fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

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La virtud de la humildad

Martes, 11 Septiembre 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? La humildad es una virtud derivada de la templanza, la cual le permite al hombre tener cierta facilidad, para moderar el apetito desordenado de la propia excelencia. De esta manera recibe luces para entender su pequeñez y su miseria, principalmente con relación a Dios. 

Santo Tomás de Aquino define esta virtud como: «La humildad significa cierto laudable rebajamiento de sí mismo, por convencimiento interior» (Suma de Teología II-II, q.161). Y Santa Teresa de Ávila dice al respecto: «La Humildad, es el cimiento de todo […] porque la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira» Santa Teresa de Ávila (Moradas Séptimas 4, 9).

¿Qué es lo propio de la humildad? Remover los impedimentos para la vida divina en el hombre, que son la soberbia y la vanagloria que obstaculizan la gracia. 

¿Qué beneficios obtenemos respecto de las demás personas cuando actuamos bajo la virtud de la humildad? Aceptamos el diálogo fraterno con otras personas que nos hacen ver nuestros errores, para que mejoremos y caminemos en la perfección. Hay que estar abiertos a la corrección fraterna. De esta manera nos podrán decir nuestras faltas sin que nos enfademos, nos defendamos y sin que tratemos de justificarnos. Agradeciendo la corrección como una colaboración que nos prestan para mejorarnos.

Si es tan importante esta virtud ¿qué la puede causar? Son dos las fuentes de la humildad, la acción de Dios y la acción del hombre:

  • La acción de Dios: Incluye todo aquello que hace Dios para procurar nuestra humildad, lo que en su providencia permite o dispone en orden a nuestra humildad, así como la Gracia que infunde en nuestras almas.
  • La acción del hombre: Se refiere al esfuerzo que ha de poner la persona para crecer en humildad, lo cual se concreta en los medios principales de que dispone para desarrollar esta virtud.

¿Qué cosas atentan contra la humildad hoy? La soberbia, la vanagloria y todo lo que se pueda derivar de ellas. En nuestra sociedad se destaca por ejemplo ‘el creernos humildes’ diciendo que lo somos. Y también es muy usual ‘la falsa compasión’ que generan algunas personas que han cometido actos en contra de la moral de manera pública, manifestando un sentimiento cínico de pesar.

Es lamentable también que tengamos personalidades públicas carentes de humildad. Basta con fijarnos en los deportistas, los cantantes y los artistas en general, que se presentan como los ‘intocables’ por que son los mejores. Tristemente el mensaje que transmiten al mostrar sus éxitos, es una petición de adoración como si fueran dioses. 

¿Cómo se puede perfeccionar la humildad? Por medio del Don de Temor de Dios, el cual hay que solicitarlo por medio de la oración. Y también mediante el Fruto de la Paz que es propio del Espíritu Santo. Es necesario recordar que el Don de Temor de Dios, se refiere al temor que debemos tener en apartarnos de Dios y vivir sin él; cosa distinta en temerle a Dios. Y los Frutos del Espíritu Santo, son un resultado por la vivencia de los Dones; de ahí que no creamos en las mentiras de los políticos que pretenden ‘negociar la paz’.

Ante la humildad el mismo Santo Tomás recuerda los siguiente: «Después de las virtudes teologales y de las intelectuales, que ordenan a la misma razón, y de la justicia, sobre todo la legal, la humildad es la más excelente de todas» (Suma de Teología II-II, q.161 a.5).

¿Qué es son los grados de la humidad? La virtud de la humildad está en el hombre por naturaleza. Sin embargo cuando hablamos de ‘los grados de la humildad’, nos referimos a las enseñanzas que nos brindan los grandes santos de nuestra Iglesia, los cuales consisten en un progreso espiritual para alcanzar la perfección.

¿Cuántos son los grados de la humildad? Muchos santos y teólogos han estudiado esta virtud y la han clasificado de muchas maneras. Son innumerables los estudias de los grados de la humildad. Por ejemplo para San Anselmo de Canterbury son siente (7). Para Santa Teresa de  Lisieux—conocida como Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz—, todos los grados se resumen en la ‘pequeñez’. Pero tal vez los más estudiados y conocidos sean los doce (12) grados de la humidad que enseñó San Benito de Nursia; y estos mismos los enseña Santo Tomás de Aquino (Suma de Teología II-II, q.161, a.6, prol.). Estos son:

  1. Tener siempre los ojos bajos y manifestar humildad interior y exterior.
  2. Hablar poco y bien y en voz baja.
  3. No ser muy propenso a la risa.
  4. Ser taciturno hasta ser interrogado.
  5. Observar lo prescrito por la regla común del monasterio.
  6. Creerse y comportarse como el último de todos.
  7. Confesar sinceramente la inutilidad para todas las cosas.
  8. Confesar los propios pecados.
  9. Llevar con paciencia la obediencia en cosas ásperas y difíciles.
  10. Someterse a los mayores por obediencia.
  11. No tratar de satisfacer la propia voluntad.
  12. Temer a Dios y conservar el recuerdo vivo de todos sus beneficios.    

Con el corazón en la mano preguntémonos ahora: ¿Qué tan humilde somos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

La virtud de la continencia

Martes, 04 Septiembre 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Es la virtudque nos educa en el deseo sexual, resistiendo a las malas pretensiones que se dan con frecuencia en nosotros.

¿Entonces es lo mismo continencia que castidad? No, la continencia es una virtud hija de la templanza que nos ayuda a moderar el apetito sexual; mientras que la castidad es un Fruto del Espíritu Santo, que se presenta en nosotros como resultado de vivir en la Gracia de Dios por medio de sus Dones y carismas especiales que nos concede. Así lo encontramos en la Palabra de Dios (Ga 5,22-23) y en el Catecismo de la Iglesia Católica. (CEC 1832).

Todo hombre si no es virtuosamente continente, difícilmente podrá ser casto. La virtud de la continencia nace del esfuerzo humano. Y solo si nos presentamos plenamente humanos ante Dios podemos alcanzar la perfección sobrenatural que él nos brinda.

Dicho de una manera más práctica, solo el que es continente puede vivir la Gracia divina plenamente. Es más, el continente lleno de la Gracia de Dios puede ser casto según su estado de vida: casado, sacerdote, religioso, soltero o viudo. Puesto que la castidad es un Fruto del Espíritu Santo que se nos da de manera sobrenatural para amar mejor. Vivir castamente no es ‘aguantarnos o privarnos de tener encuentros sexuales’. Vivir castamente es amar libremente en fidelidad y esto supone un compromiso vitalicio con alguien ante Dios.

¿Qué es lo propio de la continencia? Frenar las pasiones, apetitos y los gustos que buscan conseguir el deleite por medio del sentido del tacto. Hay que recordar que las pasiones, apetitos y los gustos deben ser ordenados por nuestra razón, para que no busquemos deleites pasajeros sino gozos perdurables. En este caso la continencia nos ayuda a ordenar todos las pasiones, apetitos y gustos que tienen que ver con el sentido del tacto, en especial el apetito sexual. De ahí que algunos santos de nuestra Iglesia enseñen la continencia como la forma recta de combatir los desórdenes concupiscibles —pasiones, apetitos y gustos—.

¿Cómo podemos saber que somos virtuosamente continentes? En primer lugar debemos ordenar nuestra vida afectiva. En segundo lugar debemos amar el orden que le hemos dado a nuestra vida afectiva, según el estado de vida que tengamos. Si lo anterior es claro, cuando aparezca algún tipo de gusto fuerte o apetecible, resistiremos a el, porque lo que buscamos es el gozo en las personas que amamos, no en lo que nos despierta una nueva oportunidad de deleite. Es decir, la virtud de la continencia solo se puede conocer cuando aparece la tentación que nos instiga a desordenar nuestra vida afectiva.

¿Cuál es el vicio de la virtud de la continencia? La incontinencia. La persona incontinente es aquella que vive en un desorden afectivo, que todo lo quiere poseer, todo lo quiere tocar y en todo se quiere deleitar. Al incontinente no le preocupa la felicidad como gozo eterno, para él lo primordial está en poseer la mayor cantidad de placeres posibles. Tanto es la lucha de una persona incontinente por permanecer en el placer constante, que no lo importa sacrificar lo que sea. Más aun, el incontinente con el paso del tiempo reconoce que se ha vuelto adicto al placer sexual; por ello afirma necesitarlo para vivir.

¿Qué peligros encontramos en nuestra sociedad para no vivir la continencia? Hay una gran sinnúmero de peligros, pero todos tienen que ver con el desorden del amor. Una persona desordenada en el amor busca el placer sin limite, todo lo quiere tocar y poseer porque no se halla así misma. De ahí que comprendamos las infidelidades, la promiscuidad, los trastornos de la personalidad como la homosexualidad y el transexualismo.

El mundo de hoy nos enseña a consumir, pero no a amar. Por eso vivimos en una sociedad erotizada —hedonista—, donde solo busca el placer por el placer. Por ejemplo es ‘normal’ que las mujeres exhiban sus senos públicamente para provocar sexualmente a quien las mire; pero no lo es cuando se trata de alimentar a sus hijos públicamente, ya que en algunos países esto causa rechazo ¿el mundo al revés?

Papás por favor pensemos: ¿es normal que si ustedes tienen una hija —por ejemplo— y en un futuro ella les presenta su ‘novia’, ustedes no hacen nada porque esto es ‘normal’? ¿Hasta donde ha llegado la locura del desorden afectivo, que nos ha hecho actuar en contra del orden natural establecido por Dios? No olvidemos que algunos padres ‘tan preocupados por sus hijos’ buscan ahora cambiarles la identidad sexual porque nacieron en el cuerpo equivocado. Y ni hablar de las justificaciones que hacemos para aprobar las infidelidades en las parejas. De la misma forma que en muchos lugares aprobamos con ‘normalidad’ que algunos los sacerdotes sean homosexuales y tengan derecho a satisfacer sus necesidades sexuales con personas adultas ¿por favor en que mundo vivimos?

¿Cómo educarnos en el amor? En la familia. No existe otro lugar más privilegiado para aprender amar que en el hogar. De ahí la importancia de educarnos con papá y mamá. En casa hemos aprendido que el amor no es una decisión, el amor es un sentimiento que nos involucra como personas. No podemos vivir el amor en soledad, el amor de casa es la escuela que nos enseña a sufrir y a ser responsables con nuestras decisiones de vida. Si hoy hemos perdido el rumbo del amor que nuestros padres nos enseñaron, vale la pena hacer un alto en el camino para hacer nuestro examen de conciencia.

Por más que las personas hayan perdido a sus seres queridos a temprana edad, sean adoptados o hayan crecido dejos de la familia; el amor de la familia es una realidad de la que nadie se escapa. En nuestra historia de vida siempre hubo alguien que nos educó y procuró para nosotros el bien. Esto demuestra que del amor venimos, en el amor vivimos y al amor volveremos. Por tanto no tenemos excusas para ordenar nuestra vida afectiva y practicar la virtud de la continencia.

Sin embargo, la tipología del amor es muy variada y la Iglesia Católica no es ajena a esta realidad. Por el contrario es la Iglesia una maestra en orientarnos en el amor. Muestra de ello son los innumerables escritos de muchos santos sobre el tema del amor; por ejemplo vale la pena leer las cartas y las obras de: San Ignacio de Antioquía, San Clemente Romano, San Agustín, San Bernardo de Claraval, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, entre otros grandes pensadores cristianos especialistas en la pedagogía del amor. Recientemente el Papa Benedicto XVI le dedicó al amor una de sus grandes cartas encíclicas: Desus Caristas Est —Dios es amor—. Pero ¿realmente si nos preocupamos por leer estos textos y estudiarlos?

Ahora preguntémonos: ¿Mi vida afectiva está ordenada de tal forma que la fidelidad y el amor permanecen juntos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la eutrapelia

Martes, 28 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata esta virtud? Es la virtud que nos ubica en el justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad. Dicho de una forma más cercana y menos técnica, la eutrapelia es la virtud por la cual nos aprendemos a divertir correctamente.

¿Por qué es virtuosa la forma de divertirse? Porque el hombre se divierte para descansar de las múltiples tensiones que implican las actividades más serias de la vida. La persona necesita un descanso —físico y psíquico— en su vida diaria, para poder recobrar energías y continuar con las tareas propias del quehacer diario. Por tanto saberse divertir es un acto de virtud.

¿Cómo se regula una sana diversión? Por la razón humana. No se trata de divertirnos por instinto o porque no tenemos nada más que hacer. Lo eutrapélico está en saber conseguir la forma correcta de divertirse.

¿Qué tan necesario es divertirse? Es una necesidad fundamental para el desarrollo como personas y para la convivencia humana. Porque solo aquel que sabe divertirse, es quien realmente conoce el sentido de la vida: el amor. 

Pensemos por ejemplo en la necesidad que todos tenemos de descansar para hacer mejor nuestras tareas; quien no lo hace se agota más rápido y no hace bien su trabajo. Pero hay ocasiones en que las personas por más que se diviertan en su tiempo de descanso —así sea muy prolongado—, no descansan ¿por qué? Porque no se sienten amados. Solo la persona que se siente amada en su tiempo de descanso, sabe que la sana diversión con los suyos es el mejor ‘combustible’ para ‘recargar baterías’ y continuar con su labor. De ahí que no toda diversión proporciona el verdadero descanso.

Caso contrario, sería el de aquella persona que aunque casi nunca tiene tiempo para descansar de su trabajo, se siente amada por los suyos. Comúnmente estos casos están asociados a la injusticia del Estado y de aquellos empresarios que consideran que no tienen trabajadores a cargo sino esclavos. Sea cual sea la razón, del precario descanso, tampoco hay virtud en estas personas. Es cierto que a pesar de su duro trabajo, lo hacen con un alto grado de motivación; y aunque busquen la diversión en lo que hacen, jamás será un acto que busque la eutrapelia, pues el desorden en el que viven terminará asfixiándolos por el exceso de trabajo.

¿Cuándo divertirnos? Cuando estamos cansados de nuestra labor diaria, en ese momento hay que parar, mirar a los seres que amamos y preguntarnos ¿cómo voy a descansar? Es ahí cuando la virtud de la eutrapelia nos permite liberar la tensión, como aquel deportista que es tan ágil que sabe lo que hace para no perder y cambia de estrategia en pleno juego. Aquel hombre virtuoso que posee la eutrapelia, es tan serio en su rectitud moral que es capaz de mirar fácilmente a las cosas bellas, joviales y recrearse en ellas sin lastimar a nadie; y mejor aun fortalecido continúa su trabajo.

¿Quién se sabe divertir es feliz? No, es falso decir que la felicidad consiste en pasarla bien, sabiéndose divertir y reír. El deleite que provoca la diversión no se ordena directamente a la felicidad de la persona, sino sólo a la acción que busca realizar. De ahí que sea falso decir que tener muchos momentos de alegría es sinónimo de felicidad.

¿Cómo buscar una sana diversión? Santo Tomás de Aquino dice que para hallar una sana diversión conforme a la razón, es importante cuidar de tres cosas (Suma de teología II-II q.168, a.4):

  1. Evitar que el deleite se busque en actos imperfectos o nocivos.
  2. Evitar que se pierda la recta conciencia, pues podemos recrearnos en lo malo sabiéndolo. De esta forma ’la gravedad del espíritu’ se perderá totalmente.
  3. Procurar que el juego sea conforme con el tiempo y la dignidad de la persona.

¿Cuáles son los vicios más frecuentes de la eutrapelia? La bomología, la irrisoriedad y la agroikía. Estos nombres especiales son tomados del tratado que Santo Tomás realizó sobre  la eutrapelia basado en Aristóteles:

  • La bomología: El bomólogo es aquel que se excede en la diversión, pues vive en tal desorden que busca divertirse y provocar la risa. Parece un bufón porque siempre está pendiente de lo ridículo, nunca actúa con decoro y tampoco le preocupa ofender a los demás. Tal es el grado de desorden en el que viven los bomólogos que no les preocupa que ellos mismos sean objeto de la risa; y tampoco distinguen de la gravedad de las circunstancias para bromear. Tal vez en el idioma español, podamos emplear los términos truhán y bufón para referirnos a este tipo de personas.
  • La irrisoriedad: El irrisor por naturaleza actúa con maldad. Este procura divertirse a costa de sus bromas pesadas, pues siempre son ofensivas y causan daño. Para el irrisor no existe la diversión sino logra burlarse ofendiendo a alguien. Un ejemplo claro lo tenemos cuando los soldados romanos coronaron de espinas a Nuestro Señor Jesucristo; además lo vistieron con un manto púrpura y una caña, para burlarse de él porque ellos entendían que se hacia llamar ‘rey de los judíos’ (Mt 27,29).
  • La agroikía: El agroico es aquel que considera que todo tipo de diversión es inútil. Por tanto de ninguna manera acepta y provoca las bromas. Es decir estamos ante un amargado.

Ahora preguntémonos: ¿Cómo me divierto yo?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la estudiosidad

Lunes, 20 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la estudiosidad? Es una virtud permite la aplicación intensa de la mente a algo, para conocer en profundidad, moderando el apetito o deseo de saber.

¿Qué tiene de virtuoso estudiar? El estudio como tal no es una virtud. Ahora bien, la virtud de la estudiosidad es necesaria cuando la persona busca conocer algo que le inquieta. Pues esta pasión por saber, debe tener un límite moderado conducido siempre hacia el bien y nunca de manera desenfrenada.

¿Conocer la verdad es malo? Claro que no, siempre debemos actuar buscando la verdad. Y en ello la estudiosidad nos ayuda, pues permite que no caigamos en distracciones o perdamos el norte de lo que deseamos conocer. De  manera que para adquirir la virtud de la estudiosidad necesitamos conseguir cinco cosas:

  • La finalidad: Que aquello que deseamos saber sea para conseguir un fin bueno, libre y verdadero.
  • La concentración: Es la disposición de nuestra mente con disciplina y rigor en lo que estudiamos.
  • La lectura: Este ejercicio debe ser constante, leyendo lo bueno o lo que buscamos conocer, jamás las cosas superficiales.
  • La memoria: Se trata de mantener viva en la mente lo esencial de lo leído o estudiado, para ser usado cuando sea necesario.
  • La profundización: Que el estudio que realizamos tenga orden, claridad, capacidad argumentativa sólida y sencillez al explicarlo. 

¿Entonces esta virtud se trata solo para los que son académicos? No es exclusiva de las personas que trabajan en la academia. Cualquier situación que vivimos en la vida cotidiana necesita de una respuesta profunda. Pensemos por ejemplo, en aquellas preguntas que nos hacemos a nosotros mismos y no somos capaces de responder. Y también pensemos, en aquellas que otras personas nos hacen y tampoco somos claros en dar respuesta. Es decir, la necesidad de conocer la verdad es tan común a todos los hombres, como la vivencia de la estudiosidad.

¿Cuáles son los peligros que afronta esta virtud? La negligencia y la curiosidad. Dicho de una forma más directa: El pecado por defecto es la negligencia y el pecado por exceso es la curiosidad.

  • La negligencia: Consiste en el voluntario y consciente descuido de no estudiar lo que corresponde, según la condición y el estado de cada uno. La negligencia es una ignorancia culpable, de la cual no hay excusa para justificarse.
  • La curiosidad: Es el anhelo de conocer las cosas que no conducen a un fin bueno, bello, libre y verdadero. La persona curiosa sabe que lo busca aprender tiene un fin malo. Y generalmente el curioso nunca tiene orden en lo estudia. Tal vez lo peor es que habla de aquello que dice conocer, como si fuera un experto con argumentos vacíos.

¿Cómo puede la gente sencilla ver la necesidad de alcanzar la virtud de la estudiosidad? Porque todas las personas necesitamos dar respuestas contundentes a nuestros problemas actuales. Necesitamos educar a nuestros hijos con un sano juicio crítico. Pero sobretodo necesitamos prepararnos para formar una sociedad libre de injusticias, de ideologías y carente de Dios. La estudiosidad es una virtud que todos debemos practicar. No hay  excusa para que la gente sencilla no lo haga; todos debemos preocuparnos por estudiar para conocer la verdad y el sentido de las cosas que nos inquietan. No permitamos que el mundo siga siendo manejado por los curiosos y los negligentes; mientras nosotros los aprobemos por vivir en la ignorancia y en el desorden.

¿Cuál puede ser el secreto para practicar la virtud de la estudiosidad? La mejor recomendación la escribió Santo Tomás de Aquino, en una carta dirigida como respuesta a su hermano de comunidad fray Juan; pues este le había preguntado antes: ¿Cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento? El santo le contestó lo siguiente:

«Ya que me pediste, fray Juan —hermano para mí queridísimo en Cristo—, que te indicase el modo de cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento, debo darte la siguiente indicación:

  1. Debes optar por los riachuelos y no por entrar inmediatamente al mar, pues lo difícil debe ser alcanzado a partir de lo fácil. Y así, he aquí lo que te aconsejo sobre cómo debe ser tu vida:
  2. Te exhorto a ser tardío para hablar y lento para ir al locutorio (Sala de los conventos exclusiva para hablar libremente entre los frailes de cualquier tema).
  3. Abraza la pureza de consciencia.
  4. No dejes de aplicarte a la oración.
  5. Ama frecuentar tu celda, si quieres ser conducido a la bodega del vino de la sabiduría (Para los frailes la celda es la habitación donde además del dormitorio, tienen un lugar destinado para el estudio personal).
  6. Muéstrate amable con todos, o por lo menos esfuérzate en este sentido; pero con nadie permitas exceso de familiaridades, pues la excesiva familiaridad produce el desprecio y suscita ocasiones de atraso en el estudio.
  7. No te metas en cuestiones y dichos mundanos.
  8. Evita sobre todo, la dispersión intelectual.
  9. No descuides el seguimiento del ejemplo de los hombres santos y honrados.
  10. No mires a quien dijo, sino lo que es dicho con razón y esto, confíalo a la memoria.
  11. Busca entender lo que lees y certifica de lo que es dudoso.
  12. Esfuérzate por abastecer el depósito de tu mente, como quien anhela llenar al máximo posible un cántaro.
  13. No busques lo que está por encima de tu alcance.
  14. Sigue las huellas de Santo Domingo que, mientras tuvo vida, produjo hojas, flores y frutos en la viña del Señor de los ejércitos.

Si sigues estos consejos, podrás alcanzar lo que quieres.

Saludos, Fray Tomás».

 

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona negligente, curiosa o qué hago por buscar la bodega del vino de la sabiduría?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la modestia

Lunes, 13 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la modestia? Es la virtud que nos permite perfeccionar nuestros gustos, deseos y pasiones menos difíciles para alcanzar el bien de las cosas.

¿Entonces ser modesto es no presumir de lo que sabemos hacer? No, la modestia no es actuar con una humildad falsa ante un halago que nos hacen. Y mucho menos decir: ‘No es falta de modestia, pero yo soy muy bueno en …’ para hacer notar nuestras cualidades o habilidades en publico, con el fin de ser reconocidos por algo o por buscar un beneficio. La modestia es una virtud que nos ayuda a ser mejores personas, ordenando las cosas que sabemos que están mal, pero no actuamos porque las consideramos insignificantes. 

¿Pero la perfección de los gustos no pertenece a la templanza? Si, la templanza es la virtud que perfecciona los gustos, deseos y pasiones ‘más difíciles’. Sin embargo la modestia, que es una virtud aliada de la templanza que se encarga de los mismos fines, pero solo atiende los gustos, deseos y pasiones que son ‘menos difíciles’ de superar.

¿Cuáles son esos gustos, deseos y pasiones menos difíciles? No existe una formula mágica para descubrir cuales son. Cada persona es un mundo único e irrepetible. Lo que para algunos es difícil de superar para otros no lo es. Sin embargo, según la enseñanza de Santo Tomás de Aquino (Suma de Teología II-II, q.160), la modestia tiene un campo de trabajo predominante en dos aspectos:

  • La forma en que nos comportamos en público y en privado.
  • El uso de adornos para nuestra apariencia física.

¿En la vida diaria como vivimos la virtud de la modestia? En todo momento la vivimos, especialmente somos más sensibles a ella si nos preocupamos por vivir el amor en el bien y en la verdad. De ahí que sean tan importantes tener buenos modales a todo nivel. Es decir sabernos comportar en todo tipo de eventos sociales y en privado, saber vestirnos, saber hablar, etc. Podríamos decir que medimos nuestra capacidad de modestia cuando nos enfrentamos a los gustos, los deseos y las pasiones que nos debilitan nuestra personalidad logrando superarlos.

¿Qué son los gustos, deseos y pasiones menos difíciles? Aquellas que nos alteran los sentidos de forma desordenada, pero que no les prestamos la atención debida, porque sabemos que son males menores y por eso no le damos importancia. Por ejemplo, sabemos que mentir es malo siempre; y sin embargo algunos mienten ‘porque sí’ en situaciones indiferentes, ya se acostumbraron a hacerlo y no hacen nada por cambiar. Otros, comen o beben cosas que no deben y aunque no les afecte en mayor grado, no hacen nada por evitarlo. Lo mismo ocurre cuando presumimos de algo, ya sea por nuestra forma de vestir, hablar y escribir ¿qué necesidad tenemos de deleitarnos en aquello que no nos construye para nada? ¿sólo para sentirnos superiores a los demás? o ¿para despertar la envidia de quienes consideramos que no pueden alcanzar lo que nosotros tenemos?

¿Pero si son males menores en que nos afectan? En que no tenemos una vida totalmente conforme al bien, a la verdad, al amor y por ende al plan de Dios. Corremos el riesgo de que estas ‘insignificancias’ se conviertan en grandes problemas y en ocasión de pecado. Y peor aun, pensemos en aquellos aspectos de nuestra vida que no son pecaminosos, pero que de igual forma no son buenos porque son imperfecciones ¿por qué no hacemos nada por mejorar?

¿Viviendo la virtud de la modestia en que lo podemos notar? En todos los aspectos de nuestra vida siempre hay detalles menores que debemos cuidar; y en ellos está la modestia. Sin embargo para saber si somos virtuosamente modestos debemos saber como manejamos el decoro y el pudor:

  • El decoro: Esto es saberse comportar en todos los ambientes —públicos y privados— tratando a las personas con dignidad y según su condición jerárquica. Para muchos resulta impensable que una virtud logre esto, pero en realidad lo hace. La falta de estar informados y de vivir la virtud de la modestia, nos ha llevado a realizar cursos de etiqueta para que ella nos enseñe lo que por nuestra naturaleza podemos lograr. Algunas personalidades por ejemplo contratan ‘manager de imagen’ para que les diga como deben comportarse o que deben decir ¿no es absurdo esto? Se podría llegar a pensar que estas personas no son virtuosamente modestas. Es más, algunas personas que tienen una imagen pública por cuidar, encargan a otras personas para que manejen sus redes sociales ¿Será que ya no tenemos tiempo ni para pensar lo que debemos decir y escribir? ¿entonces en que ocupamos nuestras vidas? Y ni hablar de los tatuajes o perforaciones que le hacemos a nuestro cuerpo para ‘estar a la moda’ decorándolo, ya que estos son atentados directos contra la ley natural; y contra el Espíritu Santo del cual nuestro cuerpo es templo. Y mucho menos mencionar aquellos diseñadores de moda que realizan vestidos extravagantes y costosos, ya que nadie comunmente los usa y tampoco tienen el dinero para comprarlos. En estas personas el derroche y lo irrisorio rompe la modestia.
  • El pudor: Esta es otra virtud aliada de la templanza, la prudencia y la modestia. El pudor hace que reconozcamos el valor de nuestra propia intimidad y respeta la de los demás. Dicho de otra forma más profunda, mantiene nuestra intimidad cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias que sirvan para la mejorar nuestra propia vida. Es así que el pudor no es cosa de ser anticuados, el pudor es una virtud tan delicada que nos recuerda que somos sujetos y no objetos. De ahí por ejemplo que no andemos desnudos, porque sólo desnudamos nuestro cuerpo ante quien amamos o quien nos ayuda a mejorar nuestra salud. Por ello la industria del sexo y la corrupción de la vida moral en nuestra sociedad, lo primero que quiere eliminar es el pudor, pues es una virtud frágil y delicada, que solo se logra llevar, como quien porta una joya fina sin esconderla en medio ladrones. Y puesto que exterminada esta virtud, la intimidad de las personas es vulnerable a todo nivel. Realmente en ello está el éxito de vender mentiras disfrazadas de moda y actualidad.

Y ahora pensemos reflexivamente: ¿Qué tan modesto soy?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la sobriedad

Martes, 07 Agosto 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la sobriedad? Es la virtud que nos permite encontrar la moderación en nuestra forma de consumir bebidas embriagantes, como también descubrir la forma inmoderada de beber que nos hace embriagar y perder el juicio de la razón.

¿Qué otros beneficios se logran con esta virtud? De manera general el término ‘sobriedad’ nos lleva a la correcta utilización de nuestros sentidos. De ahí que manejemos apropiadamente el dinero, el tiempo, los esfuerzos y los bienes materiales. Quien no vive esta virtud se deja llevar por sus deseos, pues todo lo quiere ver, tocar, oler, sentir. Es una persona que dedica demasiado tiempo y esfuerzo para satisfacerse a si mismo complaciendo su vanidad. El sobrio es una persona virtuosa porque sabe manejar sus deseos, manteniéndose en el justo medio de las cosas, como la medida necesaria entre el vicio y el defecto.

¿No estamos siendo escrupulosos con la forma de querer ser virtuosos, que hasta la bebida resulta ser prohibida? No, las virtudes no pretenden eliminar la libertad humana, todo lo contrario son cualidades que perfeccionan a la persona para que viva mejor y sea feliz. Santo Tomás de Aquino dice al respecto que: «Es propio de toda virtud moral conservar el bien racional contra los obstáculos que pueden impedirlo» (Suma de Teología II-II, q.149, a.2 ). Por ello saber mantenerse sobrio es una de las virtudes más nobles de la persona, porque evita embriagarse para que no se nuble la razón.

¿Cuál es el principal vicio de la sobriedad? La embriaguez, porque es un problema personal y socialmente grande. A demás como hombres de fe, es necesario recordar que quien se embriaga a propósito para anular la razón y sentir el placer desinhibido, peca mortalmente porque conscientemente atenta contra su propia vida. Las consecuencias de la embriaguez son alarmantes:

  • El alcoholismo social: Este parece ser un mal que no incomoda. Socialmente los gobiernos solo se preocupan en las vísperas de una elección de un cargo por votación popular; pues a los ciudadanos les prohíben vender y consumir bebidas alcohólicas, para evitar conflictos sociales fruto de la embriaguez. Y como es lógico que el que está ebrio pierde la lucidez de la razón, el Estado prohíbe la venta de licor a los menores de edad. Esto que parece normal no lo es. No podemos seguir confundiendo lo común con lo normal. Aquí deberíamos preguntarle el Estado ¿Por qué no existe un control por parte del gobierno, que regule el consumo de alcohol para evitar que se deterioren la relaciones humanas, especialmente el daño que sufre la desintegración de la familia, cuando hay dentro de ellas personas que se embriagan frecuentemente? Si la familia es la sociedad natural que da orígenes a nuevos ciudadanos ¿por qué el Estado no hace nada para protegerla del alcoholismo? Pareciera que frente al alcoholismo, las personas solo le importáramos al gobierno, cuando hay un evento público que exige la participación ciudadana.
  • Decir no también es una respuesta: Es muy común que estando en algún evento social en nuestra familia, incluso con nuestros amigos, alguno se embriague. Esto socialmente es aceptable, pero pensemos por un momento ¿es correcto que esto pase? Nadie nos enseña a decir ‘no más’. Muchas veces consumimos alcohol hasta que la botella queda vacía, como si fuera una obligación terminarla. Es importante saber disfrutar un buen vino, una cerveza, un coctel; además porque más allá del placer que produce a los sentidos la bebida, se está disfrutando de la compañía y del calor que envuelve el amor de amistad. Es importante aprender a educar a nuestros hijos en el deseo por el licor; y parte de esa enseñanza es saber decir ‘no voy a beber’ y ‘no bebo más’ para mantenernos libres, pues el alcohol nos esclaviza y nos hace perder el juicio de la razón.
  • Confusión entre placer y felicidad: Nadie dice que no bebamos, todo lo contrario, las campañas de publicidad patrocinan el consumo de alcohol ‘preocupados por nuestra felicidad’. Parece ser que ellos pretenden hacernos creer que el que bebe sin límite llega al estado puro de la felicidad. El mundo publicitario de las bebidas alcohólicas es hedonista, busca que el beber licor produzca el placer por el placer. Comúnmente en toda celebración hay bebidas embriagantes; cuando se destapa una botella en el fondo pensamos ‘no me puedo emborrachar’; y en algunos casos cuando sentimos pena profunda por algo, el alcohol resulta ser nuestra compañía. La felicidad no es embriagarse, quien lo hace en este sentido busca una ilusión pasajera. No todo lo que produce placer conduce a la felicidad; así como no todo lo que conduce a la verdadera felicidad es placentero. ¿Entonces por qué bebemos en una celebración? Porque compartimos la vida con los amigos y familiares alrededor de una copa, sabiendo disfrutar el momento. Porque más bien en vez de pensar que ‘me voy a emborrachar’ cuando veo que destapan una botella, mejor pienso ‘me voy a disfrutar una copa con las personas que amo por un motivo especial’. Y de igual forma el que siente pena por algo cuando bebe, no lo hace siempre por perder la razón hasta quedarse dormido. La mejor opción debe ser tomar con moderación en compañía de alguien, como quien hace una pausa para luego continuar su trabajo. Pues en un momento de crisis lo que buscamos son respuestas y planear mejor nuestra vida. En ello un amigo es quien tal vez pueda ayudarnos mejor a llevar el peso de nuestros problemas y nos anime a salir adelante, no que nos induzca a la embriaguez. Es decir en esta último caso, tomarse una copa con un amigo resulta la disculpa perfecta para decir: ayúdame, escúchame, necesito hablar con alguien, abrázame, quiéreme, necesito un consejo.
  • Satanizar el alcohol: Con el término ‘satanizar’ me refiero a culpar el licor por todos los males que ocaciona la embriaguez. Sin embargo, hay que decir que el licor nunca ha sido malo. Hay muchos beneficios para la salud que se encuentran en este tipo de bebidas. La mala fama que han tomado es porque se consume en exceso hasta la embriaguez. Sin embargo hay quienes quieren comparar el alcohol con el tabaquismo y las sustancias psicoactivas. Esto es una comparación absurda, puesto que el tabaco y las drogas atentan directamente contra la salud. En cambio, el licor fue creado para compartir la vida, nunca para dañarla. Por ejemplo, basta recordar las bodas de Caná de Galilea cuando Jesús convirtió el agua en vino. Él no lo hizo para que se bebiera sin control, sino para acompañar la celebración de la vida en el calor del amor y de la amistad. El texto bíblico dice que el maestresala —el criado que servía la mesa y probaba la comida para garantizar su buena condición— al probar el agua convertida en vino, le dijo al novio: «Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio, has reservado el vino bueno hasta ahora» (Jn 2,10). Jesús nos enseña que el vino bueno debe tomarse siempre porque no está hecho para embriagarse, sino para acompañar las buenas deciciones en la vida. De igual forma en nuestra propia liturgia es tan importante la celebración de la vida, que bebemos el vino convertido en sangre de Cristo, no para embriagarnos, sino para permanecer vivos por él, con él y en él.

Y ahora una reflexión final: ¿A quién debería hoy invitarle a tomar una copa de vino?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la abstinencia

Lunes, 30 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En qué consiste la virtud de la abstinencia? Según la explicación que nos da Santo Tomás de Aquino, se habla de la abstinencia como virtud: «cuando lleva al hombre a abstenerse del alimento en la medida de lo conveniente, conforme a las exigencias de los hombres con los que vive y de su propia persona, además de la necesidad de su salud» (Suma de Teología II-II q.146, a.1).

¿Es malo sentir placer al comer alimentos? Claro que no, todo lo contrario el placer alimenticio pertenece al sentido del gusto. Sin embargo este placer se vuelve vicioso cuando la comida se convierte en un medio placentero injustificado, puesto que el hombre necesita alimentarse para conservar su vida, más no para buscar el placer que produce comer.

¿Cuál debe ser la medida virtuosa para comer los alimentos? No importa el modo o la cantidad de alimentos que se toman, mientras se haga conforme con la razón —que es ayudada por la virtud de la templanza—. La clave está en la facilidad y en la serenidad que se tenga para privarse de los alimentos cuando es conveniente o necesario.

¿Cuál es el sentido real de abstenerse de comer? Educar el deseo que conlleva a un placer desordenado. La virtud de la abstinencia que también involucra la bebida no consiste en ‘contenerse’ o ‘aguantarse’. Sino que el hombre virtuoso busca una transformación del deseo mismo del apetito, para que cuando coma no pida lo que no necesita o no le conviene.

¿Quién hace una dieta es una persona virtuosa? No, quien hace una dieta está siguiendo una prescripción médica en busca de la salud. Pero la virtud de la abstinencia puede ser una gran compañera para quien realiza una dieta, logrando que seguir las recomendaciones alimenticias no se vuelvan una tortura.

¿Entonces quién ayuna se le puede considerar virtuoso? No, quien ayuna realiza una práctica ascética para evitar una enfermedad, conseguir realizar con más agilidad algún ejercicio físico, evitar males espirituales o conseguir bienes espirituales. Lo importante es que la persona no se prive totalmente de la alimentación, puesto que esto le causaría un daño. A comparación de la dieta, el que ayuna lo hace por voluntad propia, no le está recomendado o mandado hacerlo. Sin embargo la práctica del ayuno puede conllevar a despertar la virtud de la abstinencia, pero esto no quiere decir que siendo virtuosos de la abstinencia no necesitemos del ayuno. Todo lo contrario, el ayuno siempre será una práctica oportuna que nos ayude a moderar todo tipo de gustos. Otra cosa muy diferente es que quien se perfecciona en la virtud de la abstinencia, puede realizar ayunos más exigentes sin atentar contra su propia vida.

¿Cuáles son los problemas que afronta esta virtud? Son muchos, en realidad se trata de todos los asuntos viciados relacionados con el gusto del paladar. Aparentemente se podría decir que solo la comida y la bebida en exceso es lo perjudicial, pero la dimensión social es mucho mas profunda:

  • La gula: Este es el vicio de muchas virtudes, una de las afectadas es la abstinencia. La gula que forma parte de los pecados capitales —se les dice así porque generan otros tipos de pecado—, consiste en el consumo desordenado y excesivo de alimentos y bebidas que solo buscar el placer por el placer.
  • Los mal llamados moralismos dogmáticos: Algunas personas en diferentes ámbitos de la sociedad afirman que el término ‘abstinencia’ es obsoleto. La razón es que solo se empleaba para prohibir los gustos sexuales y los placeres en general. Para ellos hablar de abstinencia es un moralismo dogmático impuesto por la religión, en especial por la Iglesia católica, que prohíbe todo tipo de placer humanos. La gravedad del asunto radica en que para algunos de nosotros se trata de un tema risible, ridículo y vemos innecesario decir algo al respecto, tal vez pensemos: ‘que exageradas son estas personas’. Para muchos de nosotros parecerá un juego de niños o adolescentes que se creen dueños del mundo, pero no es así esto es muy profundo. Este tipo de afirmaciones generan un lenguaje nuevo, donde lo común se vuelve normal, ya que nuestro silencio se vuelve cómplice de una nueva forma de expresarnos. Estas criticas a la moral católica comienzan con una serie de eufemismos hasta que nos terminamos muriendo por inanición. Es decir cuando queremos reaccionar tal vez ya sea demasiado tarde y no podemos hacer nada porque dejamos de alimentar nuestra fe.
  • Los falsos alimentos: Lamentablemente, existen muchas empresas que fabrican productos alimenticios que en realidad no lo son y lo comercializan como comida. Por extraño que suene, el éxito de estos productos están en los sabores de los mismos y en las ofertas que se anuncian. Muchos de nosotros consumimos estos falsos alimentos porque su sabor despierta el placer de nuestro paladar, pero en realidad no nos alimentan. Lo más grave es que mucha de esta comida produce enfermedades mortales. Pensemos por ejemplo en el tipo de comida que consumimos, las bebidas refrescantes, los aparentes sanos cereales para el desayuno, los condimentos que utilizamos en la preparación de los alimentos para lograr que la comida tenga buen sabor, en fin... Pero más grave aun es cuando consumimos esta comida sintética solo por sentirnos llenos y placidos.
  • La comida vista como una moda: En los últimos tiempos la comida se ha convertido en una moda importante. Muchas personas consideran que es importante saber cocinar o conocer muchos tipos de restaurantes y comidas porque esto demuestra que su idoneidad como personas, pues en el común de la sociedad quien conoce el mundo gourmet es un ‘sabio’. Y peor aun los cocineros, los chef y los dueños de los restaurantes sabiendo esto, se aprovechan y compiten por la excelencia de los sabores para cobrar sumas exageradas de dinero, a quien desee probar sus preparaciones. En el fondo la problema está en quien brinda más servicios de placer —propio de la sociedad hedonista—, no en quien ofrece la alimentación necesaria para vivir. Todos los hombres necesitamos alimentarnos para vivir, y los alimentos están en la misma naturaleza, donde nadie puede sentirse el dueño de los mismos. Es por ello que debemos ser consientes que en los restaurantes no pagamos por la comida como tal, sino por el servicio de conseguir los alimentos, prepararlos y traerlos hasta nosotros. Comer no es una moda, es una necesidad.
  • La injusticia alimenticia: El desorden alimenticio de las personas hace que se produzca más injusticia social, porque existen millones de personas que mueren de hambre en el mundo. Quienes viven obsesionados con la comida generalmente no les importa que otros mueran por falta de alimentación. Sin ir más lejos pensemos en nosotros mismos, a veces renegamos porque comemos siempre lo mismo, ya que no podemos conseguir algo diferente por diversas circunstancias. Cuando lleguemos a esta situación nuevamente hagamos un alto en el camino, oremos a Dios pidiéndole perdón por lo desagradecidos que somos y sin miedo comprometámonos de por vida, para que de alguna forma una sola persona en el mundo no le falte el alimento necesario. Esto sería casi como apadrinar al que tiene hambre física por la injusticia social ¿te imaginas si cada persona en el mundo adoptara solo una persona para ayudarle a que se alimente bien? De esta forma si se podría hablar de restitución de la justicia, pues nadie moriría hambre.

Preguntémonos para nuestra reflexión: ¿En que aspecto de mi vida la virtud de la abstinencia me puede ayudar?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la templanza

Miércoles, 25 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué trata la virtud de la templanza? Tal como lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la templanzaes la virtud que «modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados» CEC 1809. 

¿Qué es eso de placeres? Los placeres son los gustos que nos apetecen y deleitan. No está nada mal sentir placer en sus diversas formas, sin embargo los placeres deben ser ordenados para que no solo produzcan un deleite temporal sino un gozo permanente. En esto ayuda la templanza.

¿Concretamente a que nos ayuda la templanza? A dominar las actividades cuya moderación es más difícil. Pues muchas veces aunque sepamos que algo está mal, lo hacemos porque somos frágiles en nuestra voluntad; no se trata de un problema de la razón. Es decir la templanza nos ayuda no en hacernos consientes de lo que esté mal, sino de conducir por buen camino los gustos y apetitos a los que somos más propensos.

¿Es necesaria la templanza? Siempre es necesaria, puesto que es una de las virtudes cardinales. Recordemos que las cuatro virtudes cardinales nos orientan en como actuar para conseguir el bien, puesto que las acciones nuestras deben ser justas, prudentes, fuertes y templadas.

¿Quién es moderado en sus actos es un hombre virtuoso? No siempre. Ser una persona ‘templada’ implica que nunca pierda el norte, que no escape siempre de las barreras que se encuentra en la vida o que se deje vencer por los gustos desenfrenados. A veces se dice que ser moderado es ser prudente y esto es ejercer la virtud de la templanza, no esto es falso. Ser templado no es huir de nuestros gustos y deseos, es enfrentarlos dándoles el lugar que les corresponde. De ahí que debamos conocernos y saber como orientar nuestros propios apetitos para no reprimirnos. 

¿Cómo ser templado en un mundo consumista? Queriendo ser bueno. Para ser virtuosamente templados no necesitamos ser hombres de fe, basta con querer ser buenos y luchar por ello. Quien ejerce las virtudes cardinales no necesariamente debe ser creyente. Sin embargo para una persona de fe sí es necesario vivir las virtudes morales —así también son conocidas las cardinales—, puesto que al creyente no le interesa ser bueno sino perfecto y esto solo se logra en Dios. Pero hablando específicamente de la templanza, la mejor regla es ejercer esta virtud obrando según el estado de vida que tengamos:

  • En el matrimonio: Todas las virtudes se realizan amando a Dios a través del cónyuge. Moderar los apetititos y gustos propios ayudan para que la otra persona se sienta amada, ya que se busca lo mejor para ella. Pues el ser templado consigo mismo es una forma de demostrarle al otro que ‘nosotros somos’ sujetos no objetos. Por tanto amándonos podemos ser felices y perfectos en Dios, ya que el matrimonio es el sacramento donde se vive la perfeccion humana mutua en orientar los gustos, placeres y apetitos de la voluntad.
  • El en sacerdocio: La entrega en el banquete eucarístico y en el sacramento de la penitencia, hacen del sacerdote un ser tan humano que plenifica su gracia sacerdotal. Él presbítero templado sabe que no es fácil serlo, pero toda su vida de fe le ayuda a no ser egoísta y dar lo mejor de si mismo para que la templanza como virtud sea iluminada por el Espíritu Santo.
  • El consagrado: Vive la plenitud de los consejos evangélicos que le ayudan a perfeccionar el bautismo. Si el consagrado no comprende que los votos le dan libertad jamás podrá ser una persona templada. Quien piense que una consagración religiosa es la privación de las riquezas, la sexualidad y de la libertad, es una persona que primero se debe dejar amar por Dios, para comprender lo que significa ‘templar los gustos’ y luego si corresponder a ese amor divino a través de los votos religiosos.
  • El soltero: Al igual que los anteriores estados de vida, debe aprender a ordenar sus gustos. Ya sea porque se está preparando para asumir un estado de vida distinto al que tiene; y por ello desea darle valor a la espera que le generará un cambio de vida. O también porque según su vocación ha decidido permanecer soltero para buscar su felicidad de esta forma. Esto último es vital, la soltería es un tema ‘vocacional’ no se trata de que se es soltero porque ‘le tocó serlo ya que nunca pudo casarse’.
  • El viudo: Quien ha perdido a su cónyuge hace un acto de amor propio en levantarse y ser mejor en su vida. Solo puede llegar a ser templado si reorganiza sus apetitos. Consumirse en la tristeza o en la desesperación hacen que se viva de manera desordenada. Es cierto que se debe hacer un tiempo de duelo por el ser que ha partido, pero también hay que ser claros en que el duelo hay que cerrarlo y la templanza nos ayuda conducirnos esta nueva forma de vida.
  • El separado: La separación y/o el divorcio no son estados de vida. Aquí hago mención de ello porque para muchos estar separado es comprendido como ‘una oportunidad de volver a ser libres’. Tristemente hoy ya se ha vuelto normal que las personas fracasen en sus matrimonios. Ante esta limitacion humana, la templanza es muy importante, porque ayuda no solo a organizar día a día nuestros apetitos, sino que nos compromete en primer lugar con el dolor del otro cónyuge —ya sea inocente o culpable—. La templanza nos debe llevar siempre a comprender que el matrimonio es una institución natural por la cual el otro se ha convertido en parte de mi vida, donde yo si esa persona no puedo vivir en plenitud los gustos y las pasiones de la voluntad. Por ello para buscar la reconciliación y el perdón, la templanza se ayuda de otras virtudes como: la abstinencia, la sobriedad, la modestia, la estudiosidad, la eutrapelia, la continencia, la humildad, la mansedumbre, entre otras.

Ahora reflexionemos: ¿Cuáles son los aspectos de mi vida que me dan alegría porque me descubro en ellos como una persona virtuosamente templada?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la generosidad

Martes, 17 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la generosidad? Es la virtud que nos impulsa a conseguir los bienes necesarios para vivir de la mejor manera, usando ‘libremente’ la razón.

¿Es una virtud que se interesa entonces por las riquezas? Si, pero la riqueza que hace virtuoso al hombre no es la de acumular bienes materiales. La riqueza que pretende esta virtud consiste en el desprendimiento de las cosas, como si la persona se liberara de su custodia y dominio, demostrando que su afecto aunque no está apegado a ellas, consigue los bienes necesarios sabiendo que son temporales. De ahí que también se conozca con los nombres de ‘largueza’ y de ‘generosidad’ a la virtud de la liberalidad.

¿Entonces las personas millonarias son virtuosas? No se puede afirmarlo, cada caso es cada caso. Habría que conocer el porque de sus riquezas para afirmar si son virtuosos o no.

¿Pero según la virtud de la generosidad ser rico es una virtud? Si, pero es una riqueza obtenida de manera temporal, sin buscar la desproporción adquirida de los bienes, a favor de la justicia y con la mirada puesta en la vida eterna. Por ello el uso del dinero debe ser comprendido bajo esta virtud, ya que el generoso siempre esta dispuesto a dar, porque entiende que el dinero es un medio no fin.

¿Cuál es el punto medio que nos permite mantenernos equilibrados en esta virtud? El punto medio es el otro como persona. Si buscamos una vida ególatra jamás seremos virtuosos, ya que al no ser justos tampoco podemos ser generosos. El justo medio de nuestra generosidad se encuentra en buscar medios que nos permitan vivir bien, para ayudar a otros que puedan vivir de la mejor forma posible, no de una forma mediocre, sino de la mejor forma que una persona esté llamada a vivir en el mundo por ser creación divina.

¿Quién es generoso es justo? Si, porque el generoso no se preocupa por cuanto bien debe hacer, sino que busca realizar todo el bien que esté a su alcance. La persona generosa da todo por sus semejantes. Así como nos lo enseña la parábola del ‘Buen Samaritano’ (Lc 10,25-37); o también la respuesta de Jesús ante la pregunta de Pedro: ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano? Setenta veces siete —es decir siempre—, porque solo quien perdona lo hace por generosidad (Mt 18,22); o la ofrenda que dio ‘la viuda de las dos monedas’ (Mc 12,41-44). De esta forma la virtud de la largueza o generosidad o liberalidad es el esplendor de la justicia.

¿Qué modelos de personas tenemos que hayan vivido esta virtud? Los más cercanos a nuestro conocimiento por su buena fama son la Virgen María y los santos que vivieron la generosidad divina. Para ser breve, propongo una corta mención de tres de mis santos favoritos:

  • San Maximiliano María Kolbe: Fue generoso en ofrecerle una bebida al oficial que fue arrestarlo para llevarlo al campo de concentración al momento de su captura, pues lo encontró nervioso y confundido de cómo apresarlo. Además la generosidad del Padre Kolbe la encontramos en el propio campo de Auswitch —hoy Polonia— donde dio su vida a cambio de la de un condenado a muerte.
  • San Martín de Porres: Este simpático mulato, siempre se preocupaba porque las personas vivieran bien, tuvieran techo y comida. Se dice de él que tenía el Don de la bilocación (poder estar en dos lugares al mismo tiempo), por ello se narran testimonios que viviendo en la ciudad de Lima lo veían en el África ayudando a los esclavos. La generosidad de ‘fray escoba’ hizo que hasta el gato, el perro y el ratón pudieran comer juntos en el mismo plato.
  • Santa Teresa de Calcuta: La madre Teresa siempre nos enseñó la inagotable generosidad que nace del amor. Tal vez ella veía la necesidad de ser generosa ante la injusticia del mundo. Sin embargo ella sintió muchas veces desaliento y ganas de no continuar con su obra de la caridad, pero entendió que cambiar el mundo en generosidad es amarlo en verdad porque venimos de Dios, por ello decía: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota».

Hay muchos santos con historias increíbles que nos cuentan como vivieron la virtud de la generosidad. No se trata de solo historias bonitas, admirables y graciosas, son el testimonio vivo de que se puede ser justo y amoroso porque Dios los provee todo. Estamos llamados a imitar la vida de los Santos. Ahora cuéntame tú una historia de generosidad de algún santo y después dime: ¿Cuántas veces has imitado a ese santo haciendo lo mismo?

Y para nuestra reflexión: ¿Soy una persona generosa con quien tengo diferencias o con mis enemigos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la afabilidad

Martes, 10 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la afabilidad? Es la virtud que nos impulsa a poner lo mejor de nosotros para ser amables y hacer grato el trato con nuestros semejantes.

¿Cuál es la utilidad de la afabilidad como virtud? La afabilidad es una virtud para la convivencia. Así como nadie puede vivir sin la verdad, la afabilidad es necesaria para la vida social. Es decir que estamos obligados por un deber natural de honestidad, a ser afables con quienes nos rodean.

¿Hay que ser afables con todas las personas? Si, nadie merece desprecio porque las personas valemos por lo que somos y no por lo que tenemos. Sin embargo Santo Tomás recomienda que no se debe ser afable con quien necesita ser corregido o amonestar. Y mas aun si se trata de quienes practican con frecuencia actos pecaminosos, porque esto demuestra que somos condescendientes con sus vicios; ya que si somos amables los confundiremos y les daremos ánimo para seguir pecando (Suma de Teología II-II, q.114, a. 2). Es necesario advertir que en este caso no debemos confundir la afabilidad con la delicadeza que merece ser tratada cada persona. Es decir hay que corregir con delicadeza no con afabilidad.

¿Nuestra forma de hablar debe ser afable? Si, la conversación afable no es hablar frivolidades para quedar bien, sino hablar de lo verdadero con buenas maneras, con naturalidad, con calidez y con sencillez. Se debe tratar de hacer comprender la verdad y corregir siempre con dulzura y afabilidad para predisponer al otro a ser corregido y a aceptarlo. No se trata de una forma de manipulación, simplemente es ayudarlo para que sea consiente que sus actos pueden ser mejores.

¿Cómo reconocemos que somos virtuosamente afables? Porque la afabilidad es una virtud hija de la justicia. Y como consecuencia debemos elogiar a nuestros semejantes por las buenas labores que hacen o simplemente por el bien que reconocemos en ellos como personas. Además la afabilidad es evidente cuando somos motivadores no para buscar un beneficio personal, sino para buscar el bien del otro. Un elogio oportuno y ponderado es muestra de afabilidad.

¿Cuáles son los vicios que atentan contra esta virtud? Todos los que rompen la armonía de la justicia y la relación con los demás. Aquí señalamos tres:

  • La adulación: No se trata de alabar de forma exagerada a alguien, pues quien lo hace muestra un interés evidente. Para muchos de nosotros estas actitudes las señalamos con gracia pero en realidad es muy peligrosa, porque damos la pauta para que lo sigan haciendo y esto no lleva a nada bueno. Tristemente vemos a muchos políticos que se especializan en ello, con el agravante que dicen estar cumpliendo con el mal llamado ‘ejercicio de la política’. ¿De cuando acá se necesita ‘sobarle la espalda’ a alguien para procurar la justicia social?
  • La impaciencia: Va en contra de la justicia porque rompe el decoro y puede llevar al desorden. La persona impaciente no es virtuosa porque siempre espera que las cosas se realicen como ella las desea; o cuando alguien le lleva la contraria en sus ideas. Esto ocasiona una dureza de corazón tal que el principal síntoma es el malhumor.
  • La excesiva severidad: Hay necesidad de ser severos con aquellos actos que contradicen la verdad y nunca serán buenos. Pero cuando las personas no corrigen estas acciones la excesiva severidad no soluciona nada. Hay que permanecer severos pero buscando otros medios para corregir aquellas conductas que solo llevan al mal por mal. Si no es así ¿cómo pretendemos cambiar la corrupción? no podemos ser afables ante un acto de injusticia  o ¿a caso nos alegramos del mal ajeno?

Ahora reflexionemos: ¿Soy una persona virtuosamente afable o mas bien amable para evitarme problemas o para obtener algún beneficio?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!