamos que solo los cristianos somos los verdaderamente buenos. Puesto que los que no son como nosotros —cristianos, católicos, apostólicos y romanos—, no son buenos.

Ahora reflexionemos: ¿Qué me impide vivir teologalmente?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la circunspección

Martes, 27 Noviembre 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué es la circunspección? Es otra virtud auxiliar de la prudencia, que nos lleva a comparar las mejores posibilidades que tenemos, antes de tomar la elección para conseguir el bien anhelado.

¿Acaso no basta con saber si una cosa es buena o mala para saber elegir? No, como hemos dicho anteriormente cuando elegimos entre el bien y el mal —según nos convenga—, hacemos un juicio de conciencia. Pero luego de elegir el bien, la prudencia nos ayuda a evaluar y a seleccionar las mejores posibilidades para elegir entre tantas, la mejor para alcanzar el bien deseado. De esta manera, la prudencia tiene muchas virtudes que le ayudan en este proceso. Una de ellas es la circunspección.

¿Cuál es la esencia de la circunspección? Saber comparar entre las mejores posibilidades, antes de una elección. Para ello la circunspección siempre tiene en cuenta las circunstancias que vivimos. Una cosa es desear un bien y saber que lo podemos obtener; otra cosa es saber cual es la mejor forma de alcanzarlo; y otra muy distinta es saber si las circunstancias nos permiten obtener aquello que deseamos de la mejor manera.

¿En la vida práctica para que sirve esta virtud? Para tomarnos el tiempo de pensar y hacer las cosas bien. No podemos andar por la vida eligiendo bienes sin saber si nos convienen o no. A veces por ejemplo, creemos enamorarnos de alguien y comenzamos una relación afectiva con esa persona. En el mejor de los casos, medianamente tenemos un conocimiento previo de esta persona. Sin embargo, nos decimos a nosotros mismos: ‘en el camino nos conoceremos’. Pero nunca nos detenemos a pensar antes: ¿será que me conviene esta persona para mi vida? ¿qué quiero yo de mi vida afectiva? ¿cuál será el mejor momento para empezar una relación afectiva? ¿cuándo sabré que conozco suficientemente a alguien para proponerle que empecemos una relación afectiva?

Ahora bien, no solo en la vida sentimental se aplica la circunspección. En otras dimensiones de la vida cotidiana siempre es necesaria. Sobre todo cuando nos enfrentamos a tomar decisiones que cambian nuestra vida. La circunspección es una virtud humana que sabiéndola ejercer, nos hace volvernos dueños de nosotros mismos y aumenta el amor por nosotros y por los demás.

¿Qué alcances tiene esta virtud en la sociedad? Que nos preocupamos por educar a las demás personas para que sepan elegir. Quien vive la circunspección quiere que otros también la vivan. Puesto que quien la practica, difícilmente se equivoca. Sin embargo hay que saber, que si se cometen errores estos pueden ser por múltiples factores, no necesariamente por no ejercercitar la circunspección. Tengamos la seguridad que hasta el mismo Jesucristo ejerció esta virtud al momento de elegir a los 12 apóstoles. Puesto que entre tantos seguidores que tenia, eligió solo unos pocos. Es decir entre el bien, eligió lo mejor de este.

¿Cuál es el vicio de la circunspección? La precipitación y el no saber deliberar. Parecen lógicos estos vicios, pero no solo son ellos los que se oponen a la circunspección, sino todo lo que se deriva de ellos.

  • La precipitación: Es la rapidez con que tomamos decisiones sin elegir bien. La mayoría de veces tomamos decisiones sobre nuestra vida y la de los demás, sin pensar. Esto es triste, porque no hemos comprendido que la vida es un Don de Dios. Es un regalo de él. De ahí que debemos cuidar todos los detalles que tengan que ver con las decisiones que tomemos en nuestra vida y en la de los demás. Necesitamos tiempo para pensar ¿cuánto tiempo es necesario? el que sea, se trata de nuestra vida y debemos emplear el tiempo que consideremos justo y decidir. Tampoco podemos esperar que la vida, el tiempo y otras personas, tomen determinaciones sobre nosotros, debido a nuestra negligencia e impotencia para decidir.
  • No saber deliberar: Es sacar conclusiones erradas sobre algo, cuando tenemos los elementos necesarios para razonar bien. Tal vez por vivir en un mundo de consumo inmediato, pensamos que ‘pensar’ también se hace rápido. Por ello no solo la precipitación es un vicio, sino el no saber deliberar. Es común que hagamos juicios sin indagar. Tanto así que decimos no necesitar conocer las cosas, para saber de que se tratan. Damos todo por supuesto. De ahí que no solo la verdad esté en crisis, sino que por tomar las cosas de prisa y sin saber lo que decimos, tenemos que enfrentar malas consecuencias.

¿Cómo vivir la circunspección de manera práctica? Con amor propio. Cada decisión que tomemos sobre nosotros mismos, merece la pena que la hagamos bien tomándonos un tiempo para pensar y decidir. Desde la ropa que vestimos, los alimentos que consumimos y todo lo que afecte nuestra vida. Especialmente en el ámbito educativo y sin lamentarnos:

  • La educación: Es para todas las personas, no solo para los niños. Debemos enseñar a los demás a que tomen sus propias decisiones valorando bien lo que deciden. A los niños se les prohíben ciertas cosas, pero es necesario enseñarles porque es nocivo aquello que se les prohíbe. Y además hay que enseñarle a buscar otras alternativas y acompañarlos a que decidan bien. 
  • Lamentarse: Quien decide bien sobre algo, nunca se lamenta así las cosas no salgan como esperaba. Puesto que el tomar una decisión implica valorar todas las posibilidades para elegir bien. Los únicos que se lamentan son los niños cuando nadie los orienta, porque ellos quieren las cosas inmediatamente y cuando las consiguen por su propia cuenta, a veces se llevan sorpresas desagradables y se lamentan de lo que hacen. No podemos seguir eligiendo sobre nuestra vida y después lamentarnos. Pregúntate: ¿Conoces a alguien que quejándose o explicando el porqué fue que no salieron las cosas bien, ha progresado en su vida?

Finalmente reflexionemos para comenzar a ejercer la circunspección: ¿En que situaciones me cuesta tomar decisiones que afectan mi vida no hago nada por miedo o mediocridad?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!