fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

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La virtud de la gratitud

Martes, 03 Julio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la gratitud? Es la virtud que nos lleva a buscar la forma de recompensar a alguna persona bienhechora por un beneficio que hayamos recibido de parte de él.

¿El ser agradecidos es una virtud? Sí, en especial cuando reconocemos que no existirá ningún tipo de recompensa que pague el beneficio que hemos recibido de alguien. Por ejemplo con Dios, con nuestros padres o con quien nos ha salvado la vida.

¿Existe una división dentro de la virtud de la gratitud? Sí, como lo dice Santo Tomás de Aquino: «Es importante distinguir cuales son las causas por las que estamos en deuda con alguien y ello nos obliga a pagar lo que debemos». (Summa Theologiæ I-II q.60 a.3). Por tanto existen cuatro dimensiones de esta virtud:

  • Dios: Es la causa principal de nuestras deudas por ser el origen de todos nuestros bienes. 
  • Nuestros padres: Son el principio próximo de nuestra generación y educación. 
  • Las personas superiores en dignidad: Son aquellas de quienes nos vienen los beneficios comunes.
  • Un bienhechor cualquiera: De quien recibimos algún beneficio particular y privado, por lo que de forma especial le quedamos obligados. 

¿Quién recompensa a alguien por un beneficio recibido, debe hacerlo de forma tal que supere lo que ha recibido? Sí, porque lo que recibió es una ‘gracia-gratis’. De tal forma que quien recibió un beneficio queda obligado moralmente a dar también gratis lo recibido. Es más, hay beneficios que son imposibles de devolverle al bienhechor, por ejemplo: ¿qué podemos ofrecerle a Dios como recompensa por darnos la vida?  ¿cómo pagarle a Dios la gracia de su amor en Jesucristo, quien dio su vida por nosotros perdonándonos nuestros pecados, salvándonos y además nos da la certeza de que resucitemos por él? ¿cómo le vamos a pagar a nuestros padres la deuda de traernos a la vida y de educarnos? Estos beneficios que son gracias divinas, otorgan un sentido vitalicio de gratitud. Por consiguiente, la recompensa tiende siempre a dar si es posible algo más.

¿Cuáles son los problemas más comunes que atentan contra esta virtud? Todas aquellas acciones y deseos contrarios a la gratitud. Aunque suene lógica la respuesta a veces no es tan evidente, veamos dos ejemplos:

  • La venganza: Cualquiera podría pensar que lo contrario a la gratitud es la ingratitud, pero no es así. La ingratitud que es un mal grave es la ausencia virtuosa de la gratitud; una persona ingrata es indiferente y le da lo mismo una cosa que la otra. Pero más allá de esto, la venganza es el vicio mayor que atenta contra la gratitud, porque es un sentimiento de hacer mal ante un daño u ofensa recibida. Habitualmente quien tiene un espíritu de venganza en el corazón, mantiene una constante envidia de los bienes que reciben otras personas, deseándoles siempre el mal.
  • La falta de delicadeza con los amigos: Hay personas que consideran que los amigos siempre van a estar en la vida pase lo que pase ¿pero en que basan esta seguridad? ¿a caso no hay que alimentar la amistad para que el amor crezca entre los hombres? He aquí la importancia de reconocer que muchas veces somos desagradecidos con los amigos porque damos por ‘obvio’ que ellos siempre van a estar ahí, cuando en realidad nosotros no cuidamos de ellos. A veces tratamos tan mal a nuestros amigos, que les exigimos indirectamente que deben querernos; o peor aun sólo consideramos amigo nuestro, aquel que es cómplice mio sin importar que lo que yo haga este bien o mal, puesto que no buscamos amigos para que nos juzguen, sino para que nos promocionen y nos admiren por lo que somos y hacemos. ¿Dónde quedó entonces el sentido de gratuidad del amor entre iguales como lo exige la amistad? Definitivamente una vez más se corrobora que en Jesús se cumplen todas las virtudes: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos» Jn 15, 13.

Ahora sinceramente pensemos: ¿Por qué hay ocasiones que me cuesta ser agradecido?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la piedad

Martes, 26 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿En que consiste la virtud de la piedad? Es la virtud que nos permite ser agradecidos con Dios por todo lo que nos da. Para ello esta virtud presenta un doble movimiento: en primer lugar nos permite reflexionar sobre lo que hemos recibido por naturaleza, reconociendo nuestro origen y el fin para el que fuimos creados. Y en segundo lugar siendo consientes que hemos sido llamados a la vocación de la felicidad, esta virtud nos ayuda a valorar lo que somos para sentirnos hijos y buscar a Dios como Padre que nos ha dado todo.

¿Cuál es la diferencia entre la virtud y el Don de la piedad? Que la virtud de la piedad es humana y es hija de la justicia; es decir no podemos ser piadosos sino somos justos. Y el Don de la piedad es propio del Espíritu Santo, que a través de la Gracia divina, actúa como una ayuda sobrenatural que enciende en nuestra voluntad el amor al Padre y el afecto a los hombres, especialmente a los cristianos y a todas las criaturas.

¿Entonces qué es ser piadoso? Es una actitud y aptitud virtuosa de agradecimiento profundo a Dios porque lo reconocemos a él en todo lo que hacemos. De esta forma ser piadoso es distinto del ser compasivo o del sentimiento de lástima o de pesar por algo o por alguien. Quien es piadoso desarrolla una sensibilidad tal que se conmueve en ser justo y caritativo con sus semejantes.

¿Cómo se vive la virtud de la piedad cotidianamente? En todo lo que hacemos, puesto que es necesario que actuemos siempre en justicia y caridad para que constantemente demos gracias a Dios en todo. La clave para entender esta virtud es que la piedad no se exige, se da por vivir la justicia.

¿Cuáles son los problemas más comunes que atentan contra esta virtud? Son todos aquellos que van en contra del orden divino de la caridad y la justicia. Los más destacados son aquellos que involucran a la familia y a la sociedad:

  • La desintegración de la familia: Las relaciones al interior de cualquier familia honran a Dios y los demás cuando se actúa con piedad. El hogar de la familia es el lugar donde se palpa la piedad filial, puesto que es elfundamento de honor y reverencia que los hijos deben a sus padres. Dicho en otras palabras, los hijos deben mantener con sus padres una responsabilidad vitalicia degratitud por el don de la vida, por ayudarlos a formarse como personas y cristianos. Hasta aquí todo muy bien ¿dónde está el problema? En ser desagradecidos con nuestros padres y hermanos del núcleo familiar, pues faltar contra el cuarto mandamiento de ley de Dios, es faltar a la verdad. Por ejemplo, si en realidad viviéramos la piedad filial, no existirían los asilos de ancianos por muy cómodos y sofisticados que sean, pues nadie está por gusto en un lugar como estos; sino porque muchos hijos piensan que cuando los padres son ancianos ya se convierten en un estorbo, pues hay que tener mucha paciencia con ellos —y no la tienen—, hay que dedicarles tiempo —y no lo hacen—, pero sobretodo hay que darle la vida a ellos así como algún día nuestros papás lo dieron todo por nosotros, hay que amarlos sin condiciones. Lo más triste aun es que se piensa que los ancianos por los cuidados que requieren, nos privan de hacer nuestra vida ‘normal y placentera’ y los más cretinos dirán que no nos podemos privar de los mejores momentos de la vida cuidando a un viejo.
  • La desintegración de la sociedad: Quien no se forma en la piedad filial no puede ser un buen ciudadano. La familia es el núcleo que forma nuevos ciudadanos agradecidos con el país, con la cultura, con las leyes políticas, buscando siempre un mejor bienestar para todos. Pero la realidad actual nos presenta situaciones preocupantes que atentan contra la identidad de la persona. Por  ejemplo la ideología de género y los grupos LGTBI pretenden dar una identidad vacía a las personas en una sociedad que solo puede nutrirse de los valores de la familia en su ley natural. Otro ejemplo es que preferimos los deportistas, las costumbres y las tradiciones de otros países que las nuestras, al parecer el argumento es que ‘aquellas son mejores’ ¿entonces no vale la pena vivir nuestra identidad nacional? Y finalmente la corrupción política y económica marcan un retroceso en los pueblos, llegando a ponderar la ambición y la avaricia como lo primordial, las cuales rompen la piedad porque destruyen la gratuidad con nuestra nación, con nuestros semejantes y con Dios quien nos ha dado un lugar para vivir y cuiadar como administradores de la creación.

Reflexionemos: ¿Cómo puedo ser piadoso con mi familia y con mi país?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la religión

Martes, 19 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De qué se trata la virtud de la religión? La religión es una virtud moral que busca darle a Dios el culto debido. Ella se origina en la virtud de la sabiduría y pretende establecer una relación entre Dios y el hombre de manera justa y basada en el amor, porque el hombre reconoce que sin Dios nada es posible.

¿Pero la religión no es una organización social? No, la religión es una virtud moral y gracias a que creemos individualmente, los hombres como seres sociales nos organizamos para celebrar conjuntamente y vivir conforme según lo que creemos. Esta es la dimensión social de la religión que inclina al hombre a dar a Dios el respeto, el honor y el culto debidos como primer principio de la creación y gobierno de todas las cosas.

¿Es sobrenatural la virtud de la religión? No, la religión es una virtud humana porque busca a Dios como fin. Y si fuera una virtud sobrenatural tendría por objeto directo a Dios. Dicho de una forma menos técnica: el objeto material de la religión no es Dios, como lo es en las virtudes teologales, sino la glorificación de Dios por parte del hombre. Esta glorificación consiste formalmente en el culto que el hombre tributa a Dios.

¿Por qué es tan importante el culto a Dios? Porque quien lo hace vive virtuosamente, pues reconoce que su vida sin Dios no es nada. De ahí que quien reconoce a Dios quiere que toda su vida sea un culto permanente dirigido hacia él. Por ello la importancia de establecer las normas de convivencia éticas para que como sociedad le demos culto a Dios.

¿Entonces todas las religiones que le dan culto a Dios son propias de hombres virtuosos? Si, la virtud de la religión es natural y común en todos los hombres. Y a partir de ello debemos ayudarnos de las demás virtudes para buscar la verdad, el verdadero Dios, el verdadero culto.

¿El cristianismo entonces es tan virtuoso como las demás religiones? Virtuosamente si, porque todas buscan a Dios. La diferencia es que el cristianismo es una religión revelada por el mismo Dios, las demás son creadas por los hombres. Es más, la grandeza del cristianismo al provenir directamente de Dios, nos garantiza la salvación, el perdón de nuestros pecados y la restauración para vivir en la caridad. Es decir la clave del cristianismo no radica en vivir la religión de manera virtuosa, sino en ser perfectos por ayuda divina. «Sed perfectos, como es perfecto el Padre celestial» Mt 5,38.

¿Cómo saber si estamos dándole el verdadero culto a Dios? Sabemos porque debemos cumplir cabalmente estas dos criterios básicos: Que lo que hagamos esté siempre ordenado a Dios para darle gloria. Y que tengamos la capacidad de elevar nuestra mente hacia él para que sea él quien gobierne nuestra vida, superando así el placer, el tener y poder.

¿Cuáles son los peligros que atentan contra la virtud de la religión? Existe una infinidad de peligros, sin embargo hay cinco que socialmente son los más visibles:

  • La religión como moral impuesta: Cuando la religión es vista como una organización de normas impuestas que se deben aceptar con fuerza de obligación. De ahí que muchos digan que educar en la religión es instruir en moralismos.
  • El ateísmo, agnosticismo e indiferentismo: Esas tres actitudes de un amplio sector de la cultura actual son un reto para la moral de nuestro tiempo, pues la negación de Dios o la indiferencia ante él, hace que vivamos a nuestro antojo y nosotros mismos seamos los dueños de la verdad. Aquí se impone la regla ‘Todo es válido’ convirtiendo en normal lo que es común.
  • El laicismo dogmático: Algunas sociedades consideran que la religión es una forma de gobierno y tratan de eliminar cualquier tipo de creencia en la sociedad. De esta forma ‘muerto Dios’ cualquier cosa es posible porque nada está prohibido.
  • La fe mediocre: Muchos creyentes vivimos estando seguros de que Dios siempre nos perdona y no nos esforzamos por vivir según los criterios del Evangelio, es decir vivimos ‘una vida relajada’ porque nos interesa más las seguridades de las cosas temporales que la propia vida eterna.
  • La vergüenza ante la piedad popular: Es triste que muchas personas —incluso algunos sacerdotes— creen que los ejercicios de piedad son una perdida de tiempo y por eso se deben acabar. Puesto que consideran de fondo que la religión se debe vivir de forma más sencilla y práctica. Este fatal error enseña a las personas que no vale la pena seguir creyendo y alimentar el amor de Dios en cada instante de la vida. Esto es tan gran grave como quien si se sientiera enamorado solo le dijera a su conyugue ‘te amo’ pocas veces en la vida ya que no es tan necesario.

Ahora preguntémonos reflexivamente:¿Por qué creo en Dios?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La justicia conmutativa

Martes, 12 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Por qué es tan importante la dimensión conmutativa de la justicia? Porque es la que armoniza las relaciones sociales a partir de la economía, como una ciencia al servicio del hombre que pretende vincularnos a todos sin excepciones en la participación del bien común.

¿Qué es la justicia conmutativa? El termino conmutativo proviene del latín conmutare que significa: intercambio. Por ello esta dimensión de la justicia establece la igualdad o equilibrio que debe existir en el intercambio de bienes que realizan las personas. Dicho de otra manera, se trata de la justa igualdad entre las relaciones comerciales.

¿Qué se debe tener en cuenta para que la justicia en el ámbito conmutativo sea una virtud? Básicamente se deben tener presente la reciprocidad, la cual consiste en la correspondencia mutua que debe existir entre las personas que buscan realizar un intercambio de bienes, para lo cual debe existir una sana relación de igualdad.

¿Cuál es la importnacia de la justicia conmutativa? Que nos hace vivir la justicia como una virtud que basada en verdad y en la caridad trata sobre aspectos económicos y políticos de la sociedad. De aquí que la justicia vele por proteger los siguientes principios:

  • La propiedad privada: Es la apropiación legítima de bienes para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, haciendo posible la solidaridad natural entre los hombres. Puesto que quien cuida algo de manera particular, garantiza el cuidado del bien común. Quien tiene algo como suyo, esta capacitado para progresar y desarrollar una vida digna para sí mismo, para su familia y para la sociedad; cosa que ni el comunismo, ni el socialismo, ni el nacionalismo y mucho menos el totalitarismo lo promueven. Así lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: CEC 2403 y la Sagrada Escritura: Gn 1, 27-28.
  • La participación política: Todos los hombres debemos participar de las decisiones de la sociedad ya que ella es ‘nuestra casa común’ y ello implica el ámbito político. Por ello la participación política consiste en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Muchas personas dicen que no tiene sentido hablar y mucho menos participar de las decisiones políticas porque los políticos son personas corruptas que buscan aprovecharse del pueblo para obtener beneficios personales. Pero esto es una visión errada de la sociedad, porque está en la naturaleza del hombre el ser una criatura racional social y esto implica el mundo político, así que no podemos evadir nuestra propia naturaleza. Por tanto la finalidad de la vida política radica en el hecho de que asegura la realización de las exigencias éticas de la justicia social. Así lo enseñó el Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes nº 75.

¿Cuáles son los problemas que afronta la justicia conmutativa? Todas aquellas faltas que atenten contra la dignidad del hombre, estableciendo como prioridad la economía y el poder político. Aquí destacamos dos problemas fundamentales y evidentes:

  • La limitación del mercado económico: La ciencia económica busca la rentabilidad a partir de los recursos naturales, pero es necesario que se vincule a la ética para que no se desoriente. Esto puede ocurrir que ya la economía busca responder a todas las necesidades humanas, pero por su dinámica sólo atiende aquellas que son capaces de alcanzar un precio conveniente es decir a quienes tienen capacidad adquisitiva ¿qué pasa entonces con los pobres que no pueden participar de la vida económica?
  • La falta de líderes políticos: Es necesario que una sociedad tenga lideres que orienten en libertad a la sociedad hacia el bien y la verdad. Como lo dijo Santo Tomás de Aquino: «El rey es el principio del movimiento para su imperio» (Verit.q.17, a.3). Hoy necesitamos creer en programas de desarrollo político sin idolatrar a quienes lideran estos proyectos. Es necesario que como creyente nos involucremos en la vida social ayudando a desarrollar estos planes de trabajo, no podemos esperar que otros trabajen para beneficiarnos del resultado o para criticarlos si no les sacamos provecho.

Es importante aclarar que la justicia es una sola virtud que tiene tres dimensiones: legal, distributiva y conmutativa. Y la vivencia de la justica es integral y no parcial. Por ello estas tres dimensiones se reclaman entre sí.

Finalmente reflexionemos:¿Cómo puedo ser una persona virtuosamente justa en el ambiente económico y político en el que debo participar?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La justicia distributiva

Martes, 05 Junio 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Por qué es tan importante la dimensión distributiva de la justicia? Porque es la que nos hace vivir la justicia en de manera comprometida con la sociedad. Y gracias a que es una virtud nos brinda cualidades que nos hace realmente humanos porque buscamos la justicia en todo momento.

¿Qué es la justicia distributiva? Es la que establece lo que corresponde a cada miembro de la sociedad, de forma que la autoridad social distribuya equitativamente las recompensas y las cargas o penas entre los ciudadanos.

¿Entonces no depende de sólo nosotros mismos vivirla? Si, porque parte de cada persona el querer ser justo, pero para que se vea la ‘justicia distributiva’ solo se logra cuando todos los hombres queriendo ser justos buscan medios para que cada quien tenga lo que le corresponde.

¿Por qué la justicia distributiva se toma como una virtud? Porque es la dimensión de la justicia que nos hace hombres virtuosos capaces de cuidarnos unos a otros. Para ello es fundamental respetar tres principios fundamentales:

  • La equidad: Al poder gubernamental de la sociedad conocido como ‘El Estado’ le corresponde como un deber moral distribuir con equidad los derechos y deberes entre todos los ciudadanos. 
  • La igualdad: La justicia debe ayudar al cumplimiento de igualdad de oportunidades entre todos los hombres sin distinción alguna. 
  • El bien social: La virtud de la justicia distributiva debe responder a situaciones sociales, económicas y políticas; ayudando a mejorar el bienestar de todos.

¿Cuáles son la dificultades que impiden vivir la justicia distributiva? La injusticia, que es el conjunto de todos los vicios que violan el bien y orden de la naturaleza. Pero de manera social la raíz se encuentra en tres puntos críticos:

  • La falsa felicidad: Algunas personas creen que la felicidad está en los bienes materiales por la satisfacción que estos brindan. Y de esa forma de manera desordenada consideran que ‘ser ricos’ consiste en acumular bienes terrenales y entra más se tenga más feliz se es. El problema es que la felicidad solo se alcanza en Dios como principio de todo, y no se puede decir que se ama a Dios cuando se adquiere bienes desordenados privando a otros de que también los consigan. Tal como lo recuerda el Papa Francisco: debemos cuidar entre todos los bienes de la casa común (Carta encíclica Laudato Si’).
  • La vida sin Dios: Una vida son Dios es una vida vacía, nada nos da sentido porque se sufre por todo de manera frustrante y nos aferramos a la vida terrenal porque es lo único que tenemos. Se empieza a vivir sin Dios cuando nuestros afectos y pasiones desordenadas las establecemos como una prioridad de vida. Dicho de otra forma: el tener, el placer en todas sus formas y el poder, nos pueden llevar a sacar a Dios de nuestra vida cuando estos tres aspectos de la vida afectiva se convierten en el sentido de la vida. De ahí que sólo pensemos en nosotros mismos como lo único y principal siendo indiferentes con los demás. He aquí la raíz del problema ecológico actual, de los gobiernos corruptos, de la lucha de clases y de tantas formas de envidas que cada vez nos llevan al desespero y a la depresión.
  • La calidad de vida: Es muy usual que en el ambiente de la salud y de la economía, se diga que todos debemos buscar una mejor ‘calidad de vida’, para tener un mejor bienestar. Hasta aquí todo va muy bien, el problema es que muchos gobiernos, organismos de la salud y económicos, nos proponen una calidad de vida en la riqueza y el placer desmedido, donde solo caben personas perfectas. Pareciera que el Estado nos dijera que vida merece vivirse y cual no. ¿Qué pasa entonces con nuestros enfermos, ancianos, niños desamparados, mujeres cabeza de hogar, personas desempleadas, los jóvenes que no tiene acceso a la educación, y  países donde el hambre es un enemigo? ¿Ellos no tienen una calidad de vida que merezca vivirse? ¿Quién se cree el Estado para decidir que vida debe vivirse y cual no? Peor aun ¿Quién se cree el estado para decidir sobre cuales son los requisitos que debemos cumplir como una exigencia para tener una ‘calidad de vida’? Por ello tristemente algunos países piensan en la eutanasia, en el aborto y en la pena de muerte como una solución radical contra la injusticia.

Pensemos a manera de reflexión: ¿Cómo puedo ayudar a mi país para que todos los que vivimos en él seamos más justos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud de la justicia

Martes, 29 Mayo 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿La justicia es una virtud humana? Si, es una de las cuatro virtudes cardinales que ayuda a la persona para que los actos sean: fuertes, templados, prudentes y justos.

¿De que se trata esta virtud? Consiste en dar a Dios y al prójimo de manera constante y firme lo que les corresponde.

¿Por qué sólo lo que les corresponde y no un poco más? Porque ser justos es hacer valer sólo lo que les corresponde a cada uno según sus actos o su naturaleza. Pero si se trata de dar algo más, entonces estamos hablando de la virtud de la caridad y de la generosidad. Si, efectivamente la justicia cristiana va de la mano del amor y de la generosidad. Pero como virtud propiamente humana es común a todos los hombres, y en este ámbito no necesita de la caridad ni de la generosidad para que exista.

¿Entonces no se necesita ser cristiano para ser justo? No, porque la justicia es una virtud humana que perfecciona la voluntad, es decir perfecciona el deseo constante de convivencia entre los hombres dándole a cada uno lo que le corresponde. La justicia cristiana es más grande porque perfecciona la justicia humana.

¿Cantos tipos de justicia hay? Generalmente existen tres tipos de justicia, los cuales fueron enseñados por Santo Tomás de Aquino y siguen vigentes actualmente:

  • Justicia General o Legal: Es la que exige que la persona cumpla las leyes para que coopere al bien común social. Dicho de otra forma, es la obligación de cumplir los deberes cívicos y las leyes que regulan la convivencia social.
  • Justicia Conmutativa: Es la que regula la proporción equitativa que debe haber entre iguales en sus transacciones. Esta tipología de la justicia es la que se basa en los principios de igualdad y de proporción.
  • Justicia Distributiva: Es la que establece lo que corresponde a cada miembro de la sociedad, de forma que la autoridad social distribuya equitativamente las recompensas y las cargas o penas entre los ciudadanos.

¿Por qué se habla que el derecho es importante en la justicia? Porque darle a cada uno lo que le corresponde, es darle a cada uno su derecho. Es decir el derecho es el objeto principal de la justicia. Y solo se puede hablar de justicia si se respetan los derechos. Así la justicia usa las leyes para proteger la persona y garantizarle sus derechos.

¿Entonces para esto se hace la ley? Si, la ley humana proviene de la razón y busca proteger lo que se nos ha dado según la naturaleza y lo que se nos ha sido asignado para mantener el orden natural de las cosas. Por ello las leyes injustas no son leyes y no estamos obligados a cumplirlas porque contradicen el orden natural. La justicia está presente en la naturaleza humana, no es algo que se derive de las leyes.

¿Cómo vivir la justicia como virtud? Hay que practicarla para superar el odio, las falsas concepciones de paz y de convivencia que están presentes en la sociedad. La única forma de vivir la justicia como virtud es buscando la verdad para que libremente vivamos en el bien. Además esto conlleva a que practiquemos no solo la justicia sino las demás virtudes que estando al servicio unas de otras, hacen que la persona crezca se convierta en un ser virtuoso.

¿Cuál es la principal falta contra la justicia? La injusticia, que es el conjunto de todos los vicios que violan el bien y orden de la naturaleza. Por ello habitualmente la injusticia se convierte en un vicio que inclina a la voluntad a quebrantar el derecho ajeno. Y de allí provienen la injuria, la difamación y otras formas injustas que atentan contra la dignidad material e integral de la persona.

¿Cuándo se quebranta la justicia se puede reparar? Depende de la situación en concreto, pero sea cual sea su causa, es una obligación ética buscar la restitución y la restauración como una obligación en justicia.

  • La restitución: Es la reintegración o devolución de algo que se posee a su ver dadero dueño.
  • La reparación: Es la satisfacción o desagravio de un daño causado, de una ofensa o de una injuria.

¿Por qué es tan difícil hablar de justicia? No es difícil hablar de justicia y tampoco practicarla. Lo fundamental de esta virtud está en educar a nuestra sociedad en la justicia. Puesto que hay cosas que nunca se pueden negociar porque quebrantan el orden justo, por ejemplo la paz, la familia, el trabajo y el progreso de los pueblos.

Pensemos a manera de reflexión: ¿Con quien no soy justo?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud del amor a Dios

Martes, 22 Mayo 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿De que se trata esta virtud? De poder amar a Dios sin medida y sin condiciones, porque reconocemos que de él venimos, en él vivimos y a él volveremos para permanecer eternamente.

¿El amor a Dios no está implícito en el amor a los demás y a uno mismo? No, la virtud del amor a Dios, exige como primera medida amarse a uno mismo para poder amar a los demás. Ello nos ayuda a reconocer a Dios como un ser sobrenatural, muy diferente de los demás y de mi mismo.

¿Por qué es tan importante esta virtud para los cristianos? Porque el ser de Dios es el amor, y la misión que tenemos los cristianos es permanecer en su amor.

¿Qué pasaría si no se ama a Dios? No se ama a Dios por que no se le conoce. Quien en verdad conoce a Dios, ya no puede separarse jamás de su intimidad porque ha conocido su verdadera esencia.

¿Cuándo sabemos que necesitamos de esta virtud? Cuando nos damos cuenta que necesitamos no solo creerle a Dios sino también permanecer en él. La única forma de hacerlo es amándolo. Y quien lo ama, ama toda la creación, las obras del Hijo y las del Espíritu Santo.

¿Qué problemas enfrenta actualmente esta virtud? Todas las faltas a la caridad se pueden decir que son faltas contra el amor a Dios. Sin embargo existen dos raíces actuales muy fuertes que atentan contra la caridad:

  • La erotización: Es el amor desordenado que convierte a las personas en objetos olvidando que somos sujetos. Hoy para muchos es más importante la vida sexual y según se viva se puede juzgar que tanto se ama o no. Lo triste de una sociedad erotizada es que destruye la tipología del amor, puesto que lo más íntimo del amor es el eros: que consiste en el deseo natural de poseer al otro para amarlo. Este núcleo del amor es el que dinamiza el ágape: el amor de entrega sin medida por los demás. Es decir eros y ágape son los pilares del amor, pero la sociedad de consumo destruye el ágape con el facilismo de las cosas, ya no hay compromiso ni sacrificio, por ello nadie se quiere comprometer y mucho menos se podrá hablar de: familia, matrimonio, noviazgo, vida religiosa y sacerdotal. De esta manera el eros queda solo, se corrompe y se destruye porque se erotiza. Y aquí es donde se busca el placer por el placer sin compromisos ni medidas.
  • La injusticia: El amor es el fin de todas las cosas que hacemos los cristianos, pero la justicia es el medio por el cual ese amor llega a lo que nos proponemos. Dicho de una forma técnica: la caridad exige justicia y la justicia es caridad incoada. Por ello todas las faltas a la justicia son faltas al amor. De ahí que no se pueda perdonar sino se ama, porque el amor no tiene medida y la única condición para amar es la justicia. Es así que el amor necesita la justicia para que nuestras acciones justas estén basadas en la verdad sobre el bien. Y la justicia a su vez necesita del amor, porque sin caridad la justicia no es una virtud. Es así que si se trata de negociar la justicia entra en juego el amor y la paz. Tristemente muchos gobernantes pretenden hacernos ver que ‘negocian la paz para haya justicia’ siendo esto en verdad una calumnia, porque solo quien ama a Dios vive en justicia y fruto de ello es la paz, cosas que son imposibles de negociar o de pactar mediante acuerdos. Si se quiere justicia y paz en una nación es necesario formanos en el amor (eros y ágape).

Ahora reflexionemos: ¿Cuales son mis próximos planes para amar a Dios?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Octavo día: La plenitud de los Dones del Espíritu Santo:
Las personas llenas de los dones del Espíritu Santo no se angustian ante las cosas, sino que viven esta enseñanza de su maestro; el Padre tiene más cuidado de nosotros que de los lirios o las aves del campo, su oración es cada vez mas sencilla, más silenciosa, más profunda y más prolongada, ni la enfermedad, ni la calumnia. Nada ni nadie las detendrá en su marcha hacia Dios. Su confianza en el Señor está crecida y pueden decir con el salmo: como el siervo sediento corre en busca de agua frescas así mi alma te busca a ti, Dios mío. Conducidas por los impulsos de los dones, a veces serán incomprensibles ante los ojos de mundo, pero ellas son llevadas por la búsqueda de Dios. “Bienaventurados serán cuando los injurien y persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa; alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en los cielos” Mt 5,11-12.
 
Oración:
Espíritu Santo haz que tu Gracia crezca dentro de mi, dando vida a todos los actos que realice. Lléname de tus siete dones para que siempre pueda triunfar de mis enemigos espirituales: los vicios y pecados. Hazme dócil y obediente a tu iglesia y súbdito sumiso al Papa. Toma posesión de todo mi ser y santifícame en todas las ocasiones de mi diario vivir. Dirige los movimientos de mi alma y de mi cuerpo para agradarte con una vida pura. Tu que eres fuego consumidor quema en mi todo lo que sea desagradable a tus ojos y enciende en mi corazón el fuego que el mismo Jesucristo vino a traer a la tierra. Amén.
 
Para aprender de memoria:
“De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que lleno toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo” Hch 2, 2-3.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

La virtud de amor a los demás

Martes, 15 Mayo 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿El amor a los demás es una virtud? Si, además es un mandato de Jesucristo que sobrepasa la excelencia humana para llevarla al corazón de la caridad: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» Jn 15, 13.

¿No es suficiente con amarse a uno mismo? No, la virtud del amor a los demás deriva del amor a uno mismo, ya que se puede tratar a los demás como a uno mismo. Nadie puede decir que se ama tanto que no le importe las demás personas.

¿Cuál es la clave para poder amar a los demás? Amarse a uno mismo, esa es la clave. Puesto que es imposible dar algo que no se tiene. Por eso no se puede amar a los demás sino te amas a ti mismo.

¿Cómo se sabe cuando alguien ama a los demás? Porque la medida del amor es el mismo amor, como lo dijo San Agustín. Además el amor a uno mismo y a los demás tiene dos dimensiones evidentes:

  • Dimensión física: Es la búsqueda de la perfección de las cosas materiales. Como por ejemplo el cuidado de nuestro cuerpo y velar por el cuidado del cuerpo de los demás para buscar una buena salud y bienestar.
  • Dimensión espiritual: Se trata de la perfección de la excelencia moral. Por ello es importante practicar y pedir en la oración todas las virtudes y Dones del Espíritu Santo. De aquí la importancia de que la ética no salga de la costumbre sino del bien y de la verdad.

¿Por qué es tan importante el amor para la dinámica de la vida cristiana? Porque en el amor está el sentido de ser cristiano. Así lo expreso San Agustín: «Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Exista dentro de ti la raíz de la caridad; de dicha raíz no puede brotar sino el bien».

Ahora reflexionemos: ¿Amo a los demás como fruto de amarme a mi mismo?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Noveno día: La Gracia de Pentecostés:
El Espíritu Santo realiza tres grandes cambios, primero: llega a la mente y la llena de luz para comprender las cosas espirituales. Los apóstoles eran personas ignorantes y cuando recibieron el Espíritu Santo se volvieron tan instruidos, que todas las gentes se admiraban al oírlos hablar. Segundo: los apóstoles eran duros de corazón, aspiraban a los primeros puestos, querían traer fuego del cielo para acabar con los desobedientes pero al recibir el Espíritu Santo ya no piensan en su egoísmo sino que quieren el bien para los demás. Tercero: los apóstoles eran cobardes todos huyeron del Señor y uno lo negó tres veces pero recibieron el Espíritu Santo y se les quito el miedo. Ya no temían ni a las persecuciones, ni a la cárcel, ni a los azotes, ni a la muerte. Quien cree en el poder del Espíritu Santo saldrá victorioso en medio de los sufrimientos.
 
Oración:
Ven Espíritu Santo como viniste el día de pentecostés llena mi mente de tu luz para que me orientes en la vida, libra mi corazón del egoísmo para que practique la caridad, pon la valentía en todo mi ser para que defienda y confiese mi fe, en medio de las dificultades. Derrámate sobre tu iglesia, sobre los que están unidos por la fe, sobre los sacerdotes, religiosos y laicos sobre los ancianos y los jóvenes, haz que todos llevados por el fuego de tu amor formemos una comunidad que arda en deseos de hacer el bien, y tu, virgen María madre de Dios y madre nuestra, la persona más dócil al Espíritu Santo intercede por nosotros ante ese mismo espíritu.
 
Para Aprender de Memoria:
“Hay diversidad de carismas pero el Espíritu es el mismo: hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo, hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que obra todo en todos” 1 Co 12,4-6
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.