fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Oh Adonai

Lunes, 18 Diciembre 2017 00:00

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» Lc 1,38

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

 

Señor permite que vivamos siempre en ti, puesto que solo tu eres nuestro Dios, el verdadero pastor que nos guía hacia la felicidad eterna. Que al reconocer tu fragilidad de niño en el vientre de María, podamos someter nuestra voluntad a la tuya para que tengamos un solo plan de vida. ¿Cómo ser dóciles ante tu voz? ¿Cómo amarte para saberte obedecer? ¿Cómo reconocer siempre tu voz en medio de los ruidos del mundo?

 

Oh Adonai,

Pastor de la casa de Israel,

que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente

y en el Sinaí le diste tu ley,

ven a librarnos con el poder de tu brazo.

 

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

Oh Sabiduría

Domingo, 17 Diciembre 2017 00:00

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» Lc 1,38

 

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Que tu mismo niño de Belén esperado por todos nosotros, te conviertas en la Sabiduría suprema que necesitemos a diario. Solo en ti descansa nuestra sed insaciable de felicidad. Permite que esperemos con gozo espiritual, la fecha que nos recuerda que te hiciste ternura por nosotros. ¿Cómo hablar bien de ti? ¿Cómo enseñarle al mundo y a nuestros hijos que tu eres la verdadera Sabiduría? ¿Cómo reconocernos necesitados de ti, para que oh Dios inhabites en nosotros por medio del don y de la virtud de la Sabiduría?

 

Oh Sabiduría,

que brotaste de los labios del Altísimo,

abarcando del uno al otro confín

y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,

ven y muéstranos el camino de la salvación.

 

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

Basta ya de ser un católico light

Sábado, 02 Diciembre 2017 00:00

«Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: ¡Vigilen!». Mc 13,33-37

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Hoy comienza un nuevo año litúrgico para los católicos, que constituye una forma de renovar el dinamismo de la  vida espiritual. Es preciso revisar nuestro plan de vida espiritual desde que empezamos el pasado año litúrgico hasta hoy. Con el corazón en la mano preguntémonos: ¿en que hemos crecido en la fe? ¿cómo está mi vida sacramental? ¿cómo es mi oración? ¿qué tal me va en el trato íntimo con la Eucaristía? ¿y con la Virgen y los santos? sinceramente ¿te dice algo que empecemos un nuevo año litúrgico?

Es hora renovarnos y emprender el celo apostólico de nuestra fe, al igual que lo hizo San Francisco Javier, quien dejó su vida entera en las misiones del lejano oriente; pues constantemente él se exigía en la labor de la caridad, mediante la revisión de su vida espiritual. Así mismo las palabras de Jesús hoy nos invitan a estar atentos, dóciles y sensibles en la perfección cristiana, no quites aun la mano de tu corazón y pregúntate nuevamente: ¿Tengo serios propósitos de continuar mi vida cristiana sobre un camino espiritual con coherencia? ¿no te aburres de confesarte siempre de lo mismo, y por eso ni te confiesas? ¿no crees que es hora de dejar de ir a misa por ir, o de afirmar que asistes cuando no lo haces por no quedar mal con nadie? Basta ya de se un católico light, tómate este nuevo año litúrgico en serio.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador! 

«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí» Jn 6,51-58.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El amor de Dios es tan grande que no solo se ha manifestado dándonos la vida sino enviándonos a su Hijo para salvarnos, quien luego nos envió el Espíritu Santo. Pero el motivo de esta acción gratuita y desinteresada de la Trinidad, solo se puede entender desde el amor ¿de que otra manera se puede explicar? Este es el amor que genera vida, nos alimenta y baña con la sangre de Jesús. Esto es tan real que se hace un misterio lejos de nuestra razón al que le respondemos no por obligación, sino por justicia, por amor. ¡Esta es la fiesta que celebramos hoy, esta es la solemnidad que como Iglesia católica vivimos, el Corpus Christi!

Pero de igual forma hoy en Colombia y en muchas partes del mundo se celebra el día del padre. Más allá del ámbito comercial que pueda generar esta fecha, vinculémosla a nuestras vidas y como familia participemos de la Eucaristía dando gracias por el sentido de paternidad que Dios ha extendido sobre nuestros papás, haciéndolos procreadores de la vida humana, ya que los hijos no son un derecho de los esposos, son un don porque son sujetos y no objetos.

Celebrar el día del padre, es celebrar que el Cuerpo y la Sangre de Cristo direccionan la vida de aquellos hombres que a los otros que con una voz tierna y desde temprana edad aprendieron a decirles papá. Por ello la educación en la fe debe ser en sacrificio y compromiso, de lo contrario ¿cómo vamos a enseñarles a nuestros hijos que el amor de Dios ha dado la vida por nosotros y su cuerpo nos alimenta? ¿cómo hablar de Jesús a nuestros hijos para enseñarles que él es la vida eterna y que nos resucitará el ultimo día?

¡Basta ya de ir a misa por protocolo y por aliviar una falsa conciencia! Necesitamos papás capaces de guiar a sus hijos en la fe, que participen de la Eucaristía no como un espectáculo que los divierta sino como un momento de oración y de intimidad con el amor nos ha hecho vida y se ha quedado con nosotros.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios». Jn 3,16-18

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

El misterio de Dios que hoy celebramos es una solemnidad que sobrepasa nuestro entendimiento. Celebrar a Dios trino, es la historia de amor de cada uno de nosotros en el encuentro con el creador, pues «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[1].

Este es un buen día para preguntarnos ¿en que Dios creo? ¿cualquier Dios me sirve según mi modo de vida? ¿Dios es realmente importante para mí o me es indiferente? Si somos tan creyentes como lo vivimos alegrémonos, estamos construyendo un camino de fidelidad y ello es un fruto del Espíritu Santo, que nos permite amarnos con el amor que se vive al interior de la trinidad, de esta forma solo la fe y la esperanza nos garantizan que querer ser como Jesucristo, es el camino para llegar al amor puro, al Creador.

La celebración de hoy no se puede ser manchada por aquellos que pretenden comparar el amor de Dios que se vive en la trinidad, con los que defienden el la unión entre parejas del mismo sexo, que justificando la adopción de niños se afirman como una nueva forma de familia. El amor no puede ser prostituido como la medida que todo lo posibilita sin sentirnos juzgados; es preciso entender que el amor es el fin pero se necesita de la justicia como medio para poder actuar eficaz y justamente. «Puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un mandamiento, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro»[2]. El amor divino en la verdad sobre el bien.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

[1] S.S. Benedicto XVI, Deus caritas est. Carta encíclica sobre el amor cristiano, nº 1.

[2] Idem.

El Domingo: La Gracia de tu Espíritu

Domingo, 04 Junio 2017 00:00

«Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo (…) Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos» Jn 20,19-23

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Que bueno es celebrar Pentecostés en medio de nuestra realidad cotidiana como católicos. Ello es una catequesis de vida para un mundo que no cree en Dios, que atenta contra la ley natural, que quiere imponer una moral nueva como medida de las cosas y aborrece la religión como compromiso de sacrificio.

Solo es Espíritu Santo nos permite ver que estamos en el camino de Dios, porque el amor y la alegría están presentes en nuestra vida de forma natural. Solo es posible permanecer el Dios con los Dones y la Gracia de su Espíritu que nos permiten ser fielesmodestos como personas que buscamos la perfección del bien para hacernos benignos con los que sufren y para vivir la divinidad trinitaria, gracias a la paciencia y generosidad. Nada nos puede quitar la paz, por eso ella es imposible de negociarla, ya que solo proviene del creador, por ello nuestras familias y comunidades de fe, deben ser agradecidas con Dios por permitirnos llegar a ser mansos, castos y continentes, es decir que no solo por el esfuerzo humano hemos querido ordenar nuestra vida, sino que el mismo Dios ha salido a nuestro encuentro para perfeccionar ese orden.

¿En nuestra oración diaria pedimos a Dios que nos regale los Dones del Espíritu Santo? ¿Qué tal sí pedimos en nuestra oración que nos deje ver los frutos del Espíritu Santo en nuestras acciones diarias para comprender que es una obra de Dios? ¿Qué nos falta para hacernos concientes que la vivencia de los Dones del Espíritu es una realidad humana y divina? ¿Para que queremos ser católicos entonces si no nos comprometemos cabalmente con todo lo que la fe nos exige?

Alegrémonos, hoy es Pentecostés y los frutos del Espíritu Santo (Ga 5,22-23) solo son una muestra pequeña de la realidad divina, que no se consigue por azar sino por convicción de fe ordenando todos nuestros actos a quien nos amó primero. Señor te rebajaste a nuestra condición para hacernos semejantes al Padre; ya no solo nos basta esta dicha, sino que nos enviaste al Espíritu Santo para que podamos vivir en ti por la Gracia de tu Espíritu.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» Mt 28,16-20.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Jesucristo como autoridad divina nos dice como buscar el bien plenamente, ya que él es el rostro y la voz del Padre. Por ello mismo nos envía a una misión que ningún creyente puede eludir: celebrar los misterios de la fe (los sacramentos), enseñar su doctrina a los demás (catequesis de fe) y seguirlo como fuente de vida. Esta es la misión del Hijo de Dios de la cual nos hacemos partícipes ¿cómo va tu labor de misionero? ¿estas cansado y quieres renovar fuerzas? ¿cómo ayudas a otros cristianos a que tengan esa misma conciencia de evangelizar como misión?

El seguimiento de Jesús, Sequela Christi, debe ser imitación y deseo de ser como él. Cristo no es una ideología, su promesa es un hecho real que garantiza una esperanza cierta hasta que nos encontremos con él nuevamente, donde ya no necesitaremos de la Fe, ni de la Esperanza porque viviremos del Amor, en el amor y por amor; ya que de él hemos venido y al él hemos de volver. He aquí la importancia de la vivencia de los sacramentos como fundamento trinitario dentro de la Iglesia. y por la misma razón la educación en la doctrina de la verdad y la vivencia moral no puede ser una imposición, sino una invitación a permanecer redescubrir la Alianza del amor que por misericordia divina no se romperá jamás. Señor, quiero ser tu misionero, por favor guíame con la gracia del Espíritu Santo.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

Gracias mamá, 100 años del 13 de mayo

Sábado, 13 Mayo 2017 00:00

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» Lc 1,26-28

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Hoy se cumplen cien años de la aparición de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Este centenario debe ser una alegría para nosotros como creyentes, pues que la madre de Dios se presente en medio del mundo con mensajes que alientan nuestra fe, es ya una certeza de la vida eterna como bienaventuranza divina, como alegría en Dios, gozo verdadero.

  • Gracias mamá, por llevarnos a tu Hijo.
  • Gracias mamá, por garantizarnos la alegría del cielo.
  • Gracias mamá, por ayudarnos a perfeccionarnos en el bien y la verdad.

Que en este centenario mariano de Cova da Iria, no solo cantemos ¡Ave, Ave, Ave María!, sino que recemos el rosario para agradecer de corazón a Dios por todas las bendiciones que de él recibimos. Pidámosle a mamá María que de hoy en adelante se haga a nuestro lado para que nos enseñe a rezar los misterios de la salvación ofrecidos a su Hijo; y a Lucia, Jacinta y Francisco, que desde el cielo gozan ya de su presencia, que intercedan por nosotros para que aprendamos la dura, pero gratificante tarea de ser pastores del pueblo de Dios, llevando el mensaje del Reino de los Cielos a quienes no creen en Dios, o simplemente les da lo mismo que exista o no, creer o no creer les da igual, ya que en su modo de vida Dios es indiferente.

Gracias mamá, gracias por acordarte de nosotros tus hijos, pues no solo buscas el bien sino la perfección del mismo en cada cosa que hacemos. ¡Gracias mamá, 100 años del 13 de mayo!

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Lc 24,13-35.

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

La lucha contra la corrupción se ha convertido en un desgaste y en una postura risible, ya que es vista como una pérdida de tiempo hablar de valores, virtudes y de ética, ante quien tiene el poder y hace lo que quiere. Esto lo vemos como una labor fantasiosa, parece un cuento de niños soñando a ser súper héroes que pueden cambiar al mundo; pero ¿a caso no es esta nuestra tarea como católicos? Jesús no es nuestro héroe, pero sí nuestro motivo de vida para que el mundo crea ¿dónde está el amor y la justicia? ¿por qué no nos duele Venezuela si allí Dios nos necesita? No podemos cambiar el mundo por nuestro gusto pero, sí con la oración y la convicción de la fe, la justicia y el amor.

Señor, te reconocimos al partir el pan, pues necesitamos de ti para que nos enseñes más de tu amor y podamos vernos a nosotros mismos frente al pueblo venezolano, como los discípulos de Emaús contigo, que aunque críticos durante el camino sólo se sintieron parte del tema cuando vieron su vida comprometida ante tu presencia. Necesitamos de ti Dios, «el Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar»[1]. Urgentemente debemos presentarle al mundo la carencia del amor y de la justicia en Venezuela. ¡Señor, haz que sea posible amarte medio de la injusticia! ¿cómo debemos leer este momento crucial de la historia? la caridad necesita de la justicia, para que sea eficaz la razón, que le señala la verdad sobre el bien. Y a su vez, la justicia necesita de la caridad, porque la motivación propia de nuestras acciones es el bien de nosotros como personas hacia otras persona.

Hoy no se vale soñar, se vale ser creyente fiel y no mediocre; sé que esto suena duro, pero no somos cristianos por gusto, sino porque nuestra vida da razón de ello; pues ha llegado el momento de tomarnos en serio la oración por el pueblo venezolano. Es preciso que reconozcamos nuestra falta de oración y de sensibilidad ante quien nos necesita. Sin fe, esperanza y amor, no puede existir la justicia como virtud ¿qué puedo hacer por ti Venezuela?

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!


[1] S.S. Benedicto XVI, Deus caritas est. Carta encíclica sobre el amor cristiano, Roma, junto a San Pedro, Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2005, AAS 98 [2006: 3], Nº 28 a.

«El había de resucitar de entre los muertos» Jn 20, 1-9

Por: Fray Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Ya en el ocaso del gran Domingo de Resurrección es bueno preguntarse ¿tiene valor saludar y desearle a los demás el decirles: felices pascuas? ¿lo hacemos por protocolo religioso? ¿tal vez quedemos mal si no lo hacemos? ¿nos da la misma si lo hacemos o no? ¿será que no nos caerá la mala suerte si no lo hacemos?

Tu bien sabes que no hay resurrección sin muerte, ¿dónde estuviste en semana santa? ¿la viviste? ¿puedes dar razón de lo que celebraste o sabes más de los sitios que visitaste para recrearte ya que andas tan ocupado que no podías desaprovechar unos días de descanso, y tal vez con tu familia?

Mis queridos hermanos, si en verdad nuestro ambiente esta rodeado de personas que ni les va, ni les viene el sentido de la pascua, no dejemos de saludarlos con el orgullo del resucitado, porque debemos ser motivo de la Buena Nueva como mensajeros de Dios para que ellos crean y tengan a Cristo resucitado como centro de su vida. ¡Animémonos! celebremos la Pascua como el momento más bello que nos recuerda que algún día retornaremos a la casa del Padre y solo resucitaremos en Cristo.

Felices pascuas para ti que crees en Dios; porque te da sentido de real de vida, lo testimonias con orgullo y lo vives en la Eucaristía. Felices pascuas para ti que no crees en Dios; y desde mi convicción religiosa permíteme orar por ti para que encuentres la verdad. Felices pascuas para ti que dices ser católico pero tu vida no celebra los misterios litúrgicos; permíteme seguir orando por ti para que seas dócil a la voz de Dios que te llama para que tengas un encuentro personal con él por medio de su Hijo, ojalá que la vida en las situaciones límite no te haga acordarte de Dios, pero si llegara ser así, cuenta conmigo, cuenta con mi oración, tal vez Dios se vale de ello para decirte Felices Pascuas, porque haz vuelto a la vida.

¡Que todo lo que hagamos sea siempre para Gloria de Dios Padre creador, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador!