fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

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Las virtudes como esperanza teologal

Lunes, 05 Febrero 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Por qué es importante la esperanza para nosotros? Porque hablar de esperanza es tan natural para nosotros que significa esperar un tiempo para conseguir algo que se desea. Es tal la importancia de la esperanza, que se convierte en una expectación, anhelo, ilusión y deseo por algo que deseamos para nosotros mismos como un bien necesario para nuestra felicidad.

¿Se puede decir que hay una esperanza humana y otra divina? Sí, no hay duda en ello. Concretamente hay tres tipos de esperanza, las dos primeras están en la naturaleza humana y la tercera procede de Dios. Sin embargo, el hombre por medio de la gracia puede participar de la esperanza divina, que es la que le da el sentido cristiano de felicidad.

  • Esperanza sensitiva o pasional: Son todas las cosas que la persona identifica como un bien que se desea a futuro, el cual es arduo y difícil de conseguir aunque es posible de obtener. Es la inclinación del deseo hacia el objeto deseado, que se da también en los seres no racionales.
  • Esperanza racional o moral: Es aquella cuyo objeto —siempre futuro, arduo y difícil, pero posible— no supera las fuerzas de la naturaleza humana, ya que puede conseguir lo que desea por esfuerzo propio o con ayuda de otros.
  • Esperanza teologal o sobrenatural: Es una virtud infundida por Dios en la voluntad del hombre, por la cual confía con plena certeza alcanzar la vida eterna y los medios necesarios para llegar a ella, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios.

¿Qué quiere decir el término esperanza teologal? Que la esperanza es una virtud que nos lleva a Dios, para desear vivir en él, haciendo todas las cosas en su nombre a través de Jesús y con ayuda del Espíritu Santo; ya que el deseo cristiano de perfección y felicidad es la bienaventuranza de la vida eterna. Por ello en la Misa respondemos Amén a la oración doxológica del sacerdote: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».

¿Por qué se dice que las virtudes se viven como esperanza teologal? Porque todas las virtudes —aunque no las tengamos aun— nos garantizan la perfección como personas para encontrar a Dios como felicidad verdadera.

¿Existe otra forma de mantenernos en la esperanza teologal fuera de las virtudes? No, puesto que el deseo natural de ser perfectos como Dios, es vivir el Evangelio con esfuerzo humano y con la gracia de divina. Esto no es otra cosa que la búsqueda de las virtudes cardinales y teologales, para orientarnos en el bien y la verdad de la vida cristiana.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para honor y gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La Iglesia y las virtudes

Martes, 30 Enero 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Qué tiene que ver la Iglesia en el campo de las virtudes? Todo, puesto que al considerarse la persona humana es un sujeto moral que vive la fe cristiana, encuentra el único lugar para hacerlo en la Iglesia Católica. Esto es posible porque el hombre por el bautismo nace a la vida de hijo de Dios y progresa hacia la excelencia humana que es la identificación con Cristo. Por tanto la Iglesia es el ámbito en el que se dan las condiciones adecuadas, el ambiente necesario, para la adquisición y educación de las virtudes sobrenaturales y humanas: es la casa del Padre en la que cada uno se sabe hijo y, por tanto, libre; en la que cada uno se siente querido por sí mismo y ve reconocidos sus derechos y su dignidad; en la que cada uno se sabe partícipe de un proyecto común.

¿Concretamente para que sirven las virtudes dentro de la Iglesia? Para encontrar un sentido de vida; para aprender a buscar la verdad; para unirnos en la caridad; para comprender la tradición de la fe apostólica; y para aprender que en la Iglesia encontramos los ejemplos de santidad.

  • Sentido de vida: Dentro de la vocación universal a la santidad, el cristiano descubre también en la Iglesia su vocación específica, la misión concreta a la que Dios lo ha destinado y para cuya realización lo ha dotado de los talentos y carismas necesarios.
  • Búsqueda de la verdad: Los miembros de la Iglesia comparten una verdad común, la Palabra de Dios, que contiene enseñanzas de fe y moral.
  • Unión en la caridad: Esta comunión tiene su fundamento en la comunión con Cristo, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia.
  • Tradición apostólica: Además de la transmisión del depósito de la fe y la moral, en la Iglesia se transmiten las virtudes de unos miembros a otros, virtudes que cada uno debe aprender para ser fiel a la historia sobre la que la Iglesia está asentada: la de la vida, muerte y resurrección de Cristo.
  • Ejemplo de la santidad: Se reconoce en la Bienaventurada Virgen María y los santos, las figuras y las fuentes de esa santidad.

¿Qué elementos crees tu que se deben agregar a esta lista de criterios, para vivir las virtudes en la Iglesia?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

La necesidad de formar en virtudes

Lunes, 22 Enero 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Para crecer en las virtudes es necesario ser consiente de ello. Luego, se necesita del esfuerzo humano y de la gracia de Dios, para disponer la vida en camino de perfección. Pero además de lo anterior, es necesario que existan maestros, guías, consejeros y un ambiente propicio que nos ayude a formarnos en personas virtuosas. Este es el reto: encontrar una ámbito educativo con maestros y modelos.

¿Cómo buscar un maestro guía? El maestro guía por excelencia es Jesucristo, por eso nosotros como sus discípulos debemos convertirnos en maestros virtuosos como principio evangelizador. Es así que la coherencia de vida, es la primera norma que nos perfila con autoridad moral, para informar y formar a otros. Si no es así ¿de que otro modo tendríamos autoridad moral para convertirnos en maestros de virtudes?

¿Los maestros virtuosos siempre sin perfectos? No, perfecto solo es Dios. Pero ser maestro de virtudes es un título que lo testimoniara nuestra propia vida, nadie no lo impone. Además, el maestro debe enseñar que él mismo está en proceso de adquirir las virtudes que enseña. Y por tanto como maestros, no nos consideramos plenamente formados ni perfectos; antes bien, es el maestro quien tiene la virtud de la humildad para aprender de sus discípulos.

¿Cómo seguir a un maestro virtuoso? Lo primero es hacer lo que ellos mandan porque evidentemente tienen autoridad moral. De esta forma se convierten en modelos de vida, en amigos y engrandes consejeros. Ahora bien, aquí se construye una amistad afectiva entre el discípulo y el maestro como camino de santidad y de querer siempre imitar, seguir y configurar la vida propia con la de Jesucristo.

¿Quiénes son nuestros maestros en la virtud? En primer lugar nuestros primeros maestros son nuestros padres, quien son autoridad moral, afectiva y de amistad; porque son el reflejo de Dios a pesar de sus múltiples imperfecciones. Ahora bien, pensemos que tenemos que ser maestros de virtudes para nuestros propios hijos, amigos, personas que nos piden un consejo y para nuestros ahijados que hemos adquirido en el camino de la vida sacramental (bautismo, confirmación, matrimonio y orden sacerdotal). Ser padrino es acompañar en la fe a otro, en una relación de amistad al estilo de un maestro y discípulo.

Lo lindo de la vida del maestro y del discípulo, es saber que hay un momento donde el discípulo se convierte en maestro. Y nosotros como su maestro, alcanzamos un gozo en Dios el ver el progreso en el amor al bien y la verdad de nuestros discípulos.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

¿Cómo se adquieren las virtudes? La única manera de adquirir virtudes, es por la libre repetición de actos buenos que sean conformes a la verdad de las cosas.

Sin embargo, la repetición de estos actos buenos puede llegar a ser confusa, puesto que aunque muchas personas se propongan realizar dichos actos, no siempre consiguen un obrar virtuoso. ¿Por qué puede suceder esto? Porque la repetición de actos buenos, tiene que partir de un deseo sincero de amar el bien y de buscar la verdad por difícil que esta sea. Por tanto no basta con realizar actos buenos en modo automático, no tendría sentido ser bueno si en realidad no se ama el bien; y mucho menos se podría considerar ser una persona virtuosa, si en realidad se actúa aparentemente como se debe, solo para que externamente se logre una calificación de buena, cuando interiormente no se ama la búsqueda la verdad. Esto sería actuar como niños que hacen lo que está mandado acertadamente, para que se les de una recompensa; ya que lo que les motiva es el deleite del premio. Dicho en otras palabras, es imposible ser virtuoso con una actitud infantil.

¿Cómo crecer en la virtud? Solo se puede crecer en el deseo sincero y libre de amar interiormente el bien y hacerlo exteriormente. La clave del crecimiento en el obrar virtuoso, consiste en que a medida en que se progresa en el conocimiento de la verdad y del amor al bien, aumenta el dominio sobre la acción.

Nadie obliga a otro a crecer en el obrar virtuoso, es imposible exigir a los demás crecer en cualidades. Y peor aun, sería insólito estar obligado a crecer en una moral ejemplar, por un mandato o una ley impuesta. Por eso el reto es educar a nuestros hijos en la virtud por amor al bien, no hacerlos pensar en recompensas temporales que no forman ni la disciplina, ni mucho menos en el sacrificio. Amar la verdad y el bien en libertad, dan al hombre más capacidad de conocimiento y de amor, de igual forma dan más capacidad para hacer el bien y de realizarlo cada vez con más facilidad, prontitud y gozo.

¿Entonces se pueden perder las virtudes? Si, las virtudes se pierden o se disminuyen porque libremente se adquiere el vicio como lo contrario a la virtud, que consiste en acciones repetitivas que están lejos de la verdad y no viven en el bien. Es decir que el vicioso es aquella persona que moralmente ejerce muy mal su libertad, produciéndole una ceguera que lo convierte en esclavo de sus afectos y pasiones desordenadas.

En síntesis, las virtudes nacen de la elección de actos buenos, crecen con la elección de actos buenos, se ordenan a la elección de actos buenos y se pueden perder o disminuir por la falta de realización de actos buenos.

Y tu haz pensado: ¿Cuántos de los actos buenos que realizas diariamente están conformes con el amor al bien y la búsqueda incansable de la verdad? Recuerda que ser una persona virtuosa es la cuota inicial para la felicidad y la santidad.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

El obrar virtuoso

Lunes, 08 Enero 2018 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

Hacer las cosas virtuosamente, no significa actuar en contra de lo que nos gusta, como quien realiza una dieta y se tiene que privar de ciertos alimentos agradables para obtener el resultado requerido.

¿En que consiste el actuar virtuoso? El obrar virtuoso está presente en la persona de forma natural, pues los gustos, las afinidades y las cosas que identifican a la persona, no son anuladas por las virtudes. Antes bien, las virtudes encauzan los gustos y preferencias de un modo pleno para que se correspondan con la verdad y el bien, haciendo consiente a la persona que siempre ame obrar de la mejor manera; en esto consiste el actuar virtuoso. Sin embargo, esta búsqueda de perfección, conlleva a los hombres a convertirnos cada vez en seres buenos; y los que somos creyentes buscamos la santidad insaciablemente. ¡Por esto es realmente importante el obrar virtuoso!

Ahora bien, la búsqueda de querer obrar virtuosamente, genera una sensibilidad única, que dispone todo el ser para que desee el sumo bien. Esta sensibilidad no es mala, antes bien nunca será perjudicial un exceso de sensibilidad, puesto que es una consecuencia del obrar virtuoso que juzga las acciones que realizamos con firmeza, prontitud, facilidad y gozo.

¿Es placentero actuar virtuosamente? El convertirnos en personas virtuosas, no quiere decir que necesariamente cada vez que realizamos una acción, nos produzca un placer sensible que genere autocomplacencia. De fondo esta el querer ser feliz, como una forma de realizar nuestra vida; y a veces tenemos que hacer cosas que aunque no sean de nuestro agrado, las hacemos como camino de perfección para que dicha felicidad sea una realidad y no una ilusión perdida. No se trata de complicarnos la vida, obrar virtuosamente es actuar correctamente en el bien y la verdad, no solo con lo justo y lo mínimo, sino con el mayor deseo de perfección para realizar las cosas bien hechas.

¿Sólo se logra actuar virtuosamente en las cosas que nos son difíciles? Obrar virtuosamente no quiere decir que solo es posible cuando se realiza algo difícil de conseguir, también hay acciones virtuosas que nos son muy fáciles de hacer y las realizamos de forma tan natural que no nos implican mayor esfuerzo. Por tanto la clave de la acción virtuosa consiste en que todos nuestros actos (difíciles o fáciles) deben tener una perfección en el amor al verdadero bien.

¿Obrar virtuosamente nos evita de sufrir? No, obrar virtuosamente no nos alejará del sufrimiento, antes bien por la sensibilidad que se adquiere, se genera una mayor pena o dolor cuando no se actúa de la mejor forma. Esto pasa porque la persona al convertirse en un ser virtuoso, desarrolla una mayor sensibilidad que busca perfeccionarse y por ello sufre por amor al bien.

¿No crees que mereces vivir un camino de santidad, con claridad y sin mentiras? ¿Por qué no te animes a estudiar, practicar y pedir en oración las virtudes?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

¿Inocentes o culpables?

Jueves, 28 Diciembre 2017 00:00

«Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven» Jr 31,15

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Celebrar los santos inocentes se ha convertido en una tradición cultural de hacernos bromas entre nosotros. No está nada mal que brille el buen sentido del humor sano. Sin embargo ante una tragedia de muchos niños que fueron asesinados, por la envidia y el miedo a perder el poder por parte de Herodes, vale la pena preguntarnos hoy: ¿Dónde están los nuevos Herodes y quienes realmente sí son inocentes? Para que evaluemos si vale la pena seguirnos riendo.

Hace unos días celebrábamos la Noche Buena y he visto como en esta ocación al igual que años anteriores, hemos venido perdiendo la sensibilidad creyente. Para la muestra solo quiero citar tres ejemplos y así no alargar esta reflexión.

PRIMERO: Por comodidad de muchos de nosotros, ya no hacemos el pesebre en casa, puesto que basta con una simple decoración para no estropear el piso, las paredes, o simplemente por pensar que es mucho trabajo para tan pocos días.

Y puesto que no hay pesebre ¿para qué rezar la novena o alguna oración familiar alrededor de la casa de Belén? ¿En torno a qué o a quién gira el sentido de la Navidad? Si sólo importa tener bienestar para disfrutar la Navidad ¿entonces quedan excluidos los enfermos y los marginados de la alegría navideña?

SEGUNDO: También me preocupa, que el centro de las celebraciones las ocupa el famoso espíritu navideño y el Papá Noel, desplazando al Niño Dios de su cuna, porque es ridículo pensar que un niño traiga regalos, cuando un viejo grande, barrigudo y bonachón, dedica su vida a hacer juguetes todo el año. Acabando así con la fama del gran obispo San Nicolás de Bari.

¿Alguno me puede explicar en que consiste el espíritu navideño? ¿Es posible que exista un auténtico espíritu navideño sin que sea cristiano? ¿Papá Noel es padre de quien? ¿Papá Noel es una autoridad moral que merezca el centro de toda reverencia? ¿en quien estamos poniendo la alegría de la Navidad?

TERCERO: Además, muchos de nosotros afirmamos que es bueno evitar decirle mentiras a los niños para que sean auténticos hombres; y por eso ya no cultivamos la tradición de escribirle al Niño Dios para pedirle un regalo. Es más, ya ni hacemos trasnochar a nuestros hijos hasta la media noche, esperando el nacimiento del Hijo de Dios, sino que celebramos Navidad en horas de la tarde, para que los niños jueguen con los regalos y se vayan a la cama pronto. Así no les causamos tal vez un trauma psicológico, o mejor aun, no se desvelan para que puedan salir a dar un paseo con la familia al otro día y celebrar la Navidad.

¿Si no enseñamos a nuestros hijos a trasnochar para esperar a Dios, entonces como les estamos enseñando que hay cosas por las que si vale la pena trasnocharse y dar la vida, ya que hay no todo lo que necesitamos depende de nosotros sino del mismo Dios? Se que queremos formar a nuestros hijos en la disciplina y ¿por qué no somos capaces de formarlos en el sacrificio? Sino enseñamos a nuestros hijos a escribirle La Carta al Niño Dios ¿qué elementos estamos utilizando para educar a los niños en la oración para pedirle a Dios las cosas que en verdad si son necesarias?

Finalmente pensemos seriamente por donde empezamos: ¿quienes son los inocentes y los culpables? evaluemos a ver si vale la pena seguirnos riendo.  

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Vivir las virtudes

Domingo, 31 Diciembre 2017 00:00

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

En el mundo actual nos preocupamos por formar y educar en los valores éticos. Pero como católicos fervorosos, estamos llamados a cumplir no solo con los valores del mundo ético, sino en buscar ser perfectos cada día, como mandato expreso de Jesucristo: «Sean perfectos como es perfecto el Padre del cielo» (Mt 5,48). Este mandato de perfección, no se puede realizar de otra forma sino siguiendo al maestro, a Jesús como rostro y camino del Padre: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» (Jn 14,6).

Entonces ¿cómo alcanzar la perfección a la que Dios nos invita? Disponiendo toda nuestra humanidad, es decir los afectos y la voluntad para ser perfectos en Dios. Para ello debemos decidir en libertad querer hacer el bien en cada momento. Esta decisión solo puede nacer del deseo profundo del amor a Dios, siendo dóciles a su voz y respondiéndole con un verdadero sí cuando nos llama.

Por tanto, en la vida cotidiana nos vemos enfrentados a elegir constantemente acciones concretas, pero solo aquellas que se corresponden con el bien, nos garantizan un crecimiento interior porque hacer el verdadero bien agrada a Dios. Es así, que el crecimiento de la vida espiritual se articula con la libertad, permitiendo el crecimiento de las virtudes; pues estas perfeccionan las dimensiones operativas del ser humano, la inteligencia, la voluntad y la vida afectiva. Esto es igual que una persona que hace deporte, puesto que dicha actividad permite el fortalecimiento de sus músculos, aumentando la habilidad del cuerpo físico. De igual manera las virtudes incrementan la capacidad en el hombre para conocer la realidad, amarla y hacer el bien en todo instante.

Entonces ¿qué son las virtudes? Son cualidades buenas, firmes y estables de la persona, que la perfeccionan capacitándola para conocer mejor la verdad y realizar gozosamente el bien. Y ¿Por qué vivir las virtudes? Porque su vivencia exige una disciplina y compromiso que hace posible el encuentro con Dios, quien no deja solo al hombre, sino que sale a su encuentro ayudándole a perfeccionarlo. No es mérito propio del hombre vivir en la virtud, no es fruto solo del esfuerzo personal como quien hace una dieta. Vivir las virtudes es disponer la vida entera libremente para crecer física, intelectualmente y moralmente en el bien. Este ejercicio constante de querer obrar siempre en el bien, lleva al hombre a practicar una vida virtuosa como camino hacia Dios quien lo invita a vivir en su intimidad. Esto en últimas es el camino a la santidad.

No hay edad límite para empezar o terminar la vivencia de las virtudes ¿Por qué no te atreves a emprender un camino distinto en tu vida? ¿No crees que vale la pena dejar de sufrir sin sentido? Te garantizo que el obrar virtuoso es la mejor forma de seguir a Jesús, porque verás todo con tal claridad que las dudas morales serán una alegría que te perfeccionen, no que te lleven al pecado.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

«Hoy, en la 
ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal: 
encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Lc 2,1-14

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Como católicos celebramos que Dios se hizo hombre naciendo en la ternura de un niño. Por ello atrás quedaron las “otras navidades” de palabras bonitas, de consuelos vacíos que buscan aliviar la conciencia ante las dificultades de la vida porque nos sentimos frustrados. Si Cristo es el eje de nuestra vida, el niño Dios —que es el mismo Cristo— es el núcleo de la celebración de la Navidad.

No nos hagamos más daño promocionando a papá Noel o a otros personajes como centro de la Navidad, puesto que los elementos de la cultura no se pueden convertir en soluciones de vida, cuando resultan ser paliativos y distractores que nos alejan de la realidad. Esto lo vemos cotidianamente cuando pasa la Navidad y todo vuelve a ser como antes. Basta ya de frases de cajón y de decirnos a nosotros mismos que: lo importante es que el niño Dios nazca en nuestros corazones, cuando sabemos que no es así. ¿Qué esperar ahora? ¿el año nuevo para embriagarnos y hacer planes que nunca cumpliremos?

Esta seguramente no es una Navidad fácil para muchos de nosotros que hemos visto retornar a la casa del Padre a nuestros seres queridos. Tampoco es una Navidad fácil para aquellos que atraviesan dificultades económicas, académicas, laborales, aquellos que se encuentran privados de la libertad. Mucho menos es una Navidad fácil para aquellas mujeres que han abortado a sus hijos, puesto que al darse cuenta de lo que han hecho, cargan con una culpa dificilmente superable, cuando recuerdan que la Navidad es la celebración de un recién nacido que nos alegra la vida. Pero sobre todo no es una Navidad fácil para muchos de nosotros que no saben que hacer con su vida para ser felices; ya que cualquier postura religiosa, política, social y económica, les hace cambiar los valores fundamentales de la vida, de acuerdo a las circunstancias y a la conveniencia de cada quien.

No hay que desesperarnos, hay que tomarnos la Navidad en serio. Y esto es reconocer que Dios es una realidad que cambia nuestra vida. Hay que retomar el sentido verdadero de sabernos amados por Dios y enseñarles a nuestros hijos, que no hay felicidad sin Dios, él mismo es el gozo eterno.

Celebrar Navidad, es saber que a pesar de que tu y yo no hemos tenido un año fácil, yo rezo por ti y doy lo mejor de mi, para que Dios sea una verdad constante en tu vida. Esta es la condición que exige abrazarnos y celebrar que Dios nació por ti y por mi. Por eso reconozcamos que la fiesta de hoy no necesita de regalos, porque es Dios mismo quien se nos da como un regalo. Dispongamos nuestra voluntad a los planes de Dios, para que la Navidad sea la celebración de la ternura del niño de Belén que vive con nosotros; así comprenderemos que el católico bueno, no es aquel al que no le pasan cosas malas, sino aquel que apesar de lo dura que pueda ser la vida, es feliz porque busca a Dios como sumo bien. Felices Pascuas, porque hoy sigue siendo Navidad.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Oh Enmanuel

Sábado, 23 Diciembre 2017 00:00

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» Lc 1,38

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

Hermoso niño de Belén, tu eres el Dios fiel que permanece con nosotros. Te hiciste hombre y diste la vida para salvarnos; y siendo más grande tu amor que nuestra inteligencia nos alimentas en la Eucaristía; y además nos esperas para resucitarnos el último día. Ayuúdanos a superar la condición humana del pecado, sacándonos de la ignorancia y viviendo en ti, así como tu inhabitas en nosotros. ¿Cómo hacer para que esta Navidad no se otra más de solo palabras y deseos bonitos, sino que nos lleve a hacer obras concretas? ¿Cómo enseñarle al mundo que la Navidad eres tu que se queda con nosotros y no la insensatez que busca el hedonismo? ¿Cómo decirte que te amamos?

 

Oh Enmanuel,

Rey y Legislador nuestro,

esperanza de las naciones

y salvador de los pueblos,

ven a salvarnos,

Señor Dios nuestro.

 

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Oh Rey

Viernes, 22 Diciembre 2017 00:00

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» Lc 1,38

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

Niño de nuestra alma, no dejes de ser el centro de nuestra vida, aun en los momentos en donde no veamos tus caminos con claridad. Gobierna nuestras naciones con la sensatez de la caridad, el brazo de la esperanza y el auxilio de la fe; para que siempre sepamos que no hay autoridad temporal sin tu dominio sobrenatural. ¿Cómo elegir gobernantes que estén conformes a tus planes? ¿Cómo educar a nuestros hijos en la virtud, cuando la corrupción se nos presenta como la fuerza omnipotente que todo lo supera, incluso los principios éticos? ¿Cómo hacer de la humanidad una unidad, a pesar de la diferencias religiosas, políticas y sociales?

 

Oh Rey,

de las naciones

y deseado de los pueblos,

Piedra angular de la Iglesia,

que haces de los dos pueblos uno solo,

ven y salva al hombre

que formaste del barro de la tierra.

 

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!