fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

La virtud de la estudiosidad

Lunes, 20 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la estudiosidad? Es una virtud permite la aplicación intensa de la mente a algo, para conocer en profundidad, moderando el apetito o deseo de saber.

¿Qué tiene de virtuoso estudiar? El estudio como tal no es una virtud. Ahora bien, la virtud de la estudiosidad es necesaria cuando la persona busca conocer algo que le inquieta. Pues esta pasión por saber, debe tener un límite moderado conducido siempre hacia el bien y nunca de manera desenfrenada.

¿Conocer la verdad es malo? Claro que no, siempre debemos actuar buscando la verdad. Y en ello la estudiosidad nos ayuda, pues permite que no caigamos en distracciones o perdamos el norte de lo que deseamos conocer. De  manera que para adquirir la virtud de la estudiosidad necesitamos conseguir cinco cosas:

  • La finalidad: Que aquello que deseamos saber sea para conseguir un fin bueno, libre y verdadero.
  • La concentración: Es la disposición de nuestra mente con disciplina y rigor en lo que estudiamos.
  • La lectura: Este ejercicio debe ser constante, leyendo lo bueno o lo que buscamos conocer, jamás las cosas superficiales.
  • La memoria: Se trata de mantener viva en la mente lo esencial de lo leído o estudiado, para ser usado cuando sea necesario.
  • La profundización: Que el estudio que realizamos tenga orden, claridad, capacidad argumentativa sólida y sencillez al explicarlo. 

¿Entonces esta virtud se trata solo para los que son académicos? No es exclusiva de las personas que trabajan en la academia. Cualquier situación que vivimos en la vida cotidiana necesita de una respuesta profunda. Pensemos por ejemplo, en aquellas preguntas que nos hacemos a nosotros mismos y no somos capaces de responder. Y también pensemos, en aquellas que otras personas nos hacen y tampoco somos claros en dar respuesta. Es decir, la necesidad de conocer la verdad es tan común a todos los hombres, como la vivencia de la estudiosidad.

¿Cuáles son los peligros que afronta esta virtud? La negligencia y la curiosidad. Dicho de una forma más directa: El pecado por defecto es la negligencia y el pecado por exceso es la curiosidad.

  • La negligencia: Consiste en el voluntario y consciente descuido de no estudiar lo que corresponde, según la condición y el estado de cada uno. La negligencia es una ignorancia culpable, de la cual no hay excusa para justificarse.
  • La curiosidad: Es el anhelo de conocer las cosas que no conducen a un fin bueno, bello, libre y verdadero. La persona curiosa sabe que lo busca aprender tiene un fin malo. Y generalmente el curioso nunca tiene orden en lo estudia. Tal vez lo peor es que habla de aquello que dice conocer, como si fuera un experto con argumentos vacíos.

¿Cómo puede la gente sencilla ver la necesidad de alcanzar la virtud de la estudiosidad? Porque todas las personas necesitamos dar respuestas contundentes a nuestros problemas actuales. Necesitamos educar a nuestros hijos con un sano juicio crítico. Pero sobretodo necesitamos prepararnos para formar una sociedad libre de injusticias, de ideologías y carente de Dios. La estudiosidad es una virtud que todos debemos practicar. No hay  excusa para que la gente sencilla no lo haga; todos debemos preocuparnos por estudiar para conocer la verdad y el sentido de las cosas que nos inquietan. No permitamos que el mundo siga siendo manejado por los curiosos y los negligentes; mientras nosotros los aprobemos por vivir en la ignorancia y en el desorden.

¿Cuál puede ser el secreto para practicar la virtud de la estudiosidad? La mejor recomendación la escribió Santo Tomás de Aquino, en una carta dirigida como respuesta a su hermano de comunidad fray Juan; pues este le había preguntado antes: ¿Cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento? El santo le contestó lo siguiente:

«Ya que me pediste, fray Juan —hermano para mí queridísimo en Cristo—, que te indicase el modo de cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento, debo darte la siguiente indicación:

  1. Debes optar por los riachuelos y no por entrar inmediatamente al mar, pues lo difícil debe ser alcanzado a partir de lo fácil. Y así, he aquí lo que te aconsejo sobre cómo debe ser tu vida:
  2. Te exhorto a ser tardío para hablar y lento para ir al locutorio (Sala de los conventos exclusiva para hablar libremente entre los frailes de cualquier tema).
  3. Abraza la pureza de consciencia.
  4. No dejes de aplicarte a la oración.
  5. Ama frecuentar tu celda, si quieres ser conducido a la bodega del vino de la sabiduría (Para los frailes la celda es la habitación donde además del dormitorio, tienen un lugar destinado para el estudio personal).
  6. Muéstrate amable con todos, o por lo menos esfuérzate en este sentido; pero con nadie permitas exceso de familiaridades, pues la excesiva familiaridad produce el desprecio y suscita ocasiones de atraso en el estudio.
  7. No te metas en cuestiones y dichos mundanos.
  8. Evita sobre todo, la dispersión intelectual.
  9. No descuides el seguimiento del ejemplo de los hombres santos y honrados.
  10. No mires a quien dijo, sino lo que es dicho con razón y esto, confíalo a la memoria.
  11. Busca entender lo que lees y certifica de lo que es dudoso.
  12. Esfuérzate por abastecer el depósito de tu mente, como quien anhela llenar al máximo posible un cántaro.
  13. No busques lo que está por encima de tu alcance.
  14. Sigue las huellas de Santo Domingo que, mientras tuvo vida, produjo hojas, flores y frutos en la viña del Señor de los ejércitos.

Si sigues estos consejos, podrás alcanzar lo que quieres.

Saludos, Fray Tomás».

 

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona negligente, curiosa o qué hago por buscar la bodega del vino de la sabiduría?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la modestia

Lunes, 13 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la modestia? Es la virtud que nos permite perfeccionar nuestros gustos, deseos y pasiones menos difíciles para alcanzar el bien de las cosas.

¿Entonces ser modesto es no presumir de lo que sabemos hacer? No, la modestia no es actuar con una humildad falsa ante un halago que nos hacen. Y mucho menos decir: ‘No es falta de modestia, pero yo soy muy bueno en …’ para hacer notar nuestras cualidades o habilidades en publico, con el fin de ser reconocidos por algo o por buscar un beneficio. La modestia es una virtud que nos ayuda a ser mejores personas, ordenando las cosas que sabemos que están mal, pero no actuamos porque las consideramos insignificantes. 

¿Pero la perfección de los gustos no pertenece a la templanza? Si, la templanza es la virtud que perfecciona los gustos, deseos y pasiones ‘más difíciles’. Sin embargo la modestia, que es una virtud aliada de la templanza que se encarga de los mismos fines, pero solo atiende los gustos, deseos y pasiones que son ‘menos difíciles’ de superar.

¿Cuáles son esos gustos, deseos y pasiones menos difíciles? No existe una formula mágica para descubrir cuales son. Cada persona es un mundo único e irrepetible. Lo que para algunos es difícil de superar para otros no lo es. Sin embargo, según la enseñanza de Santo Tomás de Aquino (Suma de Teología II-II, q.160), la modestia tiene un campo de trabajo predominante en dos aspectos:

  • La forma en que nos comportamos en público y en privado.
  • El uso de adornos para nuestra apariencia física.

¿En la vida diaria como vivimos la virtud de la modestia? En todo momento la vivimos, especialmente somos más sensibles a ella si nos preocupamos por vivir el amor en el bien y en la verdad. De ahí que sean tan importantes tener buenos modales a todo nivel. Es decir sabernos comportar en todo tipo de eventos sociales y en privado, saber vestirnos, saber hablar, etc. Podríamos decir que medimos nuestra capacidad de modestia cuando nos enfrentamos a los gustos, los deseos y las pasiones que nos debilitan nuestra personalidad logrando superarlos.

¿Qué son los gustos, deseos y pasiones menos difíciles? Aquellas que nos alteran los sentidos de forma desordenada, pero que no les prestamos la atención debida, porque sabemos que son males menores y por eso no le damos importancia. Por ejemplo, sabemos que mentir es malo siempre; y sin embargo algunos mienten ‘porque sí’ en situaciones indiferentes, ya se acostumbraron a hacerlo y no hacen nada por cambiar. Otros, comen o beben cosas que no deben y aunque no les afecte en mayor grado, no hacen nada por evitarlo. Lo mismo ocurre cuando presumimos de algo, ya sea por nuestra forma de vestir, hablar y escribir ¿qué necesidad tenemos de deleitarnos en aquello que no nos construye para nada? ¿sólo para sentirnos superiores a los demás? o ¿para despertar la envidia de quienes consideramos que no pueden alcanzar lo que nosotros tenemos?

¿Pero si son males menores en que nos afectan? En que no tenemos una vida totalmente conforme al bien, a la verdad, al amor y por ende al plan de Dios. Corremos el riesgo de que estas ‘insignificancias’ se conviertan en grandes problemas y en ocasión de pecado. Y peor aun, pensemos en aquellos aspectos de nuestra vida que no son pecaminosos, pero que de igual forma no son buenos porque son imperfecciones ¿por qué no hacemos nada por mejorar?

¿Viviendo la virtud de la modestia en que lo podemos notar? En todos los aspectos de nuestra vida siempre hay detalles menores que debemos cuidar; y en ellos está la modestia. Sin embargo para saber si somos virtuosamente modestos debemos saber como manejamos el decoro y el pudor:

  • El decoro: Esto es saberse comportar en todos los ambientes —públicos y privados— tratando a las personas con dignidad y según su condición jerárquica. Para muchos resulta impensable que una virtud logre esto, pero en realidad lo hace. La falta de estar informados y de vivir la virtud de la modestia, nos ha llevado a realizar cursos de etiqueta para que ella nos enseñe lo que por nuestra naturaleza podemos lograr. Algunas personalidades por ejemplo contratan ‘manager de imagen’ para que les diga como deben comportarse o que deben decir ¿no es absurdo esto? Se podría llegar a pensar que estas personas no son virtuosamente modestas. Es más, algunas personas que tienen una imagen pública por cuidar, encargan a otras personas para que manejen sus redes sociales ¿Será que ya no tenemos tiempo ni para pensar lo que debemos decir y escribir? ¿entonces en que ocupamos nuestras vidas? Y ni hablar de los tatuajes o perforaciones que le hacemos a nuestro cuerpo para ‘estar a la moda’ decorándolo, ya que estos son atentados directos contra la ley natural; y contra el Espíritu Santo del cual nuestro cuerpo es templo. Y mucho menos mencionar aquellos diseñadores de moda que realizan vestidos extravagantes y costosos, ya que nadie comunmente los usa y tampoco tienen el dinero para comprarlos. En estas personas el derroche y lo irrisorio rompe la modestia.
  • El pudor: Esta es otra virtud aliada de la templanza, la prudencia y la modestia. El pudor hace que reconozcamos el valor de nuestra propia intimidad y respeta la de los demás. Dicho de otra forma más profunda, mantiene nuestra intimidad cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias que sirvan para la mejorar nuestra propia vida. Es así que el pudor no es cosa de ser anticuados, el pudor es una virtud tan delicada que nos recuerda que somos sujetos y no objetos. De ahí por ejemplo que no andemos desnudos, porque sólo desnudamos nuestro cuerpo ante quien amamos o quien nos ayuda a mejorar nuestra salud. Por ello la industria del sexo y la corrupción de la vida moral en nuestra sociedad, lo primero que quiere eliminar es el pudor, pues es una virtud frágil y delicada, que solo se logra llevar, como quien porta una joya fina sin esconderla en medio ladrones. Y puesto que exterminada esta virtud, la intimidad de las personas es vulnerable a todo nivel. Realmente en ello está el éxito de vender mentiras disfrazadas de moda y actualidad.

Y ahora pensemos reflexivamente: ¿Qué tan modesto soy?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la sobriedad

Martes, 07 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la sobriedad? Es la virtud que nos permite encontrar la moderación en nuestra forma de consumir bebidas embriagantes, como también descubrir la forma inmoderada de beber que nos hace embriagar y perder el juicio de la razón.

¿Qué otros beneficios se logran con esta virtud? De manera general el término ‘sobriedad’ nos lleva a la correcta utilización de nuestros sentidos. De ahí que manejemos apropiadamente el dinero, el tiempo, los esfuerzos y los bienes materiales. Quien no vive esta virtud se deja llevar por sus deseos, pues todo lo quiere ver, tocar, oler, sentir. Es una persona que dedica demasiado tiempo y esfuerzo para satisfacerse a si mismo complaciendo su vanidad. El sobrio es una persona virtuosa porque sabe manejar sus deseos, manteniéndose en el justo medio de las cosas, como la medida necesaria entre el vicio y el defecto.

¿No estamos siendo escrupulosos con la forma de querer ser virtuosos, que hasta la bebida resulta ser prohibida? No, las virtudes no pretenden eliminar la libertad humana, todo lo contrario son cualidades que perfeccionan a la persona para que viva mejor y sea feliz. Santo Tomás de Aquino dice al respecto que: «Es propio de toda virtud moral conservar el bien racional contra los obstáculos que pueden impedirlo» (Suma de Teología II-II, q.149, a.2 ). Por ello saber mantenerse sobrio es una de las virtudes más nobles de la persona, porque evita embriagarse para que no se nuble la razón.

¿Cuál es el principal vicio de la sobriedad? La embriaguez, porque es un problema personal y socialmente grande. A demás como hombres de fe, es necesario recordar que quien se embriaga a propósito para anular la razón y sentir el placer desinhibido, peca mortalmente porque conscientemente atenta contra su propia vida. Las consecuencias de la embriaguez son alarmantes:

  • El alcoholismo social: Este parece ser un mal que no incomoda. Socialmente los gobiernos solo se preocupan en las vísperas de una elección de un cargo por votación popular; pues a los ciudadanos les prohíben vender y consumir bebidas alcohólicas, para evitar conflictos sociales fruto de la embriaguez. Y como es lógico que el que está ebrio pierde la lucidez de la razón, el Estado prohíbe la venta de licor a los menores de edad. Esto que parece normal no lo es. No podemos seguir confundiendo lo común con lo normal. Aquí deberíamos preguntarle el Estado ¿Por qué no existe un control por parte del gobierno, que regule el consumo de alcohol para evitar que se deterioren la relaciones humanas, especialmente el daño que sufre la desintegración de la familia, cuando hay dentro de ellas personas que se embriagan frecuentemente? Si la familia es la sociedad natural que da orígenes a nuevos ciudadanos ¿por qué el Estado no hace nada para protegerla del alcoholismo? Pareciera que frente al alcoholismo, las personas solo le importáramos al gobierno, cuando hay un evento público que exige la participación ciudadana.
  • Decir no también es una respuesta: Es muy común que estando en algún evento social en nuestra familia, incluso con nuestros amigos, alguno se embriague. Esto socialmente es aceptable, pero pensemos por un momento ¿es correcto que esto pase? Nadie nos enseña a decir ‘no más’. Muchas veces consumimos alcohol hasta que la botella queda vacía, como si fuera una obligación terminarla. Es importante saber disfrutar un buen vino, una cerveza, un coctel; además porque más allá del placer que produce a los sentidos la bebida, se está disfrutando de la compañía y del calor que envuelve el amor de amistad. Es importante aprender a educar a nuestros hijos en el deseo por el licor; y parte de esa enseñanza es saber decir ‘no voy a beber’ y ‘no bebo más’ para mantenernos libres, pues el alcohol nos esclaviza y nos hace perder el juicio de la razón.
  • Confusión entre placer y felicidad: Nadie dice que no bebamos, todo lo contrario, las campañas de publicidad patrocinan el consumo de alcohol ‘preocupados por nuestra felicidad’. Parece ser que ellos pretenden hacernos creer que el que bebe sin límite llega al estado puro de la felicidad. El mundo publicitario de las bebidas alcohólicas es hedonista, busca que el beber licor produzca el placer por el placer. Comúnmente en toda celebración hay bebidas embriagantes; cuando se destapa una botella en el fondo pensamos ‘no me puedo emborrachar’; y en algunos casos cuando sentimos pena profunda por algo, el alcohol resulta ser nuestra compañía. La felicidad no es embriagarse, quien lo hace en este sentido busca una ilusión pasajera. No todo lo que produce placer conduce a la felicidad; así como no todo lo que conduce a la verdadera felicidad es placentero. ¿Entonces por qué bebemos en una celebración? Porque compartimos la vida con los amigos y familiares alrededor de una copa, sabiendo disfrutar el momento. Porque más bien en vez de pensar que ‘me voy a emborrachar’ cuando veo que destapan una botella, mejor pienso ‘me voy a disfrutar una copa con las personas que amo por un motivo especial’. Y de igual forma el que siente pena por algo cuando bebe, no lo hace siempre por perder la razón hasta quedarse dormido. La mejor opción debe ser tomar con moderación en compañía de alguien, como quien hace una pausa para luego continuar su trabajo. Pues en un momento de crisis lo que buscamos son respuestas y planear mejor nuestra vida. En ello un amigo es quien tal vez pueda ayudarnos mejor a llevar el peso de nuestros problemas y nos anime a salir adelante, no que nos induzca a la embriaguez. Es decir en esta último caso, tomarse una copa con un amigo resulta la disculpa perfecta para decir: ayúdame, escúchame, necesito hablar con alguien, abrázame, quiéreme, necesito un consejo.
  • Satanizar el alcohol: Con el término ‘satanizar’ me refiero a culpar el licor por todos los males que ocaciona la embriaguez. Sin embargo, hay que decir que el licor nunca ha sido malo. Hay muchos beneficios para la salud que se encuentran en este tipo de bebidas. La mala fama que han tomado es porque se consume en exceso hasta la embriaguez. Sin embargo hay quienes quieren comparar el alcohol con el tabaquismo y las sustancias psicoactivas. Esto es una comparación absurda, puesto que el tabaco y las drogas atentan directamente contra la salud. En cambio, el licor fue creado para compartir la vida, nunca para dañarla. Por ejemplo, basta recordar las bodas de Caná de Galilea cuando Jesús convirtió el agua en vino. Él no lo hizo para que se bebiera sin control, sino para acompañar la celebración de la vida en el calor del amor y de la amistad. El texto bíblico dice que el maestresala —el criado que servía la mesa y probaba la comida para garantizar su buena condición— al probar el agua convertida en vino, le dijo al novio: «Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio, has reservado el vino bueno hasta ahora» (Jn 2,10). Jesús nos enseña que el vino bueno debe tomarse siempre porque no está hecho para embriagarse, sino para acompañar las buenas deciciones en la vida. De igual forma en nuestra propia liturgia es tan importante la celebración de la vida, que bebemos el vino convertido en sangre de Cristo, no para embriagarnos, sino para permanecer vivos por él, con él y en él.

Y ahora una reflexión final: ¿A quién debería hoy invitarle a tomar una copa de vino?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la abstinencia

Lunes, 30 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En qué consiste la virtud de la abstinencia? Según la explicación que nos da Santo Tomás de Aquino, se habla de la abstinencia como virtud: «cuando lleva al hombre a abstenerse del alimento en la medida de lo conveniente, conforme a las exigencias de los hombres con los que vive y de su propia persona, además de la necesidad de su salud» (Suma de Teología II-II q.146, a.1).

¿Es malo sentir placer al comer alimentos? Claro que no, todo lo contrario el placer alimenticio pertenece al sentido del gusto. Sin embargo este placer se vuelve vicioso cuando la comida se convierte en un medio placentero injustificado, puesto que el hombre necesita alimentarse para conservar su vida, más no para buscar el placer que produce comer.

¿Cuál debe ser la medida virtuosa para comer los alimentos? No importa el modo o la cantidad de alimentos que se toman, mientras se haga conforme con la razón —que es ayudada por la virtud de la templanza—. La clave está en la facilidad y en la serenidad que se tenga para privarse de los alimentos cuando es conveniente o necesario.

¿Cuál es el sentido real de abstenerse de comer? Educar el deseo que conlleva a un placer desordenado. La virtud de la abstinencia que también involucra la bebida no consiste en ‘contenerse’ o ‘aguantarse’. Sino que el hombre virtuoso busca una transformación del deseo mismo del apetito, para que cuando coma no pida lo que no necesita o no le conviene.

¿Quién hace una dieta es una persona virtuosa? No, quien hace una dieta está siguiendo una prescripción médica en busca de la salud. Pero la virtud de la abstinencia puede ser una gran compañera para quien realiza una dieta, logrando que seguir las recomendaciones alimenticias no se vuelvan una tortura.

¿Entonces quién ayuna se le puede considerar virtuoso? No, quien ayuna realiza una práctica ascética para evitar una enfermedad, conseguir realizar con más agilidad algún ejercicio físico, evitar males espirituales o conseguir bienes espirituales. Lo importante es que la persona no se prive totalmente de la alimentación, puesto que esto le causaría un daño. A comparación de la dieta, el que ayuna lo hace por voluntad propia, no le está recomendado o mandado hacerlo. Sin embargo la práctica del ayuno puede conllevar a despertar la virtud de la abstinencia, pero esto no quiere decir que siendo virtuosos de la abstinencia no necesitemos del ayuno. Todo lo contrario, el ayuno siempre será una práctica oportuna que nos ayude a moderar todo tipo de gustos. Otra cosa muy diferente es que quien se perfecciona en la virtud de la abstinencia, puede realizar ayunos más exigentes sin atentar contra su propia vida.

¿Cuáles son los problemas que afronta esta virtud? Son muchos, en realidad se trata de todos los asuntos viciados relacionados con el gusto del paladar. Aparentemente se podría decir que solo la comida y la bebida en exceso es lo perjudicial, pero la dimensión social es mucho mas profunda:

  • La gula: Este es el vicio de muchas virtudes, una de las afectadas es la abstinencia. La gula que forma parte de los pecados capitales —se les dice así porque generan otros tipos de pecado—, consiste en el consumo desordenado y excesivo de alimentos y bebidas que solo buscar el placer por el placer.
  • Los mal llamados moralismos dogmáticos: Algunas personas en diferentes ámbitos de la sociedad afirman que el término ‘abstinencia’ es obsoleto. La razón es que solo se empleaba para prohibir los gustos sexuales y los placeres en general. Para ellos hablar de abstinencia es un moralismo dogmático impuesto por la religión, en especial por la Iglesia católica, que prohíbe todo tipo de placer humanos. La gravedad del asunto radica en que para algunos de nosotros se trata de un tema risible, ridículo y vemos innecesario decir algo al respecto, tal vez pensemos: ‘que exageradas son estas personas’. Para muchos de nosotros parecerá un juego de niños o adolescentes que se creen dueños del mundo, pero no es así esto es muy profundo. Este tipo de afirmaciones generan un lenguaje nuevo, donde lo común se vuelve normal, ya que nuestro silencio se vuelve cómplice de una nueva forma de expresarnos. Estas criticas a la moral católica comienzan con una serie de eufemismos hasta que nos terminamos muriendo por inanición. Es decir cuando queremos reaccionar tal vez ya sea demasiado tarde y no podemos hacer nada porque dejamos de alimentar nuestra fe.
  • Los falsos alimentos: Lamentablemente, existen muchas empresas que fabrican productos alimenticios que en realidad no lo son y lo comercializan como comida. Por extraño que suene, el éxito de estos productos están en los sabores de los mismos y en las ofertas que se anuncian. Muchos de nosotros consumimos estos falsos alimentos porque su sabor despierta el placer de nuestro paladar, pero en realidad no nos alimentan. Lo más grave es que mucha de esta comida produce enfermedades mortales. Pensemos por ejemplo en el tipo de comida que consumimos, las bebidas refrescantes, los aparentes sanos cereales para el desayuno, los condimentos que utilizamos en la preparación de los alimentos para lograr que la comida tenga buen sabor, en fin... Pero más grave aun es cuando consumimos esta comida sintética solo por sentirnos llenos y placidos.
  • La comida vista como una moda: En los últimos tiempos la comida se ha convertido en una moda importante. Muchas personas consideran que es importante saber cocinar o conocer muchos tipos de restaurantes y comidas porque esto demuestra que su idoneidad como personas, pues en el común de la sociedad quien conoce el mundo gourmet es un ‘sabio’. Y peor aun los cocineros, los chef y los dueños de los restaurantes sabiendo esto, se aprovechan y compiten por la excelencia de los sabores para cobrar sumas exageradas de dinero, a quien desee probar sus preparaciones. En el fondo la problema está en quien brinda más servicios de placer —propio de la sociedad hedonista—, no en quien ofrece la alimentación necesaria para vivir. Todos los hombres necesitamos alimentarnos para vivir, y los alimentos están en la misma naturaleza, donde nadie puede sentirse el dueño de los mismos. Es por ello que debemos ser consientes que en los restaurantes no pagamos por la comida como tal, sino por el servicio de conseguir los alimentos, prepararlos y traerlos hasta nosotros. Comer no es una moda, es una necesidad.
  • La injusticia alimenticia: El desorden alimenticio de las personas hace que se produzca más injusticia social, porque existen millones de personas que mueren de hambre en el mundo. Quienes viven obsesionados con la comida generalmente no les importa que otros mueran por falta de alimentación. Sin ir más lejos pensemos en nosotros mismos, a veces renegamos porque comemos siempre lo mismo, ya que no podemos conseguir algo diferente por diversas circunstancias. Cuando lleguemos a esta situación nuevamente hagamos un alto en el camino, oremos a Dios pidiéndole perdón por lo desagradecidos que somos y sin miedo comprometámonos de por vida, para que de alguna forma una sola persona en el mundo no le falte el alimento necesario. Esto sería casi como apadrinar al que tiene hambre física por la injusticia social ¿te imaginas si cada persona en el mundo adoptara solo una persona para ayudarle a que se alimente bien? De esta forma si se podría hablar de restitución de la justicia, pues nadie moriría hambre.

Preguntémonos para nuestra reflexión: ¿En que aspecto de mi vida la virtud de la abstinencia me puede ayudar?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la templanza

Miércoles, 25 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué trata la virtud de la templanza? Tal como lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la templanzaes la virtud que «modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados» CEC 1809. 

¿Qué es eso de placeres? Los placeres son los gustos que nos apetecen y deleitan. No está nada mal sentir placer en sus diversas formas, sin embargo los placeres deben ser ordenados para que no solo produzcan un deleite temporal sino un gozo permanente. En esto ayuda la templanza.

¿Concretamente a que nos ayuda la templanza? A dominar las actividades cuya moderación es más difícil. Pues muchas veces aunque sepamos que algo está mal, lo hacemos porque somos frágiles en nuestra voluntad; no se trata de un problema de la razón. Es decir la templanza nos ayuda no en hacernos consientes de lo que esté mal, sino de conducir por buen camino los gustos y apetitos a los que somos más propensos.

¿Es necesaria la templanza? Siempre es necesaria, puesto que es una de las virtudes cardinales. Recordemos que las cuatro virtudes cardinales nos orientan en como actuar para conseguir el bien, puesto que las acciones nuestras deben ser justas, prudentes, fuertes y templadas.

¿Quién es moderado en sus actos es un hombre virtuoso? No siempre. Ser una persona ‘templada’ implica que nunca pierda el norte, que no escape siempre de las barreras que se encuentra en la vida o que se deje vencer por los gustos desenfrenados. A veces se dice que ser moderado es ser prudente y esto es ejercer la virtud de la templanza, no esto es falso. Ser templado no es huir de nuestros gustos y deseos, es enfrentarlos dándoles el lugar que les corresponde. De ahí que debamos conocernos y saber como orientar nuestros propios apetitos para no reprimirnos. 

¿Cómo ser templado en un mundo consumista? Queriendo ser bueno. Para ser virtuosamente templados no necesitamos ser hombres de fe, basta con querer ser buenos y luchar por ello. Quien ejerce las virtudes cardinales no necesariamente debe ser creyente. Sin embargo para una persona de fe sí es necesario vivir las virtudes morales —así también son conocidas las cardinales—, puesto que al creyente no le interesa ser bueno sino perfecto y esto solo se logra en Dios. Pero hablando específicamente de la templanza, la mejor regla es ejercer esta virtud obrando según el estado de vida que tengamos:

  • En el matrimonio: Todas las virtudes se realizan amando a Dios a través del cónyuge. Moderar los apetititos y gustos propios ayudan para que la otra persona se sienta amada, ya que se busca lo mejor para ella. Pues el ser templado consigo mismo es una forma de demostrarle al otro que ‘nosotros somos’ sujetos no objetos. Por tanto amándonos podemos ser felices y perfectos en Dios, ya que el matrimonio es el sacramento donde se vive la perfeccion humana mutua en orientar los gustos, placeres y apetitos de la voluntad.
  • El en sacerdocio: La entrega en el banquete eucarístico y en el sacramento de la penitencia, hacen del sacerdote un ser tan humano que plenifica su gracia sacerdotal. Él presbítero templado sabe que no es fácil serlo, pero toda su vida de fe le ayuda a no ser egoísta y dar lo mejor de si mismo para que la templanza como virtud sea iluminada por el Espíritu Santo.
  • El consagrado: Vive la plenitud de los consejos evangélicos que le ayudan a perfeccionar el bautismo. Si el consagrado no comprende que los votos le dan libertad jamás podrá ser una persona templada. Quien piense que una consagración religiosa es la privación de las riquezas, la sexualidad y de la libertad, es una persona que primero se debe dejar amar por Dios, para comprender lo que significa ‘templar los gustos’ y luego si corresponder a ese amor divino a través de los votos religiosos.
  • El soltero: Al igual que los anteriores estados de vida, debe aprender a ordenar sus gustos. Ya sea porque se está preparando para asumir un estado de vida distinto al que tiene; y por ello desea darle valor a la espera que le generará un cambio de vida. O también porque según su vocación ha decidido permanecer soltero para buscar su felicidad de esta forma. Esto último es vital, la soltería es un tema ‘vocacional’ no se trata de que se es soltero porque ‘le tocó serlo ya que nunca pudo casarse’.
  • El viudo: Quien ha perdido a su cónyuge hace un acto de amor propio en levantarse y ser mejor en su vida. Solo puede llegar a ser templado si reorganiza sus apetitos. Consumirse en la tristeza o en la desesperación hacen que se viva de manera desordenada. Es cierto que se debe hacer un tiempo de duelo por el ser que ha partido, pero también hay que ser claros en que el duelo hay que cerrarlo y la templanza nos ayuda conducirnos esta nueva forma de vida.
  • El separado: La separación y/o el divorcio no son estados de vida. Aquí hago mención de ello porque para muchos estar separado es comprendido como ‘una oportunidad de volver a ser libres’. Tristemente hoy ya se ha vuelto normal que las personas fracasen en sus matrimonios. Ante esta limitacion humana, la templanza es muy importante, porque ayuda no solo a organizar día a día nuestros apetitos, sino que nos compromete en primer lugar con el dolor del otro cónyuge —ya sea inocente o culpable—. La templanza nos debe llevar siempre a comprender que el matrimonio es una institución natural por la cual el otro se ha convertido en parte de mi vida, donde yo si esa persona no puedo vivir en plenitud los gustos y las pasiones de la voluntad. Por ello para buscar la reconciliación y el perdón, la templanza se ayuda de otras virtudes como: la abstinencia, la sobriedad, la modestia, la estudiosidad, la eutrapelia, la continencia, la humildad, la mansedumbre, entre otras.

Ahora reflexionemos: ¿Cuáles son los aspectos de mi vida que me dan alegría porque me descubro en ellos como una persona virtuosamente templada?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la generosidad

Martes, 17 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la generosidad? Es la virtud que nos impulsa a conseguir los bienes necesarios para vivir de la mejor manera, usando ‘libremente’ la razón.

¿Es una virtud que se interesa entonces por las riquezas? Si, pero la riqueza que hace virtuoso al hombre no es la de acumular bienes materiales. La riqueza que pretende esta virtud consiste en el desprendimiento de las cosas, como si la persona se liberara de su custodia y dominio, demostrando que su afecto aunque no está apegado a ellas, consigue los bienes necesarios sabiendo que son temporales. De ahí que también se conozca con los nombres de ‘largueza’ y de ‘generosidad’ a la virtud de la liberalidad.

¿Entonces las personas millonarias son virtuosas? No se puede afirmarlo, cada caso es cada caso. Habría que conocer el porque de sus riquezas para afirmar si son virtuosos o no.

¿Pero según la virtud de la generosidad ser rico es una virtud? Si, pero es una riqueza obtenida de manera temporal, sin buscar la desproporción adquirida de los bienes, a favor de la justicia y con la mirada puesta en la vida eterna. Por ello el uso del dinero debe ser comprendido bajo esta virtud, ya que el generoso siempre esta dispuesto a dar, porque entiende que el dinero es un medio no fin.

¿Cuál es el punto medio que nos permite mantenernos equilibrados en esta virtud? El punto medio es el otro como persona. Si buscamos una vida ególatra jamás seremos virtuosos, ya que al no ser justos tampoco podemos ser generosos. El justo medio de nuestra generosidad se encuentra en buscar medios que nos permitan vivir bien, para ayudar a otros que puedan vivir de la mejor forma posible, no de una forma mediocre, sino de la mejor forma que una persona esté llamada a vivir en el mundo por ser creación divina.

¿Quién es generoso es justo? Si, porque el generoso no se preocupa por cuanto bien debe hacer, sino que busca realizar todo el bien que esté a su alcance. La persona generosa da todo por sus semejantes. Así como nos lo enseña la parábola del ‘Buen Samaritano’ (Lc 10,25-37); o también la respuesta de Jesús ante la pregunta de Pedro: ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano? Setenta veces siete —es decir siempre—, porque solo quien perdona lo hace por generosidad (Mt 18,22); o la ofrenda que dio ‘la viuda de las dos monedas’ (Mc 12,41-44). De esta forma la virtud de la largueza o generosidad o liberalidad es el esplendor de la justicia.

¿Qué modelos de personas tenemos que hayan vivido esta virtud? Los más cercanos a nuestro conocimiento por su buena fama son la Virgen María y los santos que vivieron la generosidad divina. Para ser breve, propongo una corta mención de tres de mis santos favoritos:

  • San Maximiliano María Kolbe: Fue generoso en ofrecerle una bebida al oficial que fue arrestarlo para llevarlo al campo de concentración al momento de su captura, pues lo encontró nervioso y confundido de cómo apresarlo. Además la generosidad del Padre Kolbe la encontramos en el propio campo de Auswitch —hoy Polonia— donde dio su vida a cambio de la de un condenado a muerte.
  • San Martín de Porres: Este simpático mulato, siempre se preocupaba porque las personas vivieran bien, tuvieran techo y comida. Se dice de él que tenía el Don de la bilocación (poder estar en dos lugares al mismo tiempo), por ello se narran testimonios que viviendo en la ciudad de Lima lo veían en el África ayudando a los esclavos. La generosidad de ‘fray escoba’ hizo que hasta el gato, el perro y el ratón pudieran comer juntos en el mismo plato.
  • Santa Teresa de Calcuta: La madre Teresa siempre nos enseñó la inagotable generosidad que nace del amor. Tal vez ella veía la necesidad de ser generosa ante la injusticia del mundo. Sin embargo ella sintió muchas veces desaliento y ganas de no continuar con su obra de la caridad, pero entendió que cambiar el mundo en generosidad es amarlo en verdad porque venimos de Dios, por ello decía: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota».

Hay muchos santos con historias increíbles que nos cuentan como vivieron la virtud de la generosidad. No se trata de solo historias bonitas, admirables y graciosas, son el testimonio vivo de que se puede ser justo y amoroso porque Dios los provee todo. Estamos llamados a imitar la vida de los Santos. Ahora cuéntame tú una historia de generosidad de algún santo y después dime: ¿Cuántas veces has imitado a ese santo haciendo lo mismo?

Y para nuestra reflexión: ¿Soy una persona generosa con quien tengo diferencias o con mis enemigos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la afabilidad

Martes, 10 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la afabilidad? Es la virtud que nos impulsa a poner lo mejor de nosotros para ser amables y hacer grato el trato con nuestros semejantes.

¿Cuál es la utilidad de la afabilidad como virtud? La afabilidad es una virtud para la convivencia. Así como nadie puede vivir sin la verdad, la afabilidad es necesaria para la vida social. Es decir que estamos obligados por un deber natural de honestidad, a ser afables con quienes nos rodean.

¿Hay que ser afables con todas las personas? Si, nadie merece desprecio porque las personas valemos por lo que somos y no por lo que tenemos. Sin embargo Santo Tomás recomienda que no se debe ser afable con quien necesita ser corregido o amonestar. Y mas aun si se trata de quienes practican con frecuencia actos pecaminosos, porque esto demuestra que somos condescendientes con sus vicios; ya que si somos amables los confundiremos y les daremos ánimo para seguir pecando (Suma de Teología II-II, q.114, a. 2). Es necesario advertir que en este caso no debemos confundir la afabilidad con la delicadeza que merece ser tratada cada persona. Es decir hay que corregir con delicadeza no con afabilidad.

¿Nuestra forma de hablar debe ser afable? Si, la conversación afable no es hablar frivolidades para quedar bien, sino hablar de lo verdadero con buenas maneras, con naturalidad, con calidez y con sencillez. Se debe tratar de hacer comprender la verdad y corregir siempre con dulzura y afabilidad para predisponer al otro a ser corregido y a aceptarlo. No se trata de una forma de manipulación, simplemente es ayudarlo para que sea consiente que sus actos pueden ser mejores.

¿Cómo reconocemos que somos virtuosamente afables? Porque la afabilidad es una virtud hija de la justicia. Y como consecuencia debemos elogiar a nuestros semejantes por las buenas labores que hacen o simplemente por el bien que reconocemos en ellos como personas. Además la afabilidad es evidente cuando somos motivadores no para buscar un beneficio personal, sino para buscar el bien del otro. Un elogio oportuno y ponderado es muestra de afabilidad.

¿Cuáles son los vicios que atentan contra esta virtud? Todos los que rompen la armonía de la justicia y la relación con los demás. Aquí señalamos tres:

  • La adulación: No se trata de alabar de forma exagerada a alguien, pues quien lo hace muestra un interés evidente. Para muchos de nosotros estas actitudes las señalamos con gracia pero en realidad es muy peligrosa, porque damos la pauta para que lo sigan haciendo y esto no lleva a nada bueno. Tristemente vemos a muchos políticos que se especializan en ello, con el agravante que dicen estar cumpliendo con el mal llamado ‘ejercicio de la política’. ¿De cuando acá se necesita ‘sobarle la espalda’ a alguien para procurar la justicia social?
  • La impaciencia: Va en contra de la justicia porque rompe el decoro y puede llevar al desorden. La persona impaciente no es virtuosa porque siempre espera que las cosas se realicen como ella las desea; o cuando alguien le lleva la contraria en sus ideas. Esto ocasiona una dureza de corazón tal que el principal síntoma es el malhumor.
  • La excesiva severidad: Hay necesidad de ser severos con aquellos actos que contradicen la verdad y nunca serán buenos. Pero cuando las personas no corrigen estas acciones la excesiva severidad no soluciona nada. Hay que permanecer severos pero buscando otros medios para corregir aquellas conductas que solo llevan al mal por mal. Si no es así ¿cómo pretendemos cambiar la corrupción? no podemos ser afables ante un acto de injusticia  o ¿a caso nos alegramos del mal ajeno?

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona virtuosamente afable o mas bien amable para evitarme problemas o para obtener algún beneficio?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la gratitud

Martes, 03 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la gratitud? Es la virtud que nos lleva a buscar la forma de recompensar a alguna persona bienhechora por un beneficio que hayamos recibido de parte de él.

¿El ser agradecidos es una virtud? Sí, en especial cuando reconocemos que no existirá ningún tipo de recompensa que pague el beneficio que hemos recibido de alguien. Por ejemplo con Dios, con nuestros padres o con quien nos ha salvado la vida.

¿Existe una división dentro de la virtud de la gratitud? Sí, como lo dice Santo Tomás de Aquino: «Es importante distinguir cuales son las causas por las que estamos en deuda con alguien y ello nos obliga a pagar lo que debemos». (Summa Theologiæ I-II q.60 a.3). Por tanto existen cuatro dimensiones de esta virtud:

  • Dios: Es la causa principal de nuestras deudas por ser el origen de todos nuestros bienes. 
  • Nuestros padres: Son el principio próximo de nuestra generación y educación. 
  • Las personas superiores en dignidad: Son aquellas de quienes nos vienen los beneficios comunes.
  • Un bienhechor cualquiera: De quien recibimos algún beneficio particular y privado, por lo que de forma especial le quedamos obligados. 

¿Quién recompensa a alguien por un beneficio recibido, debe hacerlo de forma tal que supere lo que ha recibido? Sí, porque lo que recibió es una ‘gracia-gratis’. De tal forma que quien recibió un beneficio queda obligado moralmente a dar también gratis lo recibido. Es más, hay beneficios que son imposibles de devolverle al bienhechor, por ejemplo: ¿qué podemos ofrecerle a Dios como recompensa por darnos la vida?  ¿cómo pagarle a Dios la gracia de su amor en Jesucristo, quien dio su vida por nosotros perdonándonos nuestros pecados, salvándonos y además nos da la certeza de que resucitemos por él? ¿cómo le vamos a pagar a nuestros padres la deuda de traernos a la vida y de educarnos? Estos beneficios que son gracias divinas, otorgan un sentido vitalicio de gratitud. Por consiguiente, la recompensa tiende siempre a dar si es posible algo más.

¿Cuáles son los problemas más comunes que atentan contra esta virtud? Todas aquellas acciones y deseos contrarios a la gratitud. Aunque suene lógica la respuesta a veces no es tan evidente, veamos dos ejemplos:

  • La venganza: Cualquiera podría pensar que lo contrario a la gratitud es la ingratitud, pero no es así. La ingratitud que es un mal grave es la ausencia virtuosa de la gratitud; una persona ingrata es indiferente y le da lo mismo una cosa que la otra. Pero más allá de esto, la venganza es el vicio mayor que atenta contra la gratitud, porque es un sentimiento de hacer mal ante un daño u ofensa recibida. Habitualmente quien tiene un espíritu de venganza en el corazón, mantiene una constante envidia de los bienes que reciben otras personas, deseándoles siempre el mal.
  • La falta de delicadeza con los amigos: Hay personas que consideran que los amigos siempre van a estar en la vida pase lo que pase ¿pero en que basan esta seguridad? ¿a caso no hay que alimentar la amistad para que el amor crezca entre los hombres? He aquí la importancia de reconocer que muchas veces somos desagradecidos con los amigos porque damos por ‘obvio’ que ellos siempre van a estar ahí, cuando en realidad nosotros no cuidamos de ellos. A veces tratamos tan mal a nuestros amigos, que les exigimos indirectamente que deben querernos; o peor aun sólo consideramos amigo nuestro, aquel que es cómplice mio sin importar que lo que yo haga este bien o mal, puesto que no buscamos amigos para que nos juzguen, sino para que nos promocionen y nos admiren por lo que somos y hacemos. ¿Dónde quedó entonces el sentido de gratuidad del amor entre iguales como lo exige la amistad? Definitivamente una vez más se corrobora que en Jesús se cumplen todas las virtudes: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos» Jn 15, 13.

Ahora sinceramente pensemos: ¿Por qué hay ocasiones que me cuesta ser agradecido?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la piedad

Martes, 26 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la piedad? Es la virtud que nos permite ser agradecidos con Dios por todo lo que nos da. Para ello esta virtud presenta un doble movimiento: en primer lugar nos permite reflexionar sobre lo que hemos recibido por naturaleza, reconociendo nuestro origen y el fin para el que fuimos creados. Y en segundo lugar siendo consientes que hemos sido llamados a la vocación de la felicidad, esta virtud nos ayuda a valorar lo que somos para sentirnos hijos y buscar a Dios como Padre que nos ha dado todo.

¿Cuál es la diferencia entre la virtud y el Don de la piedad? Que la virtud de la piedad es humana y es hija de la justicia; es decir no podemos ser piadosos sino somos justos. Y el Don de la piedad es propio del Espíritu Santo, que a través de la Gracia divina, actúa como una ayuda sobrenatural que enciende en nuestra voluntad el amor al Padre y el afecto a los hombres, especialmente a los cristianos y a todas las criaturas.

¿Entonces qué es ser piadoso? Es una actitud y aptitud virtuosa de agradecimiento profundo a Dios porque lo reconocemos a él en todo lo que hacemos. De esta forma ser piadoso es distinto del ser compasivo o del sentimiento de lástima o de pesar por algo o por alguien. Quien es piadoso desarrolla una sensibilidad tal que se conmueve en ser justo y caritativo con sus semejantes.

¿Cómo se vive la virtud de la piedad cotidianamente? En todo lo que hacemos, puesto que es necesario que actuemos siempre en justicia y caridad para que constantemente demos gracias a Dios en todo. La clave para entender esta virtud es que la piedad no se exige, se da por vivir la justicia.

¿Cuáles son los problemas más comunes que atentan contra esta virtud? Son todos aquellos que van en contra del orden divino de la caridad y la justicia. Los más destacados son aquellos que involucran a la familia y a la sociedad:

  • La desintegración de la familia: Las relaciones al interior de cualquier familia honran a Dios y los demás cuando se actúa con piedad. El hogar de la familia es el lugar donde se palpa la piedad filial, puesto que es elfundamento de honor y reverencia que los hijos deben a sus padres. Dicho en otras palabras, los hijos deben mantener con sus padres una responsabilidad vitalicia degratitud por el don de la vida, por ayudarlos a formarse como personas y cristianos. Hasta aquí todo muy bien ¿dónde está el problema? En ser desagradecidos con nuestros padres y hermanos del núcleo familiar, pues faltar contra el cuarto mandamiento de ley de Dios, es faltar a la verdad. Por ejemplo, si en realidad viviéramos la piedad filial, no existirían los asilos de ancianos por muy cómodos y sofisticados que sean, pues nadie está por gusto en un lugar como estos; sino porque muchos hijos piensan que cuando los padres son ancianos ya se convierten en un estorbo, pues hay que tener mucha paciencia con ellos —y no la tienen—, hay que dedicarles tiempo —y no lo hacen—, pero sobretodo hay que darle la vida a ellos así como algún día nuestros papás lo dieron todo por nosotros, hay que amarlos sin condiciones. Lo más triste aun es que se piensa que los ancianos por los cuidados que requieren, nos privan de hacer nuestra vida ‘normal y placentera’ y los más cretinos dirán que no nos podemos privar de los mejores momentos de la vida cuidando a un viejo.
  • La desintegración de la sociedad: Quien no se forma en la piedad filial no puede ser un buen ciudadano. La familia es el núcleo que forma nuevos ciudadanos agradecidos con el país, con la cultura, con las leyes políticas, buscando siempre un mejor bienestar para todos. Pero la realidad actual nos presenta situaciones preocupantes que atentan contra la identidad de la persona. Por  ejemplo la ideología de género y los grupos LGTBI pretenden dar una identidad vacía a las personas en una sociedad que solo puede nutrirse de los valores de la familia en su ley natural. Otro ejemplo es que preferimos los deportistas, las costumbres y las tradiciones de otros países que las nuestras, al parecer el argumento es que ‘aquellas son mejores’ ¿entonces no vale la pena vivir nuestra identidad nacional? Y finalmente la corrupción política y económica marcan un retroceso en los pueblos, llegando a ponderar la ambición y la avaricia como lo primordial, las cuales rompen la piedad porque destruyen la gratuidad con nuestra nación, con nuestros semejantes y con Dios quien nos ha dado un lugar para vivir y cuiadar como administradores de la creación.

Reflexionemos: ¿Cómo puedo ser piadoso con mi familia y con mi país?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la religión

Martes, 19 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la religión? La religión es una virtud moral que busca darle a Dios el culto debido. Ella se origina en la virtud de la sabiduría y pretende establecer una relación entre Dios y el hombre de manera justa y basada en el amor, porque el hombre reconoce que sin Dios nada es posible.

¿Pero la religión no es una organización social? No, la religión es una virtud moral y gracias a que creemos individualmente, los hombres como seres sociales nos organizamos para celebrar conjuntamente y vivir conforme según lo que creemos. Esta es la dimensión social de la religión que inclina al hombre a dar a Dios el respeto, el honor y el culto debidos como primer principio de la creación y gobierno de todas las cosas.

¿Es sobrenatural la virtud de la religión? No, la religión es una virtud humana porque busca a Dios como fin. Y si fuera una virtud sobrenatural tendría por objeto directo a Dios. Dicho de una forma menos técnica: el objeto material de la religión no es Dios, como lo es en las virtudes teologales, sino la glorificación de Dios por parte del hombre. Esta glorificación consiste formalmente en el culto que el hombre tributa a Dios.

¿Por qué es tan importante el culto a Dios? Porque quien lo hace vive virtuosamente, pues reconoce que su vida sin Dios no es nada. De ahí que quien reconoce a Dios quiere que toda su vida sea un culto permanente dirigido hacia él. Por ello la importancia de establecer las normas de convivencia éticas para que como sociedad le demos culto a Dios.

¿Entonces todas las religiones que le dan culto a Dios son propias de hombres virtuosos? Si, la virtud de la religión es natural y común en todos los hombres. Y a partir de ello debemos ayudarnos de las demás virtudes para buscar la verdad, el verdadero Dios, el verdadero culto.

¿El cristianismo entonces es tan virtuoso como las demás religiones? Virtuosamente si, porque todas buscan a Dios. La diferencia es que el cristianismo es una religión revelada por el mismo Dios, las demás son creadas por los hombres. Es más, la grandeza del cristianismo al provenir directamente de Dios, nos garantiza la salvación, el perdón de nuestros pecados y la restauración para vivir en la caridad. Es decir la clave del cristianismo no radica en vivir la religión de manera virtuosa, sino en ser perfectos por ayuda divina. «Sed perfectos, como es perfecto el Padre celestial» Mt 5,38.

¿Cómo saber si estamos dándole el verdadero culto a Dios? Sabemos porque debemos cumplir cabalmente estas dos criterios básicos: Que lo que hagamos esté siempre ordenado a Dios para darle gloria. Y que tengamos la capacidad de elevar nuestra mente hacia él para que sea él quien gobierne nuestra vida, superando así el placer, el tener y poder.

¿Cuáles son los peligros que atentan contra la virtud de la religión? Existe una infinidad de peligros, sin embargo hay cinco que socialmente son los más visibles:

  • La religión como moral impuesta: Cuando la religión es vista como una organización de normas impuestas que se deben aceptar con fuerza de obligación. De ahí que muchos digan que educar en la religión es instruir en moralismos.
  • El ateísmo, agnosticismo e indiferentismo: Esas tres actitudes de un amplio sector de la cultura actual son un reto para la moral de nuestro tiempo, pues la negación de Dios o la indiferencia ante él, hace que vivamos a nuestro antojo y nosotros mismos seamos los dueños de la verdad. Aquí se impone la regla ‘Todo es válido’ convirtiendo en normal lo que es común.
  • El laicismo dogmático: Algunas sociedades consideran que la religión es una forma de gobierno y tratan de eliminar cualquier tipo de creencia en la sociedad. De esta forma ‘muerto Dios’ cualquier cosa es posible porque nada está prohibido.
  • La fe mediocre: Muchos creyentes vivimos estando seguros de que Dios siempre nos perdona y no nos esforzamos por vivir según los criterios del Evangelio, es decir vivimos ‘una vida relajada’ porque nos interesa más las seguridades de las cosas temporales que la propia vida eterna.
  • La vergüenza ante la piedad popular: Es triste que muchas personas —incluso algunos sacerdotes— creen que los ejercicios de piedad son una perdida de tiempo y por eso se deben acabar. Puesto que consideran de fondo que la religión se debe vivir de forma más sencilla y práctica. Este fatal error enseña a las personas que no vale la pena seguir creyendo y alimentar el amor de Dios en cada instante de la vida. Esto es tan gran grave como quien si se sientiera enamorado solo le dijera a su conyugue ‘te amo’ pocas veces en la vida ya que no es tan necesario.

Ahora preguntémonos reflexivamente:¿Por qué creo en Dios?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!