fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Septimo día: El Don de Temor de Dios:
El temor considera la gran diferencia que hay entre la santidad divina y la fragilidad humana, a nada debemos tener temor, sino al pecado que nos quita la amistad con Dios, nos dice el Señor “No tengan miedo a los que matan al cuerpo pero no pueden matar el alma, teman más bien al que puede enviar el alma y el cuerpo al infierno” Mt 10, 26-28. El temor a Dios debe ser temor filial, que es el temor de ofender a Dios por ser el tan bueno. El Don de sabiduría y entendimiento le descubren la grandeza de Dios y el significado del pecado, el Don de consejo nos mantienen en la admiración de Dios y el de fortaleza en la lucha contra el mal.
 
Oración:
Espíritu Santo concédeme el Don del Temor de Dios, para que bajo su influencia y poder consiga una gran docilidad reverencial a la voluntad divina, haz que este temor a la justicia de Dios sea en mi un temor reverencial, como el que tienen los hijos a sus padres, que tenga miedo de ofenderle, tu sabes bien, Espíritu Santo que yo necesito este Don para ser profundamente humilde, puro y modesto ante la grandeza de Dios Padre y ante la debilidad de mis propias fuerzas, para practicar el bien. Pon en mi corazón un gran horror al pecado y una diligente vigilancia para evitar hasta las más mínima ocasiones de ofender al Señor. Amén.
 
Para aprender de memoria:
“Pero yo les digo la verdad, les conviene que yo me vaya porque si no me voy, no vendrá a ustedes el paráclito, pero si me voy se los enviaré” Jn 16,7.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Sexto día: El Don de Piedad:
El Don de piedad es necesario para la perfección del culto a Dios, nos hace ver en Dios a un Padre que nos ama con infinita ternura. Las cosas del servicio de Dios como el culto, la oración, el sacrificio etc... bajo el impulso del Don se cumple sin esfuerzo, con delicada perfección, en el trato de los hombres ese don nos pone el sentimiento de que todos somos hermanos e hijos del mismo padre, que nos mueve a practicar la justicia y la caridad. La creación entera y las cosas por mínimas que sean, les hablan del padre y de su infinita ternura. Descubren y viven aquellas palabras de san Pablo “No habéis recibido el espíritu de esclavitud para caer de nuevo en el temor, sino que habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar Abba Padre” Rm 8,15.
 
Oración:
Espíritu Santo, por ti el Padre nos da el amor y te envía a ti para que hagas morada en lo más profundo de mi corazón. Tu eres el que me infundes el Don de piedad para que pueda sentir y vivir esa hermosa verdad, Dios es mi Padre, concédeme la Gracia de amar y saborear todo lo que se refiere a este Padre amoroso. Que yo viva como un hijo pequeñito, protegido por su cariño y su amor y que sepa agradecerle y amarle con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente, con toda mis fuerzas y con todo mi ser, hazme sentir que todos los hombres son hermanos míos y que todas las cosas son regalos que me llegan desde el cielo. Amén.
 
Para Aprender de Memoria:
"No se embriaguen con vino, que es causa de libertinaje, llénense más bien del Espíritu recitemos entre nosotros salmos, himnos y cánticos inspirados, canten y salmodien en vuestro corazón al Señor dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo" Ef.2,18-20.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Quinto día: El Don de Fortaleza:
Jesús nos enseñó “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará hacia la verdad completa... Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y se los anunciará a ustedes" Jn 16,13. Jesucristo, con su presencia en nosotros, nos capacita para que podamos vivir su vida sobrenatural, él nos hace sus discípulos y pescadores de hombres, para dar frutos. Si no damos frutos es que no estamos llenos del  Espíritu Santo, aunque seamos catequistas, doctores en religión, músicos de iglesia, etc. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo somos como un barco velero llevado velozmente por el viento hacia el punto de llegada. Si no estamos llenos del Espíritu Santo, somos como un barco de remos, que lucha contra el viento para llegar al puerto, es pesado, trabajoso y casi inútil.
 
Oración:
Espíritu Santo te pido el Don de Fortaleza, para que mi espíritu pueda practicar todas las virtudes en grado heroico con la plena confianza de que he de superar las mayores dificultades y peligros, que se me presenten en la vida. Dame valor para soportar los trabajos y las penas de cada día, apoyándome más en tu poder que en mis propias facultades. No permitas que me engañe a mi mismo, ni que me deje llevar de la vanagloria, dame el heroísmo de hacer bien las cosas pequeñas a imitación de la Virgen María.
 
Para aprender de memoria:
“En él (en Cristo) también ustedes, tras haber oído la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación y creído también en Él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia para redención del pueblo de su posesión para alabanza de su gloria” (Ef 1,13-14).
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Cuarto día: El Don de Consejo
El cardenal Désiré Félicien-François-Joseph Mercier, daba a un amigo estas instrucciones espirituales: ”Quisiera revelarte un secreto de santidad y alegría. Pon tu imaginación en reposo cinco minutos cada día, cierra tus ojos a todas las cosas visibles y tus oídos a todos los ruidos del mundo, mantente en comunicación contigo mismo, y allí en el santuario de tu alma bautizada, que es el templo del Espíritu Santo, háblale de esta manera: Espíritu Santo, alma de mi alma, yo te adoro, ilumíname, fortaléceme, consuélame, dime lo que debo hacer, dame tus ordenes quiero cumplir en todo tus deseos y aceptar cuanto pueda sucederme si tu lo permites. Enséñame únicamente a conocer tu voluntad”. Esta dedicación al Espíritu Santo es el secreto de la santidad.
 
Oración:
Espíritu Santo, concédeme el Don de Consejo, para que por tu inspiración juzgue con rectitud, los casos particulares que se me presenten y que todo sea para la gloria de Dios y la salvación de las almas. Señor a veces no me basta tener la virtud de la prudencia para que ilumine mi mente, concédeme el Don de Concejo para que me mueva y me guie de modo divino, con una luz superior a toda la ciencia humana. Líbrame de tener una conciencia llena de ilusiones falsas, haz que yo pueda resolver con acierto, los problemas difíciles de mi vida e inspírame los medios convenientes para ayudar a los demás. Amén.
 
Para aprender de memoria:
“El fruto del Espíritu Santo es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de si, contra tales cosas no hay ley” Ga 5, 22-23. (El creyente, unido con Cristo, ya no tiene ley exterior sino que cumple la ley del Espíritu).
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Tercer día: El Don de Ciencia:
Cuando hay que soportar muchas afrentas por Cristo o hay que verse deshonrado, se oye de repente la voz del Espíritu Santo que nos anima diciendo, aguanta ahora los sufrimientos por el Señor, para que luego puedas decir “no son comparables los dolores en este mundo con la gloria que nos espera en el cielo” Rm 8,18. Hay jóvenes ricas a punto de casarse que renunciaron a todo por Cristo, hay muchachos que saben renunciar a toda hermosura y provocación para abrazar la humildad y la pobreza religiosa, todo debido a la fuerza interior del Espíritu Santo.
 
Oración:
Espíritu Santo, Espíritu de Ciencia, infunde en mi alma el Don de Ciencia, por el cual mi mente, iluminada con tu luz poderosa, pueda juzgar rectamente de las cosas de este mundo, en cuanto tiene relación con la Gracia santificante. Que yo pueda conocer las cosas que me llevan al pecado, para apartarme de ella y que así mismo, pueda reconocer las cosas que me llevan al bien, para poder practicarlas. Concédeme Espíritu Santo esa ciencia de los santos y el gusto espiritual al tratar con las cosas sencillas y ordinarias que me rodean. Amén.
 
Para aprender de memoria:
“¿O no saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en ustedes y han recibido de Dios, y que no se pertenecen? Han sido bien comprados, glorifiquen por tanto a Dios en su cuerpo” 1Co 6,19-20.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Segundo día: El Don del Entendimiento
El mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos callados, Jesús al curar a un sordomudo, miró el cielo y suspiró, ese suspiro expresaba la reacción de Jesús frente a la experiencia de la miseria del hombre y su petición eficaz ante el Padre, otro día los fariseos le piden una señal del cielo, Jesús dio un profundo suspiro que fue una profunda emoción ante la dureza de aquellos corazones. El gemido es señal de quienes tienen el Espíritu, existe un gemido sin palabras, es el silencio del Espíritu que esta llenando el alma. Estos gemidos de miseria, de dolor, de deseos, de gozo, de amor o jubilo, son siempre efecto del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos capacita para hacer una oración profunda desde el centro de nuestro ser.
 
Oración:
Espíritu Santo que habitas en lo mas profundo de mi ser y desde ahí das gemidos callados, para aliviar las miserias y para llenarnos de tu poder y de tu gozo, concédeme el Don de Entendimiento para mi inteligencia bajo tu acción iluminadora pueda penetrar fácilmente en las verdades reveladas y pueda orientarse hacia la verdad, en medio de tantos errores, como nos rodean y nos amenazan por todas partes.  Amén.
 
Para aprender de memoria:
“Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Esto sucedió en Samaria, Pedro y Juan oraron por un grupo de hombres y mujeres para que recibieran el Espíritu Santo, luego les impusieron las manos y aquellos recibieron el Espíritu Santo” Hch 8,17.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Oración inicial para todos los días:
Ven, Espíritu Santo creador,
Ven a visitar el corazón,
y llena con tu Gracia viva y eficaz,
nuestra alma que tú creaste por amor.
 
Tú, a quien llaman el gran consolador,
don de Dios altísimo y Señor,
eres vertiente viva, fuego que es amor,
de los dones del Padre el dispensador.
 
Tu, Dios, que plenamente te nos das,
dedo de la mano paternal,
eres tu la promesa que el Padre nos dio;
tu Palabra enriquece hoy nuestro cantar.
 
Los sentidos tendrás que iluminar,
nuestro corazón inflamarás
y nuestro cuerpo frente a toda tentación,
con la fuerza constante, ven a reanimar.
 
Aparta de nosotros la opresión,
tu paz danos pronto sin tardar
y siendo nuestro guía, nuestro conductor,
evitemos así cualquier error o mal.
 
Danos a nuestro Padre conocer,
a Jesús, al Hijo comprender y a ti,
Dios que procedes de su mutuo amor,
te creamos con solida y ardiente fe.
 
Alabemos al Padre Nuestro Dios
y a su Hijo que resucitó;
también al Santo Espíritu consolador,
por los siglos de los siglos gloria y bendición. Amén.
 
Día primero: El Don de la Sabiduría
El apóstol San Pedro dice “El Espíritu mismo te une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” Rm 8,16. El mismo Espíritu acude también a ayudarnos en nuestra debilidad para poder orar, “pues nosotros no sabemos como pedir para orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos callados” Rm 8,26 por aquí podemos notar que nuestra debilidad es tan grande, que nos vemos en la necesidad de contar con la fuerza del Espíritu para orar, para hacer el bien y para desearlo.
 
Oración: 
Espíritu Santo, concédeme el Don de Sabiduría para que pueda pensar y juzgar rectamente de Dios y de las cosas divinas, que pueda saborearlas profundamente. Te suplico, Espíritu Santo, que este Don me lleve a despreciar todo lo que no sea de Dios, para poder unirme y entregarme a él. Haz que por este Don nazcan y crezcan en mí los frutos de la caridad, del gozo, de la paz y de la bondad. Llévame por el camino de la verdadera alegría, que trae paz al alma. Ciérrame la puerta de la falsa libertad, que tu gracia purifique siempre mis ojos para ver lo que es correcto y abra mis oídos para escuchar tus palabras y tu llamada. Llena mi corazón de tu amor y dirige mis pasos por el camino de la verdad. Amén.
 
Para aprender de memoria:
“Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mi la fuerza de Cristo, por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones y las dificultades sufridas por Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Co 12,9-10.
 
Oración final para todos los días:
(Secuencia al Espíritu Santo)
 
Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas fuente del mayor consuelo.
 
Ven dulce huésped del alma, descanso en nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lagrimas y reconforta en los duelos.
 
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro:
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
 
Riega la tierra en sequia, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
 
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su merito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

El amor como virtud

Martes, 08 Mayo 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿El amor es una virtud? Si, pero no solo es una virtud, es un sentimiento propio de la dimensión afectiva de los seres humanos y de Dios.

¿En qué consiste la virtud del amor? Es una virtud que tiene tres grandes dimensiones: el conocimiento y el deber moral de amarse a uno mismo, a los demás y a Dios. La virtud del amor es por así decirlo, una ‘quinta virtud cardinal’ que dinamiza a las otras cuatro y le da sentido a la vida de santidad que queremos alcanzar.

¿Qué es el amor a uno mismo? Es el amor propio pero no como egoísmo. Es un amor ordenado a uno mismo porque es deseo de felicidad. Por tanto si me amo puedo amar a Dios y sentirme amado por él y así amar a los demás.

¿Por qué no es egolatría ni egoísmo amarse a uno mismo? Porque el amor a uno mismo es un bien ordenado en beneficio de nosotros mismos principalmente. Si fuera egocentrismo, egolatría o egoísmo, sería ‘el amor desordenado a uno mismo’ porque se contradice constantemente.

¿Cómo se puede cultivar la virtud del amor a uno mismo? En sentido amplio la respuesta más inmediata es: ‘amándose a uno mismo’. Y en el sentido práctico de la vida se requieren tres cosas: El descanso, hacer respetar la propia vida y el desprendimiento de corazón.

  • El descanso: Quien descansa es aquel que se siente amado porque se ama a sí mismo y sabe que su trabajo es un bien necesario para ser feliz. Puesto que si no se descansara se realizaría un esfuerzo humano desordenado y sin ningún fruto. Descansar es necesario para dignificar el cuerpo, pero no la apariencia y mucho menos la búsqueda de un lucro económico desenfrenado. San Juan Pablo II en la carta apostólica Dies Domini, sobre la santificación del domingo, dice al respecto: «El descanso es una cosa “sagrada”, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» DD. 65.
  • El respeto a la propia vida: La enseñanza de la Iglesia a través del Catecismo y de Santo Tomás habla por sí sola: «El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal: “Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita [...] y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, II-II, q. 64, a. 7)» CEC 2264.
  • El desprendimiento de corazón: Se trata de quitar los apegos que no son felicidad y al mismo tiempo cuidar los bienes que se nos han sido dados. Además debemos ser consientes de que algún día tendremos que desprendernos de los bienes terrenales, como la salud del cuerpo, las cosas que ya no podremos usar y nuestra vida misma. Esto implica que suframos, y esto no es malo ya que el sufrimiento solo se puede entender a la luz de la vida y las palabras de Cristo por su valor redentor. Nuevamente San Juan Pablo II en la carta apostólica Salvifici Doloris, que trata sobre el sentido cristiano del sufrimiento, nos enseñó lo siguiente: «Sufrir significa hacerse particularmente receptivos, particularmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo» SD. 23

Es hora de que reflexionemos: ¿Qué tanto nos amamos a nosotros mismos?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Las virtudes cardinales

Martes, 01 Mayo 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué son las virtudes cardinales? Son cualidades operativas que disponen a la persona a obrar moralmente bien, perfeccionando la voluntad, los gustos y las pasiones.

¿Por qué se llaman de esa forma? Porque estas virtudes orientan a la persona sobre como debe caminar en la vida moral. Es decir son los ‘puntos cardinales’ para orientarse y actuar de la mejor forma. Razón por la cual también se les dice virtudes morales.

¿Cuáles son las virtudes cardinales? Son cuatro: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Además hay otro buen numero de virtudes que sirven a las cuatro cardinales, dinamizando libremente la búsqueda del bien.

  1. La prudencia: Es una virtud intelectual y a la vez es moral. Por ello es madre y guía de todas las demás virtudes. Sin prudencia la persona no es buena.
  2. La justicia: Consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les corresponde.
  3. La fortaleza: Reafirma la valentía de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral.
  4. La templanza: Modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

¿Hay que vivir todas estas virtudes o solo algunas? Todas, pero ello no es difícil. La virtudes crecen simultáneamente porque si se tiene una de ellas en mayor grado, las otras se van desarrollando ya que ellas se reclaman entre sí para poder operar correctamente. De esta forma el actuar moralmente correcto hace que la persona sea: prudente, justa, fuerte y templada.

¿La Iglesia Católica que dice sobre las virtudes cardinales? La Santa Madre Iglesia invita a vivir las virtudes como parte de la vida humana para alcanzar la perfección en Dios, siguiendo a Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo. Sin embargo es necesario leer lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales: 1803-1845.

¿Cuáles son los problemas actuales que enfrentan las virtudes cardinales? Son los mismos problemas que la ética enfrenta hoy. Puesto que las ciencias humanas buscan que las personas seamos buenas, justas, fuertes y con criterio. Aquí exponemos algunos puntos importantes:

  • La autosuperación personal: Muchos cursos y literaturas sobre este tema, pretenden hacer de las personas seres completamente nuevos mediante el esfuerzo humano. Algunos empresarios se aprovechan de ello para crear grupos y campañas de éxito empresarial y convencer a las personas que son expertos en ventas. No está mal que se forme a la personas con criterios éticos, pero de fondo lo que hay es que se les invita a vivir estas cuatro virtudes de forma humana solamente. Pero para que se diga que una persona es moralmente virtuosa necesita a Dios como fin de todo lo que haga y no solo el lucro económico que represente una falsa felicidad.
  • La corrupción: Es en sí dañina porque atenta contra la bondad y la justicia del plan de Dios para con nosotros y la convivencia entre las personas. La corrupción nos hace esclavos de la mentira, nos introduce en un mundo falso y nos hace ver que los vicios son lo mejor. Por ello todo corrupto o cómplice de la corrupción no es una persona virtuosa sino viciosa, porque vive en el pecado.
  • El hedonismo: Con este nombre se conoce en el mundo de las ciencias humanas, aquellas actividades que buscan el placer por el placer sin límite. Por ejemplo el derroche económico en sus diversas formas; el atentado a la dignidad humana cuando se instrumentaliza la persona para explotarla y sacar un lucro de ello. Y en general toda actividad que nos convierte en personas ‘buena vida’ que queremos lograr todo placenteramente sin que ello represente esfuerzo y sacrificio. De ahí que la sociedad hedonista se oponga rotundamente a las virtudes de la fortaleza y la templanza.

Ahora reflexionemos: ¿Nuestros actos buenos son prudentes, justos, fuertes y templados?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La virtud del arte

Martes, 24 Abril 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Es el arte una virtud? Sí, porque consiste en el hábito de aplicar rectamente la verdad conocida a la producción o fabricación de cosas.

¿Todo lo que hacemos es arte? No, solo aquello que es resultado de un proceso honesto que busca la verdad para que sea dispuesto al servicio y gozo de todos.

¿Qué características tiene que tener esta virtud? Las cosas que hacemos mediante la virtud del arte deben tener cuatro características:

  • Bondad: Que lo que se produce sea bueno para un fin bueno.
  • Verdad: Que sea algo producido según la verdad que hemos conocido.
  • Unidad: Que tenga unidad con todas las demás cosas.
  • Belleza: Que sea bello, es decir que su perfección sea admirable.

¿Qué pasaría si a las cosas que hacemos le faltara alguna de estas características? Que aquello que hacemos no sería una virtud y podría ser un vicio.

¿Es difícil poner en practica esta virtud? No, porque el trabajo que realizamos a diario para vivir es una obra de arte. Es decir debe ser una actividad buena, verdadera, que tenga sentido de unidad y bella. Por esta razón no trabajamos porque toque, sino porque el resultado de nuestro trabajo debe ser el medio por el cual nos santificamos.

¿Entonces esta virtud solo es para los que trabajan? No, esta virtud es para todas las personas y no tiene distinciones. Lo que pasa es que en la profesión que desempeñamos o en la actividad que realizamos para ganarnos la vida es más evidente realizarla. Pero el arte como virtud va más allá del ámbito laboral, porque busca que toda actividad humana se haga con perfección.

¿Cuáles son los problemas actuales que enfrenta esta virtud?

  • El utilitarismo: Porque solo se producen cosas o se tratan o tras personas por conveniencia económica, llegando al punto de mentir para engañar y obtener riquezas a costa de lo que sea.
  • La impaciencia: Porque deseamos hacer todo lo que nos toca inmediatamente. Y algunas de las cosas que realizamos requieren de trabajo y tiempo para que se perfeccionen.
  • La prostitución y esclavitud: Porque quienes contribuyen para que estas sean formas de trabajo, se mienten porque son actividades que van en contra de la dignidad del hombre haciéndolo infeliz; y llegando a tener una vida viciada y lejos de la virtud.
  • El hedonismo: Porque esta corriente filosófica y social busca el placer desmedido, haciendo que perdamos el valor por el sacrificio, la disciplina y el orden. Sí no enseñamos a nuestros hijos a valorar el sacrificio y la disciplina, jamás gozarán de motivos bellos, verdaderos, y buenos que tengan unidad para vivir.
  • El eufemismo: Porque ya no llamamos a las cosas como son para que no suenen tan fuerte. Preferimos anestesiar la conciencia para no pensar, pero no en la preocupación porque hagamos las cosas bien hechas.

Preguntémonos y respondámonos: ¿Todas las actividades que realizo diariamente tienen belleza, unidad, bondad y verdad? Ánimo, basta ya de vivir en un mundo de mentiras, merecemos una vida feliz y la virtud nos debe llevar a Dios para lograrlo.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!