fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

«¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Jn 9,1.6-9.13-17.34-38

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

En el Evangelio de hoy, la pregunta de Jesús es un cuestionamiento sobre el sentido de la vida, ¿cuál es nuestra respuesta? ¿creemos para qué? ¿creemos sin dar razón de quien es el Hijo del hombre? ¿de que nos sirve creer en el Hijo del hombre?

La alegría de responder la pregunta de Jesús nos abrirá los ojos, porque verdaderamente nadie más sabrá nuestra respuesta sino solo Dios. Es necesario que cultivemos un encuentro personal con Jesucristo, «o al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso»[1], porque de nada vale decir que sí creemos en él, si no tenemos un sentido pleno de felicidad. Creer en Jesús no es un ética, eso sería en cumplir ciertas normas de convivencia sin compromiso social; no se trata de mantener un Cristo roto en la pared que nos identifique como creyentes porque le tememos a Dios, o por superstición. Creer en Jesús con la fe y la razón alegra nuestra vida porque hacemos todas las cosas nuevas en él, sino fuera así ¿qué sentido tiene entonces la Eucaristía?

Jesucristo es el Hijo del hombre, el Salvador, la Ley Nueva que desarrolla el deseo de autonomía y de libertad en la verdad que habita en nuestro corazón, «de lo más íntimo de la persona, habitada por Cristo y transformada por el Espíritu, brota su actuación moral»[2], es por ello que debemos dar razones de lo que creemos. ¿Crees tú en el Hijo del hombre?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!


[1]   Papa Francisco. Evangelii Gaudium: Exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (Roma, junto a San Pedro: En la clausura del Año de la fe, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, 24 de noviembre 2013), Nº 3.

[2]   Comisión Teológica Internacional: «En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural», Nº 111.

El Domingo: San José el sueño de Dios

Sábado, 18 Marzo 2017 00:00

“José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” Mt 1, 16. 18-21. 24ª

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

La obediencia en Dios es para el cristiano la forma de configurarnos con él, tal vez pensemos que humanamente es imposible aceptarla porque la juzgamos como un imposición, pero ¿realmente escuchamos a Dios para saber obedecerle? Cuando Dios quiere algo de nosotros nos lo dice, pues no podemos obedecer sin saber exactamente lo que debemos hacer, por ello es también una forma de desobediencia hacer lo que queramos sin ni siquiera escuchar lo que se nos dice.

San José es el modelo de escucha y obediencia, no por ello deja de ser el hombre responsable, trabajador, fiel y emprendedor de su familia; él mismo se hace libre porque entendió que Dios tiene un plan para él y por eso lo escucha. A pesar de las preocupaciones y decisiones de vida que enfrenta, este maravilloso hombre duerme, porque el sueño de José es el descanso que escucha a Dios.

Dormir en Dios constituye la serenidad que debemos buscar humanamente para preguntarle al creador sobre nuestras preocupaciones, porque luego con el despertar tendremos que actuar, muchas veces sin preguntar el porque de las cosas cuando sabemos que Dios lo ha querido así. Esto por difícil que suene, es tan sensato que la fe nos ayuda a comprender las verdades divinas porque «la práctica del amor supera toda cerrazón y todo límite. Adquiere una dimensión universal y una fuerza inigualable, puesto que hace que la persona sea capaz de llevar a cabo lo que sería imposible sin el amor»[1]. Este es nuestro actuar en obediencia como cristianos para que un día podamos dormirnos en Dios en libertad.

Pidámosle a Dios en nuestra oración, que tengamos la actitud de San José, la calma y serenidad para defender lo que amamos, no como un instinto natural, sino con la fuerza y la Gracia que solo proviene de Dios. Hoy oremos especialmente por todos los hombres que han pasado por nuestra vida, los que están presentes, aquellos que ya duermen felizmente en Dios, por aquellos que no tienen serenidad y a la voz de Dios cierran los oídos; para que la Trinidad Santa los abrace en el amor y puedan tener limpia la conciencia como la mejor de las almohadas.

El Papa Francisco en varias entrevistas, ha hecho alusión sobre una imagen de San José durmiendo que tiene en su escritorio de trabajo; él tiene por devoción particular escribir las inquietudes de su corazón y dejárselas debajo de la imagen para que «San José las sueñe» y pueda hablar con Dios por estas intenciones. Ojalá que este ejemplo de piedad popular pueda ser imitado por muchos de nosotros para que nos ayude a tener una relación más cercana con Dios a través de San José.

Se que atravesamos por circunstancias difíciles, de injusticia, desempleo, a veces de infidelidad, de desespero y ansiedad desenfrenada. Que la confianza en Dios nos lleve a mirar a nuestra familia con los ojos de San José para poderla soñar en Dios, para poder hablarle a Dios de ella. San José el sueño de Dios.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!


[1] Comisión Teológica Internacional: «En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural», Nº 108.

“Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo” Mt 17,1-9

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Es muy difícil luchar contra las ideologías del mundo y contra la ley del más fuerte, ya que ellos imponen su forma de vivir en la sociedad. Por más campañas que se hagan en contra de ellos, estos grupos tienen una victoria asegurada porque la medida de las cosas son ellos mismos. Lo más grave de esto es cuando infestan la religión destruyendo la moral, Dios es marginado para discernir el bien del mal, según ellos, el supuesto “Dios” del cristianismo nos perdona todo en el amor porque jamás nos condena, ya que juzgar no es cristiano.

La naturaleza en que hemos sido creados todos los hombres, independientemente del credo religioso, político y condición social, nos permite entrar en la experiencia moral, esto no podemos quitarlo de nuestro ser ¿entonces como se construyen los códigos éticos que atienden la realidad de las cosas? Por eso la religión ayuda a discernir en que creemos, y Dios cuenta para nosotros los creyentes como la medida de todas las cosas.

Ahora bien como católicos queremos ir al Padre, y la Escritura nos narra hoy las palabras que salen de su ser ¿no son un mandato para nosotros? ¿a caso no son una norma con carácter de ley que guardamos con profundo amor para saber como debemos obrar? Escuchar al Hijo, sí escuchar a Jesucristo es la carta de navegación en todo nuestro vivir. Esto es un mandato del Padre creador; y es tal esta responsabilidad, que estamos llamados a vivir y a hablar de Jesucristo, enseñándolo con delicadeza a aquellos que no creen en él como verdad, ante una libertad falsa que hace lo que le venga en gana.

Por ello todos los hombres debemos cuidar el mundo como nuestra casa común, nos corresponde “dejar de lado los intereses particulares para acceder a los valores morales que todos estamos llamados a compartir”[1] y que están inscritos en nuestra naturaleza porque el Creador así lo ha dispuesto. Por naturaleza tendemos a conservar la vida, a cuidar la especie humana, y al acceso de la verdad en Dios para comunicarla a los demás. ¡No mas ideologías discriminadoras! ¡No podemos seguir apostando por el más fuerte y acomodarnos en una victoria sin mérito! Nosotros tenemos una moral inscrita en nuestra naturaleza y Revelada por Dios en el misterio pascual. Por tanto la voz del Padre es la conciencia del mundo.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!


[1] Comisión Teológica Internacional: En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural, 2009, Nº 38: El papel de la sociedad y de la cultura.

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”[1].

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud humana se encuentra el intelecto en su aspecto práctico. Estas tres virtudes (sindéresis, prudencia y técnica) son las que gracias a la ley natural se perfeccionan mediante el esfuerzo personal, realizando actos buenos con libertad y constancia.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1804: “Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”.

Por tanto estas virtudes teóricas, son aquellas que conocen la verdad sobre el bien y el mal –acciones buenas o malas–.

  1. La sindéresis: Es un hábito natural, gracias al cual la persona experimenta que debe hacer el bien y evitar el mal, o que no puede desear para otros el mal que no quiere para sí misma.
  2. La prudencia: Perfecciona a la razón para que delibere y juzgue bien sobre la acción concreta que se debe realizar en orden a conseguir un fin bueno, e impulse su realización.
  3. La técnica o arte: Consiste en el hábito de aplicar rectamente la verdad conocida a la producción o fabricación de cosas.

Oración:

Padre santo, en este tiempo de Cuaresma te pedimos para que nos des la Gracia, y nos brindes la capacidad de disponer nuestra voluntad para formarnos en las virtudes de: la sindéresis, la prudencia y la técnica; ya que siendo naturales en el hombre, estas tres virtudes nos ayudan a buscar una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Permite que en nuestras practicas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para buscar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!


[1] S.S. Papa Francisco, homilía de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”[1].

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud humana se encuentra el intelecto en su aspecto teórico. Estas tres virtudes (Entendimiento, ciencia y sabiduría) son las que se adquieren mediante el esfuerzo personal, realizando actos buenos con libertad y constancia.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1803: “La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas”.

Por tanto estas virtudes teóricas, son aquellas que en la actividad intelectual buscan la verdad sobre el ser y la realidad perfeccionando la inteligencia.

  1. El entendimiento: Perfecciona a la razón en el conocimiento de las primeras verdades sobre la realidad, evidentes por sí mismas.
  2. La ciencia: Perfecciona a la inteligencia para conocer las cosas en razón de sus causas particulares a partir de las verdades evidentes por sí mismas.
  3. La sabiduría: Perfecciona a la razón a partir de las primeras verdades de lo real y del conocimiento del universo visible, ya que lleva a conocer a Dios como Creador.

Oración:

Padre santo, en este tiempo de Cuaresma te pedimos para que nos des la Gracia, y nos brindes la capacidad de disponer nuestra voluntad para formarnos en las virtudes del: entendimiento, la ciencia y la sabiduría; ya que siendo naturales en el hombre, estas tres virtudes nos ayudan a buscar una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Permite que en nuestras practicas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para buscar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!


[1] S.S. Papa Francisco, homilía de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

Cuarto Viernes de Cuaresma: La Prudencia

Viernes, 24 Marzo 2017 00:00

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”[1].

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud moral, la prudencia –virtud intelectual, por perfeccionar a la inteligencia– es, por su objeto, una virtud moral, madre y guía de todas las demás.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1806: “La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. “El hombre cauto medita sus pasos” (Pr 14, 15). “Sed sensatos y sobrios para daros a la oración” (1 P 4, 7). La prudencia es la “regla recta de la acción”, escribe santo Tomás (Summa theologiae, 2-2, q. 47, a. 2, sed contra), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada auriga virtutum: conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar”.

Oración:

Padre eterno y Dios nuestro, en este tiempo de Cuaresma te pedimos que nos des la Gracia, para disponer nuestra voluntad y formarnos en la virtud de la prudencia ya que no es una tarea propia del esfuerzo humano; pues la prudencia nos ayuda a dominar la acción que se ha juzgado como buena. Permite que busquemos una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Que en nuestras prácticas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para escrutar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!


[1] S.S. Papa Francisco, homilía de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

Tercer Viernes de Cuaresma: La Fortaleza

Viernes, 17 Marzo 2017 00:00

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”[1].

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud moral, la fortaleza reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1808: “La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi cántico es el Señor” (Sal 118, 14). “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33)”.

Oración:

Padre eterno y Dios nuestro, en este tiempo de Cuaresma te pedimos que nos des la Gracia, para disponer nuestra voluntad y formarnos en la virtud de la fortaleza ya que no es una tarea propia del esfuerzo humano; pues la fortaleza nos ayuda a dominar los peligros más difíciles de superar. Permite que busquemos una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Que en nuestras prácticas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para escrutar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!


[1] S.S. Papa Francisco, homilía de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

Segundo Viernes de Cuaresma: La Justicia

Viernes, 10 Marzo 2017 00:00

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”. S.S. Papa Francisco, homilia de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud moral, la justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1807: “La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada “la virtud de la religión”. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. El hombre justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su conducta con el prójimo. “Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo” (Lv 19, 15). “Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo” (Col 4, 1)”.

Oración:

Padre eterno y Dios nuestro, en este tiempo de Cuaresma te pedimos que nos des la Gracia, para disponer nuestra voluntad y formarnos en la virtud de la justicia ya que no es una tarea propia del esfuerzo humano; pues la justicia nos ayuda a dominar las acciones entre iguales. Permite que busquemos una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Que en nuestras prácticas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para escrutar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!

“Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” Mt 4,1-11

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

La búsqueda natural del bien a la que tendemos como hombres, se ve alterada cuando elegimos el mal; y muchas veces esto es provocado por el demonio, ya que este es un ser personal y espiritual, pues Jesús se refirió a él directamente y no como una posibilidad o un mito. Mas aún en el Nuevo Testamento se menciona sobre su existencia 511 veces.

Por tanto el bien moral que tiene hacia la propia perfección, debe ocupar una dimensión social que reconoce la autonomía de la cultura contemporánea en procurar este bien[1], que en muchos casos se encuentra infestado por actitudes diabólicas ¿cómo explicar entonces tantos suicidios, homicidios, abortos? Y sin enumerar las diversas leyes económicas, políticas, culturales y civiles que en vez de favorecer el bien justifican el mal.

Por tanto la obligación moral que tenemos como creyentes, no es justificar todos los males como originarios del demonio, pues entonces no seriamos responsables de nuestros actos. La obligación moral no proviene de una ley exterior, hacer el bien está en nosotros, este mandato se impone y debe ser llevado a cabo siempre pues reviste un carácter de obligación y de ley[2].

Como creyentes sabemos que en el bien está Dios, pero sin llenarnos de terror sabemos que hay signos diabólicos que tratan de separarnos de él y por ello la tentación se nos presenta como la gran oportunidad de conseguir lo que queremos sin mayor esfuerzo. No se trata de ver del demonio en todo lo que hacemos, pero sí de reconocer que es un ser que existe y que rompe toda relación de nuestra naturaleza para buscar la verdad ¿qué hacer entonces? Orar, ayunar, meditar la Escritura, participar de una vida sacramental activa, formarnos en la fe, esforzarnos por vivir en Gracia de Dios, pero no como quien hace una dieta por miedo; sino como consecuencia que se ama tanto a Dios, que por ello vale la pena una vida de ascesis espiritual.

A través de la historia del la Iglesia los diversos maestros de vida espiritual lo afirman, mientras se viva más en Dios, la sensibilidad que se alcanza permitirá identificar más fácil las acciones maléficas, convirtiéndonos en actitud profética y señalando el camino de la Gracia para enfrentar al demonio.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!


[1] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 36

[2] Comisión Teológica Internacional: En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural, 2009, Nº 43.

Primer viernes de Cuaresma: La Templanza

Viernes, 03 Marzo 2017 00:00

"La Cuaresma es el tiempo de decir no; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido”. S.S. Papa Francisco, homilia de la ceremonia del miércoles de ceniza, celebrada en la basílica de Santa Sabina (1 de marzo de 2017).

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como virtud moral, la templanza permite moderar la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda en el numeral 1809: “La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón” (cf Si 5,2; 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento: “No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena” (Si 18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada “moderación” o “sobriedad”. Debemos “vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente” (Tt 2, 12). «Nada hay para el sumo bien como amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. [...] lo cual preserva de la corrupción y de la impureza del amor, que es los propio de la templanza; lo que le hace invencible a todas las incomodidades, que es lo propio de la fortaleza; lo que le hace renunciar a todo otro vasallaje, que es lo propio de la justicia, y, finalmente, lo que le hace estar siempre en guardia para discernir las cosas y no dejarse engañar subrepticiamente por la mentira y la falacia, lo que es propio de la prudencia» (San Agustín, De moribus Ecclesiae Catholicae, 1, 25, 46)”.

Oración:

Padre eterno y Dios nuestro, en este tiempo de Cuaresma te pedimos que nos des la Gracia, para disponer nuestra voluntad y formarnos en la virtud de la templanza, ya que no es una tarea propia del esfuerzo humano; pues la templanza como virtud nos ayuda a dominar las actividades cuya moderación son más difíciles. Permite que busquemos una vida moral como un progreso hacia ti Padre como muestra de la excelencia humana, porque nos vinculas en la verdad y a la ley de Cristo tu Hijo, en un afecto trinitario de amistad por medio del Espíritu Santo. Que en nuestras practicas cuaresmales podamos tener un dominio de nosotros mismos, para escrutar el verdadero bien, por ello necesitamos de ti. Amén.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu santificador!